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Martes 21 de Septiembre de 2021

Encuentro

En el nombre de la palabra

Dicen por allí que lo que no mata fortalece. Y que no hay mal que por bien no venga. Sin embargo, pocas veces pueden resultar estas afirmaciones populares tan reales y elocuentes como cuando reúne la poesía, la palabra, el decir colectivo como abrazo y las manos extendidas como señal de encuentro. Las manos del escritor. Las manos de don Héctor David Gatica, agigantando su leyenda.

09-9-2021 21:19
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Escribe FERNANDO VIANO


¿Cómo se construye un mito? ¿Cómo se da vida a una leyenda? ¿Cómo se escribe la historia que leeremos mañana? ¿Quién la escribe? ¿Quién le da forma a lo que con el paso del tiempo se tornará sustancial e imperecedero en nuestras memorias? ¿Quién determina los hitos que estudiarán las futuras generaciones? ¿Dónde quedarán los hechos que nos trascienden, aún cuando seamos parte? Muchas son, sin lugar a dudas, las preguntas que pueden formularse en torno a ciertos fenómenos que, en algunos casos, se tornan inexplicables o carecen de raciocinio, como cuando aún en los estertores de un fenómeno tan particular y extraño como la pandemia de coronavirus, un nombre, una voz, se vuelve espacio para el encuentro, para el reencuentro, para -en definitiva- el volver a ser.

En el nombre de la palabra. Así es como el fundamental escritor riojano Héctor David Gatica concibe y agiganta su mito, su leyenda; esa figura que se engrandece, aún en la fina delicadeza de una humanidad que -habiendo atravesado 85 años ya- se resiste a los embates de un tiempo caprichoso, que se empeña en las distancias, en los aislamientos, en las separaciones. Y es que nada hay más opuesto a las distancias, los aislamientos y las separaciones que la palabra de un hombre que construyó y construye su vida a partir del decir colectivo como abrazo y las manos extendidas como señal de invitación al encuentro.

Las crónicas dirán, dentro de algunos, años que un viernes 3 de septiembre de 2021, en la Biblioteca Mariano Moreno de la capital riojana, Héctor David Gatica dio a conocer tres obras: "Yo estuve en Villa Nidia", "Geografía poética de América" y "Cosechando distancias". Las crónicas dirán, también, que ese encuentro marcó el regreso a la presencialidad, en un contexto en el que aún determinaba la pandemia el pulso de las actividades con público. Y que hubo poesía. Y que hubo música. Y que hubo emociones. Y que hubo el latido de muchos corazones avivando la llama de una historia que será contada cuando el tiempo y las circunstancias así lo requieran. O, tal vez, ahora.

NOCHE ÉPICA

Fue, aquella noche, una noche épica que encendió sus luces cuando apenas anochecía en la peatonal 9 de Julio y las puertas de la Biblioteca Popular Mariano Moreno se abrieron a la renovación del abrazo. La convocatoria de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) La Rioja Filial Ariel Ferraro, en nombre de Gatica, fue la excusa perfecta para dejar salir, a flor de piel, los deseos de poesía por tantos meses guardados en los anaqueles de lo inexplicable que puede resultar todo lo insólito que nos tocó vivir durante este lapso de pausa asombrosa. El volver a cruzar las miradas, como un anhelo inquebrantable y las sonrisas detrás de un barbijo, acuñando las nuevas formas de reconocernos, a medias los rostros, pero completas las sensaciones.


David Gabriel Gatica, Pablo Esteban Gatica y Ramón Guerrero en la presentación de "Yo estuve en Villa Nidia".

Fue precisamente el presidente de SADE La Rioja, Ramón Guerrero, quien realizó la apertura del acto a través de la presentación del libro "Yo estuve en Villa Nidia", obra que reúne entre sus páginas las colaboraciones de 19 autores que formaron parte del Encuentro de Poetas Ariel Ferraro, que tuvo lugar en la ya mítica Villa Nidia y que se concretó gracias a la convocatoria de Héctor David Gatica, dando lugar así a otro de los hechos que serán largamente recordados, muy especialmente por quienes dejaron allí su testimonio poético y hoy forman parte también de lo imperecedero de la existencia más allá de la existencia misma.

Por caso, el encuentro en la Biblioteca Mariano Moreno fue también una muy buena ocasión para recordar a otro de los artistas fundamentales que pasaron por esta tierra dejando su huella, su marca, su obra y su palabra. Pablo Esteban Gatica y David Gabriel Gatica trajeron a la sala al inolvidable Martín Ptasik (fallecido a finales de 2020), que no sólo formó parte de aquel encuentro en Villa Nidia, sino que fue parte de la vida de Héctor David Gatica, a quien supo documentar en un par de ocasiones y acompañar en tantas otras. 


Teresita Flores, Héctor David Gatica y la secretaria de Culturas de la Provincia, Patricia Herrera.

"Martín Ptasik es una persona muy difícil de clasificar y colocar dentro de algún rótulo; escapa a los moldes previsibles por su singular capacidad de haber realizado las más disímiles tareas artísticas y periodísticas pero aún así, todas sobresalen por su calidad, es un creador innato de formatos y de mensajes. Poeta de excelencia con tres libros publicados y también escritor de cuentos, realizador de videos documentales y cortos  de ficción con una estética muy cuidadosa y un mensaje de honda reflexión, conductor de programas culturales o de política e información cultural tanto en radio como en televisión realizados con mucha inteligencia y compromiso social; fue docente en la carrera de Locución del ISER; y de a ratos, actor de cortos de cine y hasta artesano en madera y vidrio en algún momento de su vida. A pesar de haber nacido en San Martín de los Andes (provincia de Neuquén) sus casi treinta años de vivir  en La Rioja y el hecho de haber recorrido durante siete años la provincia en su totalidad conduciendo la combi del recordado "Cine Móvil" de la Secretaría de Cultura cual si fuera su caballo "Rocinante", lo han transformado en un riojano de profundo amor por esta región que no descansa, una especie de 'caballero andante' de la cultura y el periodismo riojano", definió Pablo con notable precisión al hablar de Ptasik. Luego, fue la poesía del propio homenajeado, en la voz de David Gabriel, la que le puso un broche mágico a esa primera instancia de un encuentro que ya había ganando en emociones. 

La música vino después, en esa clara conjunción que siempre proponen la poesía y las melodías. Nicolás Eleázar Arabel fue el encargado de poner las palabras en canciones, en una especie de presagio de lo que vendría minutos más tarde, cuando el propio Héctor David Gatica se hizo dueño -una vez más- de la voz que habita y llena todos los espacios.  

Dicen por allí que lo que no mata fortalece, y así lo dejó en claro el esencial escritor riojano. 85 años después, afección cardíaca (una más) y Covid-19 mediante, se lo pudo ver tan firme como a uno de esos árboles a los que suele ponerles nombre como un testimonio de agradecimiento a la amistad compartida y al coraje de hacerse resistencia, herencia vital en el interior profundo, donde la carencia abruma y la necesidad hiere junto a los cardones.  

Prodigiosa memoria la del escritor que, micrófono en mano -como si se tratara de un megáfono hacia los confines del cielo-, lanzó su hipnótica presentación, potenciada en lo sublime de su palabra (apaciguada durante casi dos años), de su decir, con un recitado digno de quedar grabado en las memorias de lo imperecedero, atravesando de punta a punta de su propia historia hechos y autores que marcaron su acercamiento a la literatura, como si de un viaje se tratara. Y es que de un viaje se trata, en realidad, el derrotero que viene haciendo y que no termina ni terminará, porque su legado, en el nombre de la palabra, perdurará más allá de todo espacio, más allá de todo tiempo.