En los sistemas extensivos de producción ovina, donde el ganado pasta a campo abierto y los ciclos productivos dependen en gran medida de las condiciones ambientales, es habitual observar animales con síntomas respiratorios. Estornudos frecuentes, secreciones nasales y respiración dificultosa suelen atribuirse, de manera generalizada, a cuadros leves o pasajeros. Sin embargo, detrás de ese aparente “resfrío” puede esconderse una de las afecciones parasitarias más comunes y subestimadas en los pequeños rumiantes: la oestrosis ovina.
La llamada “oestrosis ovina” es una enfermedad frecuente en ovinos y caprinos, conocida popularmente en el ámbito rural como “resfrío”.
Se trata, en rigor, de una miasis que se desarrolla en la cavidad nasal, los cornetes nasales y los senos paranasales de los animales afectados. El agente causal es la mosca Oestrus ovis, un díptero de aproximadamente 12 milímetros de longitud, cuya presencia está estrechamente ligada a los ambientes donde se concentra el ganado.
El ciclo biológico del parásito comienza cuando la mosca deposita sus larvas en las fosas nasales del animal. A partir de allí, estas se desarrollan en el interior de las vías respiratorias superiores, generando inflamación, irritación y una sintomatología que incluye descarga nasal persistente, movimientos bruscos de cabeza, inquietud y disminución del consumo de alimento. En casos avanzados, la infestación puede comprometer seriamente el estado general del animal.
La Oestrus ovis suele encontrarse en lugares frecuentados por los ovinos y caprinos, como corrales de encierre nocturno, potreros de pastoreo, sectores bajo piedras o áreas con vegetación densa, donde las condiciones favorecen su reproducción y permanencia. En sistemas extensivos, donde el control sanitario puede resultar más complejo por la amplitud de los campos y la dinámica del rodeo, la enfermedad encuentra un escenario propicio para su propagación.
Advertencia
Aunque muchas veces es minimizada por su denominación coloquial, la oestrosis ovina puede ocasionar importantes pérdidas productivas si no es diagnosticada y tratada a tiempo. La pérdida de peso es una de las consecuencias más visibles, producto del estrés, la menor ingesta y el desgaste fisiológico que provoca la parasitosis. A ello se suman posibles retrasos en el crecimiento, disminución en la producción y un impacto económico que, acumulado en el tiempo, afecta la rentabilidad de los sistemas de producción ovina.
Frente a este escenario, la investigación científica cumple un rol clave para brindar herramientas concretas a los productores.
En este sentido, la revista especializada #TecnoÁrido publica un artículo en el que sus autores analizan la eficacia de tres antiparasitarios internos en ovejas de raza Manchega que presentaban síntomas clínicos visibles compatibles con infestación por Oestrus ovis. El estudio pone el foco en evaluar qué tratamientos resultan más efectivos para reducir la carga parasitaria y mejorar la condición sanitaria de los animales afectados.
Los resultados de este tipo de trabajos no solo aportan información técnica para la toma de decisiones en el campo, sino que también refuerzan la importancia de implementar planes sanitarios integrales, con monitoreos periódicos y tratamientos estratégicos. Detectar a tiempo la presencia de oestrosis y actuar de manera oportuna no solo mejora el bienestar animal, sino que protege la eficiencia productiva y la sustentabilidad de los sistemas extensivos.
En un contexto donde cada kilo ganado cuenta y donde la sanidad animal es un pilar fundamental de la producción, reconocer que detrás de un simple “resfrío” puede haber una miasis parasitaria es el primer paso para evitar pérdidas y fortalecer la gestión sanitaria del rodeo. La información, respaldada por evidencia científica, se convierte así en una aliada indispensable para el productor moderno.
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