Cultura

Papi, pa, papucho...¡Mil formas de decir papá!


Y cuando uno quiere acordarse ha pasado el tiempo, la vida, han pasado los domingos en familia, han pasado las tardes de la vuelta de la escuela y ese preguntar: cuéntame que has aprendido hoy hija...
Y cuando uno se da cuenta, se nos voló la escuela, los libros, las tardes de universidad y las noches de largas horas de estudio y muchas preguntas que él respondía como un libro eterno de sabiduría...
Y cuando uno vuelve a mirar, las alas que nos dio volaron lejos buscando nuevos cielos de aprendizaje y experiencias, buscando nuevos aromas de mañana y atardeceres con otros colores
Y cuando nos dimos cuenta, llegaron los nietos llenos de besuqueros de azúcar acaramelada o de querer sacarle la billetera detrás del bolsillo del pantalón para esconderla entre risas picarescas.
Y cuando uno mira de nuevo la mesa está más llena, aunque más espaciados los encuentros por la corrida de la vida, el trabajo y la distancia. ¡Pero está Papá!
Y cuando uno vuelve a mirar detrás del espejo del tiempo, ya las piernas están más lentas, pero las ganas siguen siendo más fuertes.
Y cuando uno vuelve a mirar, el pelo se ha vuelto blanquecino pero no así las ideas, los criterios, ni los códigos, ni las enseñanzas, ni las conductas que nos ha impartido, esas enseñanzas, si son de buena cepa ¡jamás cambian de color!
Y cuando volvemos a mirar, vemos las huellas del camino recorrido, y observamos agradeciendo todas las virtudes que nos ha legado y todo el esfuerzo que nos ha dedicado, todas las horas de "laburo" fuera y dentro de casa para que nada falte, pero tampoco nada sobraba. 
Y cuando uno mira con ojos de tiempo en cámara rápida la mesa con comida, los consejos para cuidarnos, los libros con olor a nuevo para el colegio, las tardes dedicadas a enseñarnos esa materia difícil o la palabra siempre dicha y escuchada: pregúntale a tu madre diría Papá, esperando la anuencia o no a los pedidos a veces extraños de esos hijos en crecimiento.
Y cuando uno mira con ojos de tiempo en cámara lenta quiere detenerse allí, quiere detener el tiempo, quiere volver como un viaje al pasado dentro de una máquina de amor y consejos sabios, a abrazarlo cuando lo ves buscándote a la salida del colegio, o a esconderte con cara enrojecida de vergüenza cuando te buscaba en una americana y los amigos decían ¡te busca tu papá!
No aprendemos a ser hijos. Tampoco aprendemos a ser padres. Pero sí aprendemos a ser los mejores hijos a medida que somos padres y vemos los que un Padre hizo y hace por sus hijos.
Y ese legado de generación en generación marca con huellas un camino recorrido. Es el camino de la vida donde esa raíz llamada Padre, Papá, Papi, Pá, Papucho es la palabra que al pasar el tiempo como viento que se lleva la vida, es una mariposa que vuelve a posarse en nuestras manos, y ahí brotan lágrimas de colores empañando nuestros ojos al  recordar las manos laboriosas de ese Padre, los ojos de luz mirando cada paso de nuestra vida, la voz otorgándonos esa paz que todo hijo anhela y esas palabras que nos hacen y hacían sentir que el mundo puede ser un lugar lindo para ser vivido.
¡Feliz día para todos los padres que están en cada corazón nuestro!
¡A mi Padre, de especial manera, mi amor y agradecimiento al cielo!
Hasta la próxima Columna, Amigos!


PERFIL. Paula Monsberger es: Magister en Relaciones Internacionales. Lic. en Ciencia Política, Relaciones Internacionales y Comercio Internacional. Profesora de Alemán. Maestra en Declamación y Recitado. Conductora de Radio y TV. Actriz.

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