El director del Cementerio, Jorge Cáceres, relató los momentos de tensión vividos junto a los trabajadores del lugar. Mientras realizaban tareas de limpieza en el sector del fondo alrededor de las cuatro de la tarde, el sonido de las campanas —el antiguo sistema que aún utilizan para alertar sobre el horario de cierre o emergencias— encendió las alarmas. Al acudir al llamado, constataron que los malvivientes ya se daban a la fuga en una motocicleta, amparados por el testimonio de vecinos que presenciaron los movimientos sospechosos.
La fisonomía del cementerio juega a favor de la delincuencia. Se trata de un terreno de grandes dimensiones, caracterizado por pasillos cerrados que anulan la visibilidad y, fundamentalmente, por tapias perimetrales excesivamente bajas que facilitan el ingreso y la huida de los intrusos en cuestión de segundos.
La indignación mayor radica en la desprotección institucional. Tras el alerta inmediato al servicio de emergencias 911 para solicitar la presencia de patrulleros, la respuesta policial sufrió una demora que impidió capturar a los ladrones en flagrancia.
Denuncian una creciente ola de robos en Cementerio Municipal
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