1591 Cultura + Espectáculos

Anahí Carrizo: “Siempre que tenga presente a mi familia, ese va a ser mi hogar”

La historia de Anahí Carrizo parece escrita desde el movimiento. Como si desde muy pequeña hubiese existido en ella una necesidad silenciosa de ir siempre un poco más allá: primero el patín artístico, después la gimnasia, más tarde la danza clásica y, con el tiempo, todos los ritmos posibles. Pero detrás de ese recorrido que hoy la encuentra viviendo junto a su pareja en Turquía, trabajando como bailarina profesional en hoteles internacionales sobre la costa del Mediterráneo, existe también otra historia: la de una niña riojana que creció entre ensayos, uniformes escolares, peinados para escenario y viajes cotidianos desde el colegio hacia coro o la academia. Una vida atravesada por el arte mucho antes de que pudiera comprender que aquello, algún día, terminaría convirtiéndose en su destino.
Anahí habla con 1591 Cultura+Espectáculos desde Antalya, en Turquía, pero mientras recuerda su historia vuelve una y otra vez a La Rioja. A los profesores que la formaron, a los escenarios locales donde aprendió a bailar “dándolo todo”, a las enseñanzas humanas que aún hoy lleva consigo cuando pisa cualquier escenario del mundo. En su relato no hay épica artificial ni discursos grandilocuentes. Hay, en cambio, algo mucho más poderoso: la honestidad y humildad de quien reconoce que el sueño nunca fue fácil. Porque antes de Marruecos, Egipto o Turquía hubo castings “a lo loco”, años de espera, frustraciones silenciosas, trabajos en boliches, fiestas de quince y eventos donde descubrió que su pasión por el baile podía convertirse, además, en una elección de vida.
Pero también hubo dudas. Muchas. Cuando se fue a Córdoba a estudiar el profesorado de danza, a los 19 años, creyó que quizás el único futuro posible era la docencia. En aquel momento, el horizonte profesional para la bailarina riojana parecía estrecho, casi inexistente. Ella misma lo dice con crudeza: “sentía que en Argentina las posibilidades eran muy limitadas”. Sin embargo, mientras estudiaba, empezó a escuchar hablar de castings para cruceros, contratos en el exterior, compañías internacionales. Y algo se encendió. No fue una decisión impulsiva ni romántica; fue un deseo que se fue construyendo lentamente, casi con terquedad, mientras preparaba portfolios, grababa videos, armaba currículums y enviaba correos esperando que alguna puerta finalmente se abriera. Y la puerta terminó abriéndose en Marruecos. Y allí empezó otra historia.

El primer gran salto no fue artístico, sino humano. El idioma, las costumbres, la convivencia con desconocidos, los códigos culturales completamente distintos. De golpe, aquella chica formada en La Rioja y Córdoba estaba atravesando ciudades musulmanas donde debía adaptar su manera de vestir para no recibir miradas de desaprobación en la calle, aunque por las noches bailara samba brasileña frente a turistas europeos. La contradicción la obligó a aprender algo que atraviesa toda su experiencia: el equilibrio entre la identidad propia y el respeto por las culturas ajenas. Y aun así, nunca dejó de sentirse profundamente riojana.Quizás porque -como ella misma define- hay algo en la identidad riojana que tiene que ver con entregarse por completo, sin importar el tamaño del escenario ni cuánto haya detrás del contrato. “Sea por el sandwich y la Coca”, dice entre risas en un momento de la charla.
Y en esa frase aparentemente simple aparece condensada toda una filosofía. Anahí aprendió a bailar en espacios donde el esfuerzo valía tanto o más que el reconocimiento, y esa marca todavía permanece intacta en su forma de habitar la escena.Viajar también transformó su danza. En Egipto descubrió el Bollywood como parte de espectáculos diarios; aprendió danzas rusas, Irish tap, ritmos egipcios y técnicas que jamás imaginó practicar. Su cuerpo empezó a conocer dolores nuevos, músculos nuevos, movimientos desconocidos. Pero más importante aún: comenzó a comprender que bailar podía ser un idioma universal. Que detrás de cada estilo existía una cultura distinta y una forma diferente de mirar el mundo.
Sin embargo, el mayor aprendizaje no estuvo en los escenarios, sino fuera de ellos.Porque emigrar también implicó aprender a vivir con poco, desprenderse de lo material, entender que una vida entera debía entrar en una valija y una mochila. Implicó ahorrar por primera vez, soltar objetos, dejar cosas atrás en cada contrato y aceptar que el movimiento permanente tiene siempre algo de pérdida. Implicó también convivir con la soledad. En su primer contrato, cuenta, escribir fue una forma de supervivencia emocional: llenar cuadernos con pensamientos, angustias y miedos para soportar la distancia y construir una especie de refugio íntimo lejos de casa. Y aun en medio de todo eso, la danza siguió funcionando como una salvación.Anahí habla del escenario como una especie de anestesia emocional. Dice que incluso estando triste, enferma o atravesada por la ansiedad, hay algo que sucede cuando empieza el show: durante esos minutos el dolor desaparece. El cuerpo entra en otro estado. Después, claro, la realidad vuelve. Pero durante ese instante existe solamente el movimiento. Y quizás allí aparezca una de las definiciones más profundas de toda la entrevista: “La danza es mi vida”, dice. No como una frase hecha, sino como una verdad absoluta. Porque toda su historia -desde la infancia hasta hoy- estuvo diseñada en torno a bailar.

DESDE EL OTRO LADO DEL MUNDO
“Acá es la 1 de la madrugada, estoy en Turquía, Antalya, en el lado del mar Mediterráneo”, cuenta a 1591 Cultura+Espectáculos Anahí Ludmila Carrizo Arias, que es así como se presenta. Esa primera frase, inaugura el diálogo con una mujer que vive de cumplir sus sueños ligados a la danza, pero que no deja de tener los pies sobre la tierra, como una muestra clara del crecimiento y la madurez adquirida al fragor de los viajes y la pasión por lo que le gusta desde pequeña.
¿Y CÓMO FUE QUE LLEGASTE HASTA AHÍ?
Hice un casting. Yo estaba en Egipto, con un contrato. Hice seis meses con el contrato de invierno. Nos pidieron que renovemos junto con mi pareja y de un día para otro nos dijeron: ‘Chicos, van a trabajar hasta el 7 de abril, van a cambiar la compañía’, y tuvimos que buscar trabajo. Y justo se nos dio este contrato en Turquía. Nos fuimos al Cairo a hacer la visa de trabajo y ya vinimos para acá.
¿CÓMO APARECIÓ ESTA RELACIÓN TUYA CON LA DANZA? ¿CÓMO LO RECORDÁS?
Desde los 6, 7 años mi mamá me mandó a danza. Recuerdo que antes hacía patín artístico, y andaba con los carritos esos que se ponen sobre la zapatilla y me agregaron al grupo de las chicas grandes y nos pedían las botas más profesionales, y no había presupuesto. Creo que de ahí mi mamá me mandó a gimnasia artística y después a danza. Fue como para hacer actividades artísticas.
¿Y QUÉ TE ATRAJO DE LA DANZA? ¿QUÉ ENCONTRASTE AHÍ?
Era divertido; no sé, era una actividad más. Para mí en ese momento, siendo chica, era hacer algo extra, porque además de danza hacía coro. O sea, era mantenerme ocupada fuera de casa. De la escuela iba a coro y de coro iba a danza y ahí terminaba un ciclo; así todos los días. Siempre quise absorber más; empecé con danza clásica, y de ahí conocí la danza contemporánea, y después empecé a crecer y empecé a conocer otros ritmos, y es como que siempre había algo nuevo para aprender, y yo quería aprender.
¿EN QUÉ MOMENTO TE DISTE CUENTA QUE LA DANZA PODÍA CONVERTIRSE EN UN PROYECTO DE VIDA PARA VOS?
No sé si me di cuenta, porque pensaba que no había trabajo con la danza. Cuando terminé la escuela le dije a mi mamá: ‘Mami, quiero seguir con la danza’, pero la única opción que yo veía en ese momento era el Profesorado, como para estudiar una carrera, porque mi mamá quería que estudiara una carrera. Y yo también quería. Ahí fue cuando viajé a Córdoba. Sin embargo, veía que tanto en la Rioja como en Córdoba, las posibilidades de trabajar como bailarina eran muy limitadas. Ya para el teatro San Martín, en Córdoba, no tenía edad, porque ya había cumplido los 19 y estaba afuera, entonces dije: ‘Ok, será por el lado de la enseñanza’. Mi primer viaje bailando fue en 2018, que fui a Chile a un encuentro internacional de folklore, que no fue pago, pero sí me cubrían el hospedaje, la comida... Y ahí dije: ‘Ok, esto me gusta’. En Córdoba empecé a ver a mis compañeros que hacían castings, pero todo era para afuera. Veía muy difícil bailar, porque era entrar a la compañía de folklore, ya sea en La Rioja o en Córdoba, y no había otras opciones. Entonces me conformé con la docencia y algún que otro trabajo en boliches. Recuerdo que mi primer trabajo en La Rioja fue en un boliche, luego en eventos, 15 años. Ahí fue justamente que dije: ‘Estoy ganando plata bailando, esto me gusta’. Pero era difícil, porque veía que no había muchas opciones. Siempre tenía que complementar el baile con la docencia o con clases particulares. Creo que hasta el día de hoy es difícil en La Rioja.
NO OBSTANTE, IMAGINO QUE HABRÁS TOMADO O TE HABRÁN QUEDADO CIERTOS APRENDIZAJES DE TU TRAYECTORIA EN LA RIOJA Y TAMBIÉN EN CÓRDOBA. ¿QUÉ APRENDIZAJES TE DEJÓ ESTA FORMACIÓN? ¿QUÉ TE QUEDÓ DE LA RIOJA? ¿QUÉ TE QUEDÓ DEL PASO POR CÓRDOBA?
Siento que todo lo que soy ahora me lo dio mi formación en la Rioja y en Córdoba, que me enseñó a ser docente. La Rioja me formó desde pequeña; siento que en la Rioja formé mis bases para hoy estar donde estoy. Mis profesores me dieron todo. Subí a un escenario gracias a ellos, aprendí a peinarme, a maquillarme; me enseñaron a ser bailarina y también a ser humilde. En el escenario uno tiene que ser el mejor, creerse el mejor para eso transmitirlo, venderse, pero cuando uno se baja del escenario hay que volver a las raíces, al compañerismo, ver si tu compañero necesita algo. Si yo estoy bien, ver si el resto está bien. A esos valores siento que los adquirí con mi núcleo fuerte en La Rioja y también en Córdoba.
¿HAY ALGO DE NUESTRA IDENTIDAD RIOJANA QUE SIGA APARECIENDO HOY EN TU MANERA DE BAILAR?
Hay algo que sucede, creo, y es que una no deja de darlo todo hasta el final. Pase lo que pase, sea donde sea. Ya sea bailar en la calle, en un escenario supergrande, en un escenario superpequeño. Siento que el riojano, siempre que tenga la oportunidad, lo va a dar todo. Aunque sea para el sándwich y la coca. Siento que los riojanos son de dar mucho. Yo en la escena lo doy todo; por mí y por todos.

ABRIR EL MUNDO
Lo que comenzó como una experiencia casi intuitiva terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Antes de los contratos internacionales, los escenarios en Medio Oriente o los castings para cruceros, hubo viajes hechos “a pulmón”, búsquedas personales y una sensación cada vez más fuerte de que el mundo podía abrirse a través de la danza. En este tramo de la entrevista, Anahí Carrizo reconstruye el momento en que decidió ir detrás de esa posibilidad, habla del choque cultural que significó vivir en países tan distintos a la Argentina y de cómo cada viaje terminó transformando no sólo su vida, sino también su manera de bailar.
ES MUY LLAMATIVO ESTO DE ESTAR DE PRONTO GIRANDO POR TANTOS LUGARES DIFERENTES, ¿CÓMO NACIÓ ESTA DECISIÓN DE IRTE AL EXTERIOR? ¿FUE ALGO PLANIFICADO O FUE ALGO QUE SE PARECIÓ MUCHO MÁS A UN SALTO AL VACÍO?
Un poco y un poco. Mis primeros viajes fueron a México y no fue un trabajo, no recibí dinero. Nosotros nos pagábamos el vuelo o el transporte hasta el lugar, y nos costeaban comida, hospedaje. Pero ahí fue la pica de: ‘Ok, me gusta viajar y bailar’. Fue la primera experiencia de bailar en este escenario, bailar en esta ciudad, y era todos los días bailar en distintos lugares para gente que no me conocía y que llegaban solamente para ver el show, porque había publicidad y querían ver porque era Argentina. Ya en Córdoba había empezado a ver que mis compañeros, mis compañeras empezaban a hablar de trabajo en el exterior, en cruceros, de que existía esa posibilidad. En ese momento, cuando estaba estudiando, el foco estaba puesto en el Profesorado, en tener mis manguitos y seguir formándome, pero yo quería bailar, y el Profesorado me enseñaba a dar clases en las escuelas. Fue un choque para mí muy fuerte, porque yo dije: ‘No sé si estoy lista para darle clases a un niño y pensar en toda mi vida estar dando clases’. Había un dilema ahí con mi mamá, porque hubo un momento en el que no quería seguir con el Profesorado y mi mamá insistió en que siguiera. Le agradezco que me haya insistido con terminar la carrera porque hoy no estoy dando clases, pero me sirve todo lo que he hecho y aprendido. Pero lo cierto es que veía a todos mis compañeros, colegas, que iban a castings en Buenos Aires para cruceros, y me empecé a rodear de gente que estaba en esa movida y dije: ‘Yo quiero’. Entonces ahí empecé a averiguar cómo era, qué tenía que hacer para llegar a esos lugares. Tenía que tener un portfolio, un video, fotos profesionales...
AL MARGEN DE TODAS ESAS CUESTIONES MÁS TÉCNICAS COMO PARA EMPEZAR A ARMAR ALGO ¿QUÉ FUE LO MÁS DIFÍCIL? ¿QUÉ TE PASABA CON EL TENER QUE DEJAR ATRÁS TANTAS COSAS? ¿CÓMO FUE ESE PRIMER VIAJE? ¿CUÁLES ERAN LAS EXPECTATIVAS DE SALIR DE DEL PAÍS?
No sé si fue difícil, porque era algo que venía anhelando hacía mucho. Fueron más o menos dos años en los que estuve haciendo castings. Por otra parte, y al estar viviendo en Córdoba, mi familia ya estaba un poco acostumbrada a no verme. Y si no era Córdoba, era Buenos Aires, entonces ellos ya sabían que en algún momento iba a volar. ¿A dónde?...no sé. Pero sí es cierto que fue fuerte el choque cultural, porque no estaba lista a nivel de lenguaje, pero sucedió todo lo que busqué y me tomé cuatro aviones, creo, o cinco, para llegar a Marruecos, donde fue mi primer contrato. Encontrarme con gente que no conocía, vivir con una persona que no conocía, porque casi siempre uno comparte habitación, ya sea con una chica o si tenés pareja, aunque no siempre te dejan, porque si no estás casado, tampoco se puede.
JUSTAMENTE ESO TE IBA A PREGUNTAR, ¿CÓMO FUE ESO DE ENCONTRARTE CON OTROS MUNDOS Y OTRAS CULTURAS DESDE TU DANZA, DESDE TU NECESIDAD DE BAILAR?
Es fuerte. No sé si en tanto en la danza, porque en mi primer contrato me tocó bailar de todo un poco, más latino, y diría con poca ropa... Pero al andar en la calle, veías el choque cultural. Un país musulmán, que si andabas de short, tal vez te miraban feo o no te subían al taxi. Entonces, uno en el cotidiano tiene que ir cambiando su modo de vestir, de comunicarse, por respeto al lugar donde estás. No obstante, uno está también en lugares turísticos, y no es tan estricto. Pero si no te querés llevar malas miradas... Uno trata de respetar las culturas y las religiones del lugar donde vive.
¿QUÉ CIUDADES O ESCENARIOS TE MARCARON MÁS HASTA AHORA, EN ESTE RECORRIDO QUE VENÍS HACIENDO?
Culturalmente hablando Egipto, una ciudad super turística, donde la gente está acostumbrada a los turistas. En cambio en el Cairo, un día que estaba con calor y me saqué el buzo, más que nada las mujeres que me miraban así como diciendo ‘qué haces loca’. Eso fue un poco fuerte. Y ya en cuanto a escenarios no tanto, porque uno le baila al turista, más que casi siempre son europeos o de este lado del mundo, que están acostumbrados, y esperan ver un espectáculo de cabaret, por ejemplo.
¿ESTO DE VIAJAR TRANSFORMÓ DE ALGUNA FORMA TU MANERA DE BAILAR?
Sí, muchísimo. Aprendí un montón de estilos que no conocía, como la samba de Brasil. Sentía dolores en mi panza y decía: ‘¿Qué es este dolor?’, no era normal. Nunca pensé que iba a bailar danzas egipcias, o el Bollywood. Nunca pensé que iba a bailar Bollywood en escena, o baile ruso. Después metí también el tango. Aprendí un montón de danzas del mundo que en mi vida había visto, y creo que si no viajaba tampoco las iba a conocer.

EL CENTRO DE SU VIDA
Detrás de los escenarios, los viajes y las luces del espectáculo, también existe una experiencia mucho más silenciosa y profunda: la de aprender a vivir lejos de casa. En base al camino recorrido, Anahí Carrizo se detiene en aquello que no siempre se ve cuando se habla de una carrera artística en el exterior: la soledad, la necesidad de sostenerse emocionalmente, el desapego material y la disciplina cotidiana que exige vivir de la danza. Pero también habla de aquello que nunca perdió en el camino: la felicidad de bailar y la certeza de que, aun después de tantos países y escenarios recorridos, el movimiento sigue siendo el centro de su vida.
¿CÓMO SE SOSTIENE DESDE LO EMOCIONAL UNA VIDA TAN ATRAVESADA POR EL MOVIMIENTO, POR LA DISTANCIA Y POR ESTOS APRENDIZAJES QUE NOS VAS CONTANDO?
Por un lado teniendo los pies en la tierra. Tengo un cuaderno, como una bitácora de vida. A veces cuando uno está solo y no tiene con quién hablar, en un mundo nuevo... A mí me salvó estar en comunicación con mi familia. No es que todos los días hablo con mi madre, no, nunca tuvimos una relación así, pero estamos pendientes. Si pasa algo yo sé que le voy a responder y viceversa. Contarles, ser honesta de lo que vivía y a veces escribir a mí me servía. Mi primer contrato fue bastante duro. Entonces, las veces que me sentía mal o lloraba, era escribir todo lo que estaba sintiendo en ese momento. Me sirvió muchísimo, porque hasta que no hice vínculos fuertes con las personas, no me nacía hablarlo con alguien que no conozco. Hay cosas que uno no puede expresar, entonces a mí me sirvió mucho escribir lo que me sucedía y hablar con la familia, estar siempre en contacto con la familia, los amigos.
¿QUÉ APRENDISTE DE VOS ESTANDO LEJOS? ¿QUÉ DESCUBRISTE DE VOS QUE NO CONOCÍAS?
Aprendí a soltar las cosas materiales. Eso me costó muchísimo, porque uno tiene que viajar con una valija y una mochila. Y con eso te tenés que mover. Y uno al ganar más de lo que ganaba en Argentina, empieza a comprar cositas. Entonces después te toca viajar y tenés que soltar todo lo que te compraste, porque no te podés llevar todo. Entonces aprendí a vivir con poco; empezás a no gastar. También aprendí a ahorrar; no ahorraba en la Argentina porque no podía, nunca me sobraba nada. Pero tampoco sabía cómo hacerlo hasta que llegó esto y fue como: ‘Ok, ahora tengo la posibilidad de ahorrar’. Entonces fue aprender a guardar cosas, a guardar el dinero.
EN ESE SENTIDO, ¿PODRÍAS DECIR QUE LA DANZA TE DIO MÁS LIBERTAD, TE DIO MÁS DISCIPLINA, O AMBAS?
Las dos cosas. Porque disciplina te da la danza desde cero. Desde el día uno en que uno empieza a bailar, la disciplina siempre está. Imagínate con la danza clásica, que es una danza que tenés que aprender, sí o sin está la disciplina. Y yo creo que si querés vivir de esto, sí o sí, la disciplina tiene que estar antes, mucho antes. Pero sí, me dio disciplina en cuanto a mis cosas, tener todo preparado; no te podés olvidar el vestuario, no podés romper el vestuario, tenés que tener cuidado de las cosas que son ajenas, porque acá te dan los vestuarios y los tenés que devolver.
¿QUÉ SIGNIFICA HOY PARA VOS BAILAR, DESPUÉS DE ESTE RECORRIDO QUE HICISTE Y QUE SEGUÍS HACIENDO?
A mí bailar me da vida. Me hace feliz. Uno al trabajar de la danza trabaja enojado, trabaja triste, trabaja con ansiedad, trabaja incluso enfermo, y me ha pasado de estar en todos esos estados y pisar el escenario, concentrarme en lo que tengo que hacer, y que por esos momentos, esa hora, esos 40 minutos, o lo que dure el show, todo se fue. Se fue el dolor, se fue la ansiedad, se fue el malestar. Obvio que después uno vuelve a casa y continúa con sus cosas, pero la danza, cuando estoy en escena, es como una anestesia de lo que uno está viviendo. Y cuando uno está feliz lo disfruta aún más plenamente. Sentir eso trabajando es descubrir lo fuerte que es la escena, la danza, el movimiento, todo lo que me genera. La danza es mi vida, y toda mi vida se movió en base a la danza. Cuando era niña era un juego, y ya cuando empecé a crecer era algo que quería hacer y se fue transformando en lo que es hoy.
¿QUÉ SUEÑOS TE QUEDAN PENDIENTES?
Ahora quiero poder trabajar en un crucero. Estoy haciendo acrobacias aéreas, así que me gustaría quizás soltar un poquito la danza y empezar a trabajar también como acróbata.

EN EL ORIGEN
Después de hablar sobre escenarios internacionales, viajes y experiencias alrededor del mundo, la conversación inevitablemente vuelve al lugar de origen. Y allí aparece quizás la parte más íntima y sensible del relato de Anahí Carrizo: la relación con La Rioja, con la familia y con la idea del hogar. En este tramo final de la entrevista, la bailarina habla del desarraigo, de la posibilidad -todavía incierta- de regresar algún día y de las emociones que siguen acompañándola aun a miles de kilómetros de distancia. También deja una reflexión sobre la paciencia, los sueños y el crecimiento personal, mientras imagina su propia historia como una escena atravesada por todos los ritmos que marcaron su vida.
DESPUÉS DE HABER RECORRIDO TANTOS LUGARES, TANTOS ESCENARIOS QUE, IMAGINO, ALGUNOS CAPAZ QUE NI SIQUIERA LOS HABÍAS PENSADO, ¿EXISTE EN TU MENTE LA POSIBILIDAD DE VOLVER A LA RIOJA?
Sí, inclusive ahora me gustaría volver porque extraño; un montón extraño. Pesa mucho la familia. Mueve y mueve mucho estar lejos. Sí, me gustaría volver, pero quiero volver para irme de nuevo. Me gustaría tener un lugar donde volver, poder comprarme una casa y tener mi espacio y decir: ‘Bueno, vuelvo, estoy un tiempo y me y vuelvo a ir’. Pero de volver a quedarme, no sé. Y no lo sé porque siento que es un gran dilema que tengo que solucionar todavía, porque no sé qué haría, tendRía que buscar un oficio, ponerme una academia, no lo tengo muy claro.
¿QUÉ LE DIRÍAS A UNA NIÑA COMO LA QUE ALGUNA VEZ FUISTE Y QUE ESTÁ EMPEZANDO CON LA DANZA Y SUEÑA CON DEDICARSE A ESO? ¿QUÉ, DESDE TU LUGAR Y TU EXPERIENCIA DE VIDA, LE DIRÍAS A ESA NIÑA, Y QUÉ LE DIRÍAS A TU NIÑA, A ESA NIÑA QUE EMPEZÓ HACE TIEMPO Y QUE HOY ESTÁ VIVIENDO UN SUEÑO?
Que entrene. Por un lado eso; siento que ahora de grande me di cuenta de que si una quiere ser bailarina profesional tiene que llevar a la par un cuidado de su cuerpo, porque tu cuerpo es tu instrumento de trabajo y si no lo cuidás, si te lesionás tan chiquita, no vas a poder. Y tenerte paciencia. Mucha paciencia. Eso me diría a mí y se lo diría a toda niña: disfrutá. A veces cuando uno es niño se pelea con la compañerita, todos queremos estar adelante y no te pusieron adelante, por alguna razón, porque hay que rotar. No te frustres, ya te va a tocar. Disfrutá, a todas se nos va a dar. Eso es algo que tal vez me lo dijeron, pero no presté atención. De todos los ángulos se ve a los bailarines, estés atrás, estés adelante. Paciencia, porque creo que si uno lo desea va a llegar. A mí me costó mucho entender eso. Veía a todos mis compañeros, mis compañeras que iban a un casting y quedaban, y se iba una amiga, y se iba la otra, y se iba la otra. Y yo decía: ‘¿Cuándo me va a tocar a mí?’ Después entendí que necesitaba vivir otras experiencias para estar más ducha en ciertas cuestiones, para poder enfrentarme a que aquí en el exterior no te pasen por encima, a poner límites.
SI TU HISTORIA PUDIERA CONTARSE EN UNA ESCENA DE BAILE, ¿CUÁL SERÍA?
Habría muchos ritmos. Pondría una niña, una adolescente y una adulta bailando diferentes estilos y después, al final, bailar todas juntas, no sé. Pero si muchos estilos, todos los que te imagines: contemporáneo, latino, reggaeton, hip hop, ruso, Bollywood, egipcio, todo. Creo que eso simboliza mi crecimiento de alguna manera
¿DÓNDE SENTÍS QUE ESTÁ HOY TU HOGAR, TU CASA?
Siento que mi hogar está en La Rioja y que tengo un pedacito de ellos aquí. Creo que también mi hogar lo construí cuando me reencontré con mi pareja; viajamos separados y nos encontramos del otro lado del mundo. Hoy mi hogar está aquí con él y con los elementos que tengo cerca de mi familia. Tengo una estampita que me dio mi abuela de Jesús. Tengo un rosario que me dio mi madre que está bendecido por el papa Francisco. Tengo prendas, tengo cosas que me ha hecho mi mamá o que me han regalado, y hay cosas que llevo conmigo y todo el tiempo están presentes. Siempre que tenga presente a mi familia, ese va a ser mi hogar.
Tal vez por eso emociona tanto escucharla hablar de La Rioja. Porque después de recorrer escenarios en Marruecos, Egipto o Turquía, después de bailar ritmos del mundo y construir una vida lejos de Argentina, el hogar sigue apareciendo siempre en el mismo lugar. En los abuelos. En la preocupación por las noticias familiares que llegan desde lejos. En una estampita que guarda en su equipaje. En un rosario bendecido por el papa Francisco que le regaló su madre. En objetos pequeños que funcionan como una forma de permanecer cerca aun estando a miles de kilómetros.
Hay algo profundamente humano en esa contradicción que atraviesa toda su historia: querer volver y, al mismo tiempo, saber que todavía necesita seguir viajando. Anahí imagina regresar a La Rioja, tener una casa propia, un lugar donde quedarse por un tiempo. Pero también reconoce que no sabe aún cómo sería una vida definitivamente quieta. Como si el movimiento ya formara parte de su identidad tanto como la danza misma.
Quizás por eso, cuando imagina su vida convertida en una escena de baile, no piensa en una única versión de sí misma. Se imagina multiplicada: una niña, una adolescente y una mujer adulta bailando juntas distintos ritmos al mismo tiempo. Contemporáneo, reggaetón, Bollywood, danzas rusas, egipcias, latinas. Todas coexistiendo sobre el mismo escenario. Todas siendo, en el fondo, la misma persona.
Y hay algo conmovedor en esa imagen final. Porque resume exactamente quién es Anahí Carrizo: una artista que recorre el mundo sin dejar de pertenecer al lugar del que salió. Una bailarina que aprendió idiomas corporales distintos, pero que todavía conserva intacta la tonada emocional de su tierra. Una riojana que encontró nuevos hogares al otro lado del mundo, aunque siga llevando el verdadero adentro de una valija pequeña, entre recuerdos familiares, estampitas y la certeza íntima de que, por más lejos que llegue, siempre habrá una parte de ella bailando todavía en La Rioja.

ORGULLO Y FELICIDAD
No existen palabras suficientes para expresar el orgullo y la felicidad que sentimos al verte cumplir tus sueños tan lejos de casa. Verte crecer, luchar por lo que amás y hoy brillar como bailarina por el mundo y ahora en Turquía nos emociona profundamente.Cada escenario que pisás lleva un pedacito de nuestra familia, de tus raíces, de todo el esfuerzo y la pasión que pusiste desde pequeña. Admiramos tu valentía, tu dedicación y la manera en que perseguís tus metas con el corazón.Aunque la distancia se haga sentir, saber que estás viviendo lo que soñaste nos llena el alma. Seguiremos acompañándote y aplaudiéndote siempre, desde acá y desde cualquier parte del mundo.Te amamos infinitamente y estamos inmensamente orgullosos de vos, nuestra bailarina.
Tus padres y tu hermano.

Autor: 83983|
ANAHI CARRIZO DANZA BAILE POR EL MUNDO TURQUIA LA RIOJA ARGENTINA

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