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Cine. Puede verse en las salas de La Rioja
Arranque flojo para la última de los X Men

Escrito el 10 de Junio del 2019 - 19/06/2019 12:00:21 a.m.
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 Los sitios especializados no le dan crédito de buena película.
La última de la saga X-men es una de las películas con peor proyección en su lanzamiento de toda la franquicia. No ayudan las calificaciones de sitios especializados.
Parece que romperá récord, aunque no de los que hay que celebrar, porque el estreno de X-Men: Fénix Oscura no ha sido del todo auspicioso en ese período en el que las películas empiezan a medir cómo será su carrera: las primeras jornadas de estreno.
Los sitios especializados habían ya empezado a ponerle notas bajas, pero ahora, tras su lanzamiento en salas, se sabe que en su primer fin de semana la última de los X-men se hizo con 37.7 millones de dólares, lo que la ubica en el podio... de las que menos recaudaron de la saga en su arranque, algo bastante infrecuente tratándose de una película de superhéroes con un buen número de fans.
X-Men: Apocalipsis alcanzó casi los 70 millones en su fin de semana de estreno en 2016, para tener de referencia. Y el número fue bajo.
También para comparar cifras se puede tener en cuenta a La vida secreta de las mascotas 2 también tuvo estreno en el mismo fin de semana y se hizo de una taquilla de 80 millones.
La historia de este capítulo de cierre para la franquicia bajo el paragüas de Fox (ahora pasa a Disney) se inicia en 1992, época en la que los X-Men son superhéroes queridos que disfrutan del estatus de celebridades, y son llamados por el gobierno para salvar astronautas en peligro.
En la misión de rescate, una entidad cósmica atenta contra Jean (Sophie Turner, la actriz que interpretó a Sansa Stark en Game of Thrones). Cuando termina por despertarse, se siente fuerte y recargada, pero luego comienza a darse cuenta de que ha adquirido poderes más allá de su entendimiento, o de su control.

“X-Men: Fénix Oscura” no convence: el límite es el poder
La nueva película de X-Men es un revuelto de palabras, efectos y sentimentalismo barato. La protagonista no domina su poder... y el director tampoco.
No sólo para las sociedades el poder absoluto representa un gran problema, también para los filmes de superhéroes. Si una lección puede extraerse de la saga de X-Men es que cada mutante tiene un poder limitado. Incluso los que gozan de relativa inmortalidad, como Wolverine, siempre resultan vulnerables en algún punto.
Pero en Fénix Oscura, el tabú del poder absoluto desaparece con Jean Grey (Sophie Turner). Se supone que a partir de determinado momento, ella se vuelve capaz de hacer cualquier cosa. Así la trama queda expuesta a todos los dilemas lógicos y narrativos que se derivan de la omnipotencia.
¿Quién no ha soñado alguna vez con ser un Dios todopoderoso? ¿Quién después de gozar de un minuto de esa fantasía no se ha dado cuenta de que está viciada de una imposibilidad infinita? ¿Cómo estar en todas partes al mismo tiempo? ¿Cómo cumplir un deseo si supone que se desea lo que falta y a un Dios no puede faltarle nada?
Se trata de un enigma más apto para teólogos que para guionistas de Hollywood, aunque en ninguno de los dos casos pueda resolverse de una manera satisfactoria para una mente humana.
En la saga habían aparecido antes personajes más poderosos que Xavier y Magneto, pero nunca tan extremos como esta chica, que directamente tiene la capacidad de asimilar en su cuerpo toda la energía del universo. Es demasiado, es inmanejable. Consciente de esa traba fundamental, el director Simon Kinberg recurre a una limitación interior. Tan grande es el poder que ni su depositaria logra dominarlo.
Jean empieza a manifestar la psicología de una divinidad con ataques de ira. Es decir, se comporta como un demonio con complejo de culpa. Si bien algo de esa personalidad inestable había sido exhibida al principio –cuando se nos muestra a Jean de niña en una escena espectacular–, esos indicios no bastan para justificar su evolución como personaje. La solución es tan simple como ineficaz: una serie de diálogos más propios de una novela romántica.
En una buena historia de superhéroes, las tensiones íntimas del protagonista debieran encontrar el modo de expresarse en secuencias de acción convincentes. Pero en Fénix Oscura, lo que tenemos es un revuelto de palabras, efectos especiales y sentimentalismo dudoso.
Según Kinberg, quería hacer una película ambiciosa, a la altura del legendario cómic original, uno de los más apreciados por los fans. La mala noticia es que no lo consiguió. La buena es que tal vez otro director más experimentado o más dotado tenga mejor suerte.

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