No es una escultura ni una intervención humana, sino un capricho de la naturaleza que, con el paso del tiempo, fue tomando esa forma tan particular.
Dato curioso: muchos viajeros y locales la asocian con la pasión mundialista argentina y la consideran una “copa riojana”. En tiempos de Mundial, no faltan las fotos, las comparaciones y ese guiño inevitable entre paisaje y fútbol que convierte a Guandacol en una parada distinta, donde la naturaleza también juega su partido.
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