El pasado sábado se celebró en Iglesia Catedral y Santuario San Nicolás de Bari el Encuentro de Oración Ecuménica e Interreligiosa en Memoria de las personas fallecidas por VIH y en acompañamiento de quienes hoy transitan esta realidad.
La celebración reunió a la Mesa de Trabajo en VIH de La Rioja, la comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Diócesis de La Rioja y a representantes de distintos credos, entre ellos miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en un gesto profundo de encuentro, escucha y unidad.
Durante la celebración, el Evangelio invitó a salir e ir al encuentro de los demás, recordando el llamado de Jesús a caminar junto a otros con amor, cercanía y esperanza. En ese mismo espíritu, Mons. Dante Braida animó a continuar construyendo puentes y reconociéndonos como hermanos, evocando a San Francisco de Asís como “hermano de todos”.
Tras la Santa Misa se vivió un momento especialmente emotivo de oración espontánea entre los presentes. Además, varios de los miembros participaron con profunda apertura en la oración de San Francisco de Asís por la paz, elevando intenciones por la unidad, la dignidad humana y el acompañamiento fraterno.
Entre las palabras compartidas surgió con fuerza la necesidad de continuar trabajando unidos, acompañando y fortaleciendo la dignidad de cada persona, promoviendo la inclusión y construyendo comunidades más humanas, fraternas y libres de discriminación. Al finalizar, los presentes compartieron un pequeño ágape fraterno, cerrando la jornada en un clima de cercanía, diálogo y esperanza compartida.
Por otra parte, desde la Diócesis de La Rioja se recordó la celebración por los 200 años del nacimiento del Beato Fray Mamerto Esquiú. En un hogar sencillo de Piedra Blanca, Catamarca, nació Mamerto, el hombre que pondría palabras al alma de una Nación. Celebramos ese día. El Acto Principal fue en Piedra Blanca con una misa celebrada por el pueblo y presidida por el Cardenal Ángel Rossi y por los Obispos de la región NOA. Mamerto Esquiú ingresó al noviciado del convento franciscano catamarqueño el 31 de mayo de 1836, y al cumplir 22 años se ordenó sacerdote, celebrando su primera misa el 15 de mayo de 1849. Si bien se destacó como sacerdote y obispo, tuvo una prolífera obra como periodista y promotor de la democracia en la Patria naciente.
Después de la batalla de Caseros, en que fue derrotado el gobernador Juan Manuel de Rosas, la provincia de Catamarca recibió con alegría la noticia de que se iba a dictar una Constitución.
Esquiú pronunció su discurso más conocido, favorable a la jura de la Constitución, conocido como Sermón de la Constitución: recordó la historia de desuniones y de guerras civiles, y se felicitó por la sanción de una Constitución que traería nuevamente la paz interna. Pero para que esa paz durara, era necesario que el texto de la Constitución quedara fijo e inmutable por un largo tiempo, que no fuera discutida por cada ciudadano, que no se le hiciera oposición por causas menores, y que el pueblo argentino se sometiera al poder de la ley: “Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin ley no hay patria, no hay verdadera libertad, existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra…”
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