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Jueves 05 de Agosto de 2021

Entrevista

Sintonía espiritual

Gloria de la Vega es una de las voces referentes por excelencia de nuestro folklore y un muestrario de riojanidad en cada nueva geografía que visita con su canto, en ese viaje que emprende con cada melodía y que reafirma en cada nuevo proyecto que pone en marcha: no podría concebir la vida sin música.

20-2-2021 23:34
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En tiempos de pandemia, donde hasta las más arraigadas tradiciones -como nuestra fiesta mayor, la Chaya- se ven trastocadas por lo inesperado, lo desconocido y lo insólito, encontrar un punto que nos vincule estrechamente con nuestras raíces es una especie de bálsamo, una bocanada de aire puro, una luz de esperanza. Tierra y pueblo: así podría ser definida esta voz riojana nacida a ese designio de decir desde un punto de partida, desde un inicio, desde un principio que es, al mismo tiempo, salvación y sostén. Individual y colectivo. O, también, se le puede poner un nombre y un apellido que hagan alusión o referencia a una indiscutible analogía de identidad: Gloria de la Vega. 

Inquieta y soñadora por naturaleza, su relación con la música es tan estrecha como el aire que la circunda y abraza, para llevarla luego a un vuelo de trascendencia que supo transportarla hacia otros cielos y otras culturas, pero que ancla sus anhelos en esta, su geografía enharinada y perfumada de albahaca. A punto de cumplir 25 años junto a las melodías y el canto, es una de las 46 cantoras de todo el país que integran el proyecto Cantoras.ar pero es, al mismo tiempo, una de las artistas populares y referentes de nuestro folklore, al tiempo que una defensora inclaudicable de lo que nos define y contiene. Pasado, presente y futuro, confluyen en una charla abierta y franca con 1591 Cultura + Espectáculos.


"Yo creo que nacés con esa predisposición para algo", afirma Gloria sin vacilaciones cuando se le pregunta por ese vínculo que la aferra a la música y la determina. Tampoco duda al sostener que a esa predisposición natural "hay que cultivarla". Es, por otra parte, lo que viene haciendo desde muy pequeña. "Mis padres se conocieron en un coro y ya no lo dejaron. Desde chiquita, desde que tengo uso de memoria era el Museo Histórico, el director del Coro Kuntur y el recuerdo de estar en un sillón durmiéndonos con el ensayo del coro; nos conocíamos todas las canciones". 

Recuerda al coro y al aroma del museo, mientras su mirada viaja hacia esas sensaciones que la envuelven. "No podía entrar al coro hasta que cumpliera los 13 años, cuando entré efectivamente y a la par en la escuela venía bailando, luego cantando, hasta que comencé con los certámenes. En esos encuentros uno va construyendo las relaciones con los otros músicos, te vas conectando". Y en ese conectar, precisamente, es que va desandando su camino.

Es por eso que el confinamiento la encontró en plenitud artística y de construcción de alternativas en las que la música y el canto constituyen ejes fundamentales, pero también el encuentro, más aún en instancias de aislamientos y distancias. "En marzo (del año pasado) teníamos pensado continuar con el ciclo 'La canción es urgente', con sentido federal. Artistas de Mendoza, San Luis, Buenos Aires, Catamarca, Chile. Y fue lo virtual lo que nos abrió a otras posibilidades que antes no veíamos porque los vivos ocupaban todas nuestras energías". 

Fue entonces que, cuenta, "la convocamos nuevamente a Teresa Parodi al primer programa virtual y esa fue la puerta para poder llegar a otros grosos como León Gieco, Víctor Heredia, Raly Barrionuevo, Bruno Arias, Mariana Carrizo, cantoras de Tucumán, de Santiago del Estero, Guillermo Fernández, Doña Jovita, Suna Rocha, e incluimos un segmento con un mensaje desde una mirada histórica en temas puntuales, del que participaron Mariano Saravia, Hernán Brienza y Víctor Robledo". Y a la par, siempre fiel a ese estilo multifacético, el trabajo de composición de una chaya a Victoria Romero, la primera compuesta por una mujer, "con una mirada más contemporánea. La gravé con varias cantoras de La Rioja, cantoras jóvenes, porque me parecía fundamental grabarla con mujeres de nuestra tierra y poder compartirlo". 


Ese precepto, el de compartir, también la define. Y es justamente desde ese lugar que pudo abarcar diferentes escenarios y geografías llevando como estandarte nuestra música y raíces. Así es como pudo realizar una gira por países como Colombia o México, o llegar hasta el Teatro Astral, en Buenos Aires, estrechando lazos que perduran a lo largo del tiempo y que, seguramente, le seguirán abriendo puertas hacia la construcción de una carrera que no tiene techo y que no sabe de límites ni de fronteras, aún cuando su ser esencialmente riojano la trae siempre de regreso. A su tierra y a sus voces.

"Son muchas las voces riojanas que me acompañan. Chito Zeballos, que es primo hermano de mi mamá, se escuchó siempre en casa. Mucho folklore; era la música que teníamos al alcance", cuenta Gloria volviendo sobre su historia personal. "Yo tenía 5 años cuando salió 'La cantata riojana'. La vivían escuchando y todos esos sonidos los tengo muy adentro mío, muy grabados. Las formas de recitar, esas voces. Las formas de pronunciar, dándole ese cantito muy identitario. Los sonidos de Pancho Cabral, su forma de cantar me marcó muchísimo y todo eso fue llevándome a la música".

También rememora los "nervios" de la primera vez en un escenario, a sus 15 años. "Me acuerdo que fue en una peñita en el patio de la Escuela Normal; teníamos que juntar fondos para uno de los certámenes a los que íbamos a concurrir. Recuerdo esa lucha interna con mis nervios. He luchado mucho con la timidez, con los nervios, porque no era lo mismo cantar en un coro, donde estás acompañada y contenida por otras personas, que ser la mirada de toda la gente. Con el tiempo lo fui trabajando y lo fui madurando". 


DESDE OTRO LUGAR

Como ya se dijo, la relación de Gloria de la Vega con la música es tan intensa como natural. Nace con ella y camina sus mismos pasos como el agua transcurre por el curso del río. Sin embargo, no todo es música en la vida de esta mujer que, además es mamá y docente. "Jugábamos cuando éramos chicas a ser maestras", cuenta cuando se le pregunta por su decisión de ser Maestra Jardinera, cuestión que vincula además a la "cercanía de los docentes, el trato de los docentes, la cuestión más humana". 

"Me recibí de maestra jardinera y trabajé en varios jardines, con diferentes contextos. Después me relacioné con un sindicato docente, fui delegada gremial. Esas vivencias se van conectando" afirma. No obstante, e inevitablemente, la música seguía allí, aunque en un segundo plano. "Corté a los 19, 20 años y volví a los 25", recuerda. Y ese regreso a su primer amor la devolvió a la vida. "Sentía que no estaba bien conmigo misma. Quería volver a cantar, no podía estar un día más sin cantar y así fue como empezamos. Armamos la banda, volví a los certámenes. Sabía que si no cantaba me estaba muriendo por dentro. Me estaba apagando". 


Esa certeza es la misma que le permitió, en su momento, discernir hacia dónde quería llevar su vínculo con las melodías y el canto. "No quería estudiar música; siento y sigo convencida que a la música la vivo desde otro lugar, no desde lo académico. Sí creo que es fundamental la formación vocal, técnica, pero nunca me interesó ingresar en el Profesorado. Construyo la música desde un camino más popular y creo que todo lo que construí y me hace ser esto que soy es lo que fui cantando en las chayas. No fui ni soy una artista sólo de los escenarios, me metí en los barrios y siento que eso es el alimento permanente de lo que yo canto. Si me alejo de eso, siento que pierdo la esencia. Soy feliz cuando canto, como un pájaro cuando vuela; es imposible que mi vida esté alejada de la música". 


EL CANTO, ESE VIAJE

Gloria de la Vega se define como una creyente en la "conexión con la tierra, con las energías, con el cosmos". También está convencida de que "hay un hilo de amor, una búsqueda, ese deseo profundo, una pulsión" que le permite seguir soñando como cuando tenía 15 años y comenzaba a trazar su recorrido con la música, ese viaje tan particular. Ese anhelo constante, precisamente, es el que le ha permitido también inscribir su nombre en el firmamento de las referentes ineludibles de nuestro folklore, aunque con la misma naturalidad con que la música corre por sus venas. "Creo que nunca tuve la consciencia de mi nombre, nunca me senté a pensar tanto en eso, se fue dando de una manera natural", cuenta cuando se le pregunta por su evolución como cantante hasta el día de hoy, donde su identidad resuena con fuerza.

"Fuimos a México, a Cuba, todo muy ligado siempre a la educación, y la cultura popular se daba dentro del mismo ámbito. Sentíamos que teníamos que estar, porque la música aporta a las organizaciones populares. Y eso nos llevó también a otros países como Brasil Chile o Bolivia. Todo está muy relacionado. Y a medida que vamos haciendo ese camino nos vamos conectando con la gente, inevitablemente te encontrás, vas buscando lo mismo que otras personas". 

En este punto, Gloria siente y está convencida de que "la causa es mayor; la consciencia colectiva identitaria es superior y hay que ponerle el cuerpo". Por eso destaca también la participación, junto a otras cantantes riojanas, en Cantoras.ar. "Se trata de un disco federal que une a todas las mujeres de todo el país; tenemos una participación muy importante las mujeres riojanas y eso define también la pujanza de las mujeres cantoras".

De allí que surja también con fuerza su proyectarse siempre un poco más allá. "Me gustaría que mi carrera se expanda hacia Latinoamérica y en ese contexto pienso en la posibilidad de irnos; me iría y volvería, porque de solo pensar en irme de mi tierra ya me duele. Entiendo desde ese lugar cuando Ramón (Navarro) escribe sobre la nostalgia. Me pongo en la piel de las personas que se fueron y debe ser muy difícil. Pero sí, me gustaría que mi carrera se expanda. He construido lazos con gente de algunos países latinos y en México; admiro a algunas de las mujeres que están haciendo cuestiones cimentadas, genuinas, como Lila Downs o Mon Laferte en su género. Creo que hay una batalla cultural poderosa, en el sentido del afianzamiento de las identidades, en la descolonización que necesitamos para saber quiénes somos; no tenemos que cansarnos. Esa es la proyección que yo me imagino y que lo poquito que hayamos podido hacer sirva para las personas que quieran tomarlo".