Periodista chileciteña y parte de una generación de comunicadoras atravesadas por las nuevas plataformas y los debates contemporáneos sobre el oficio, Tamara Ormeño propone una mirada profundamente crítica sobre el presente del periodismo argentino. En sus respuestas advierte sobre la pérdida de la función social de la actividad frente a las lógicas de la viralización, el entretenimiento y la espectacularización de la información, además de señalar con preocupación la violencia simbólica ejercida desde sectores de poder hacia la prensa. Además, sostiene que el periodismo debe recuperar su capacidad de investigar, contextualizar y construir pensamiento crítico, y pone el foco en las dificultades estructurales que atraviesan los medios del interior, la precarización laboral y la necesidad de federalizar las agendas informativas para visibilizar problemáticas muchas veces ausentes del debate público provincial.
¿QUÉ SIGNIFICA HOY EJERCER EL PERIODISMO EN LA ARGENTINA, EN UN CONTEXTO DE FUERTE CONFRONTACIÓN ENTRE EL PODER POLÍTICO Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN?
Creo que al periodismo argentino le hace falta una reivindicación de sus raíces y de su función social. En el momento en que parte del periodismo comenzó a mezclarse con el entretenimiento, priorizando la lógica del rating, la viralización y las métricas de audiencia, fue perdiendo parte de aquella premisa con la que quizás soñó Mariano Moreno: contribuir a los ideales de una república democrática y plural, donde los actos de gobierno puedan ser conocidos por toda la sociedad. Hoy muchas veces el foco parece estar puesto en la opinión del periodista, como si esa opinión fuera el centro del hecho informativo. Sin embargo, el periodismo debería aportar datos verificados, contexto y herramientas que permitan construir una mirada crítica sobre la realidad social. En tiempos de redes sociales y consumo inmediato, pareciera que la comunicación se orienta cada vez más hacia las emociones, la reacción rápida, el like y la viralización, dejando de lado la construcción de memoria y archivo sobre los procesos históricos y sociales que atravesamos. También me parece profundamente preocupante que se naturalice la violencia simbólica ejercida desde los máximos niveles del poder político hacia el periodismo. La descalificación permanente, los agravios y los intentos de desacreditar a quienes informan generan un clima hostil que afecta no solo a los trabajadores de prensa, sino también al derecho de la sociedad a estar informada. Los peores momentos de nuestra historia fueron aquellos en los que se persiguió o silenció a quienes tenían la tarea de relatar lo que vivía una comunidad. No creo en la objetividad absoluta, porque toda mirada está atravesada por una experiencia y una posición frente al mundo. Pero sí creo profundamente en la ética periodística. Desconfío de quienes creen que hacer periodismo consiste únicamente en opinar. Un periodista comprometido busca formarse, contrastar fuentes, trabajar con criterio y responsabilidad, y construir información sólida que ayude a comprender la complejidad de la realidad.
¿CREÉS QUE EN LOS ÚLTIMOS AÑOS SE DETERIORÓ LA RELACIÓN ENTRE LA DIRIGENCIA POLÍTICA Y EL PERIODISMO? ¿CÓMO IMPACTA ESO EN EL TRABAJO COTIDIANO? ¿CONSIDERÁS QUE SE VE AFECTADA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?
Sí, creo que en las últimas décadas se deterioró notablemente la relación entre la dirigencia política y el periodismo, y eso impacta directamente en el ejercicio cotidiano de la profesión. La política comenzó a mirar al periodismo muchas veces como un enemigo o una herramienta de propaganda, y no como un actor necesario para la vida democrática. Esa tensión genera un clima de hostilidad permanente que condiciona el trabajo periodístico: dificulta el acceso a la información pública, instala lógicas de confrontación y alimenta discursos que buscan desacreditar a quienes investigan o cuestionan al poder. En muchos casos, además, se construye una relación basada en premios y castigos, donde el acceso, la pauta o incluso el trato institucional dependen de la línea editorial de cada medio. La libertad de expresión no se afecta únicamente cuando existe censura directa. También se ve amenazada cuando hay persecución simbólica, miedo a perder el trabajo, precarización laboral o presiones económicas que condicionan qué se puede decir y qué no. En el interior del país esto muchas veces se profundiza, porque numerosos medios dependen casi exclusivamente de la pauta oficial para sostenerse.
¿CUÁL ES HOY EL PRINCIPAL DESAFÍO DEL PERIODISMO RIOJANO: SOSTENER LA INDEPENDENCIA, ADAPTARSE A LAS NUEVAS PLATAFORMAS O SOBREVIVIR ECONÓMICAMENTE?
Creo que el principal desafío del periodismo riojano sigue siendo construir una verdadera pluralidad y federalización de la información, superando el fuerte centralismo que históricamente concentra la mirada en las capitales y deja invisibilizadas las problemáticas del interior. Desde localidades alejadas de los grandes centros urbanos, muchas veces quedan fuera de agenda temas fundamentales como el acceso a la salud, a medicamentos, a viviendas dignas, a la justicia o a servicios básicos. La falta de fortalecimiento de medios públicos y comunitarios en el interior provoca que esas realidades tengan escasa visibilidad y que amplios sectores de la sociedad queden sin voz. A esto se suma la dificultad económica de sostener medios independientes. Cuando un periodista o un medio depende exclusivamente de la pauta estatal para sobrevivir, muchas veces termina condicionado por el temor a perder ingresos. Esa dependencia limita la posibilidad de informar con libertad sobre determinadas problemáticas o cuestionar a quienes ejercen el poder. Por eso considero que las experiencias más independientes muchas veces surgieron desde organizaciones sociales, asambleas y espacios autoconvocados que, pese a dinámicas de censura o invisibilización, lograron narrar durante años cómo se vive realmente en distintos puntos de la provincia. También ocurrió con coberturas de casos de violencia o injusticia social que no siempre encontraron lugar en los grandes medios. Respecto a las nuevas plataformas, creo que representan más una oportunidad que una amenaza. Hoy las herramientas tecnológicas son más accesibles y permiten producir contenidos con costos mucho menores que hace algunos años. Plataformas como YouTube, Facebook, Instagram, TikTok o el streaming democratizaron el acceso a la comunicación y posibilitaron que nuevos actores puedan generar sus propios espacios informativos. En ese sentido, experiencias de streamming en Chilecito demuestran que los jóvenes pueden construir proyectos de comunicación con identidad propia, ética profesional y una mirada a futuro, incluso sin contar con las estructuras tradicionales de los grandes medios.
LAS REDES SOCIALES CAMBIARON LA VELOCIDAD DE LA INFORMACIÓN, PERO TAMBIÉN LA AGRESIVIDAD DEL DEBATE PÚBLICO. ¿CÓMO CONVIVE HOY EL PERIODISTA CON LA EXPOSICIÓN Y EL ATAQUE PERMANENTE?
Las redes sociales no deberían ser entendidas como una fuente de información en sí misma, sino como herramientas de circulación y divulgación de contenidos. Son la vidriera donde se expone lo que ocurre, pero también espacios diseñados bajo una lógica de consumo y marketing digital que busca captar nuestra atención de manera permanente. Son un repositorio de bigdata permanente para las grandes corporaciones. Las plataformas funcionan potenciando emociones intensas porque eso genera más interacción, más permanencia y más circulación de contenidos. Por eso muchas veces vemos cómo ciertos discursos agresivos, polarizantes o cargados de enojo logran mayor alcance que una información trabajada con profundidad. En ese contexto, algunos medios terminan cayendo en prácticas de clickbait o espectacularización de las noticias para aumentar tráfico, seguidores y monetización. Cuando la lógica dominante es la reacción emocional inmediata, el debate público se vuelve cada vez más agresivo y superficial. Es muy difícil construir discusión democrática en entornos digitales atravesados por la velocidad, la desinformación y la necesidad constante de viralizar. El periodista hoy convive con una exposición permanente. No solo debe informar, sino también enfrentar ataques, campañas de desprestigio o agresiones en redes sociales. Y muchas veces esos ataques no son espontáneos, sino promovidos desde sectores políticos, económicos o mediáticos interesados en desacreditar determinadas voces. Aun así, creo que también existe una audiencia cada vez más crítica y consciente, capaz de distinguir entre el periodismo serio y los contenidos construidos únicamente para generar impacto.
¿SENTÍS QUE LA SOCIEDAD SIGUE CONFIANDO EN EL PERIODISMO? SI NO ES ASÍ, ¿QUÉ DEBERÍA HACER LA PROFESIÓN PARA RECUPERAR CREDIBILIDAD?
Creo que la sociedad todavía confía en el periodismo, pero esa confianza ya no es automática ni ciega. Las audiencias hoy contrastan información, comparan fuentes y detectan rápidamente cuándo un medio responde más a intereses políticos o económicos que a la búsqueda genuina de informar. Muchas veces fueron las propias empresas periodísticas las que subestimaron a la sociedad, apostando a contenidos extremadamente partidarios, superficiales o alejados de la realidad cotidiana de la gente. Y cuando los medios niegan problemáticas evidentes o maquillan la realidad para sostener determinados intereses, es lógico que la credibilidad se vea afectada. Es muy difícil pedirle a la ciudadanía que confíe en un periodismo que no refleja lo que las personas viven diariamente. Si los grandes medios muestran una realidad completamente distinta a la que atraviesa la sociedad, se genera una ruptura inevitable entre el discurso mediático y la experiencia concreta de la gente. Por eso creo que la profesión necesita hacer una profunda autocrítica. Recuperar credibilidad implica volver a priorizar el trabajo de investigación, el contraste de fuentes, la honestidad intelectual y la cercanía con las problemáticas reales de las comunidades. También implica dejar de subestimar a las audiencias y comprender que la sociedad tiene capacidad crítica para identificar quién informa con responsabilidad y quién no.
EN TIEMPOS DONDE CUALQUIERA PUEDE COMUNICAR DESDE UN CELULAR, ¿QUÉ DIFERENCIA AL PERIODISMO PROFESIONAL DEL RESTO DE LOS DISCURSOS?
Creo firmemente que la principal diferencia debería estar en la formación, la capacitación permanente y, sobre todo, en la ética profesional. Jerarquizar el periodismo implicó durante años la construcción de carreras universitarias, espacios de formación y ámbitos de debate donde los futuros comunicadores aprenden no solo herramientas técnicas, sino también criterios éticos y responsabilidades sociales. Hoy cualquier persona con un celular puede publicar información, hacer denuncias o viralizar contenidos. Pero comunicar no es solamente subir algo a internet. El periodismo profesional implica verificar datos, contextualizar, respetar derechos, comprender las consecuencias de lo que se publica y asumir la responsabilidad social que tiene la información. Muchas veces vemos cómo, en la búsqueda desesperada de impacto o viralización, se vulneran derechos básicos. En Chilecito, por ejemplo, un medio difundió en redes sociales el video de la muerte de una persona durante un hecho delictivo, exponiendo imágenes extremadamente sensibles, afectando a familiares y amigos, e incluso interfiriendo indirectamente en el trabajo judicial y policial. Ese tipo de prácticas muestran la diferencia entre informar y explotar el dolor ajeno para conseguir clics. Las audiencias merecen respeto. El periodismo no puede perder de vista los límites éticos por la necesidad de sumar visualizaciones o seguidores. Informar también implica cuidar a las personas involucradas y comprender el impacto humano de cada publicación.
¿QUÉ REFLEXIÓN TE GENERA ESTE NUEVO DÍA DEL PERIODISTA? ¿HAY ALGO PARA CELEBRAR O ES UN MOMENTO MÁS DE RESISTENCIA Y DEFENSA DEL OFICIO?
Cada Día del Periodista me lleva a preguntarme qué significa realmente ser periodista y qué es lo que hace valioso a este oficio. ¿Un periodista es bueno porque es famoso? ¿Porque logra grandes niveles de audiencia? ¿Porque denuncia aquello que nadie se anima a contar? ¿O simplemente porque hace con responsabilidad el trabajo de informar? Muchas veces el periodismo quedó atrapado en lógicas propias del entretenimiento, donde parece que cada noticia debe transformarse en espectáculo. Y quizás esa espectacularización permanente de la información también contribuyó a que hoy parte de la sociedad desconfíe de los medios y a que desde sectores del poder se instalen discursos que desacreditan al periodismo tratándolo de mentiroso o manipulado. Creo que este es un momento que exige una profunda autocrítica de la profesión, pero también una defensa firme del oficio y de su función democrática. Más allá de los errores que puedan existir dentro del periodismo, ninguna sociedad democrática puede construirse sin periodistas capaces de investigar, preguntar y contar lo que sucede. Hoy más que nunca necesitamos volver a la esencia del periodismo: narrar la realidad con responsabilidad, honestidad intelectual y el mayor compromiso posible con la verdad y con la sociedad.
¿POR QUÉ SEGUÍS HACIENDO PERIODISMO?
Porque no me imagino haciendo otra cosa. El periodismo forma parte de mi vida desde muy pequeña, y siempre lo hice de una forma u otra, con o sin audiencia. A veces me encuentro en grupos de amigos y mi forma de hablar sobre determinado hecho es con esa mirada. Siempre fui una gran consumidora de medios y mantengo una necesidad constante de entender qué está pasando a nivel local, provincial, nacional e internacional y contrastarlo con mi realidad individual. Además, considero fundamental escuchar y leer voces distintas, incluso aquellas que están en las antípodas de mi propia mirada política o ideológica. Creo que solamente desde esa diversidad es posible construir pensamiento crítico y evitar encerrarse en una única visión de la realidad. Sigo haciendo periodismo porque todavía creo profundamente en el valor social de informar. Creo en el periodismo como herramienta para visibilizar problemáticas, amplificar voces que muchas veces no encuentran espacio y construir memoria sobre el tiempo que nos toca vivir. Incluso en contextos difíciles, donde existen precarización, ataques o desconfianza, sigo creyendo que vale la pena ejercer este oficio con ética, sensibilidad y compromiso social.
Tamara Ormeño es licenciada en Comunicación Social, locutora nacional y periodista de Chilecito, con experiencia en radio, medios digitales y producción audiovisual. Actualmente integra el equipo de la Universidad Nacional de Chilecito, trabaja en móviles informativos de Medios Provincia y desarrolla además proyectos de comunicación y streaming vinculados al interior provincial.
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