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Martes 21 de Septiembre de 2021

Historia de vida

Es gasista, le sacaron su trabajo por ser mujer y ahora ella ofrece empleo

Ejerce como gasista desde 2003 y fue discriminada de un trabajo por ser mujer. Su historia cobró notoriedad pública por un tuit. Hoy es ella quien ofrece empleo.

14-9-2021 23:16
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Patricia Torres tiene 53 años y vive junto a su hija en el barrio Villa Zapiola ubicado en la localidad Paso del Rey, Moreno. Desde el 2003 ejerce como gasista matriculada, oficio al que llegó "sin querer". Ya en la secundaria quería ir a la escuela industrial y tenía muy clara su vocación.


Su historia se viralizó por su hija, quien decidió contar la discriminación que sufrió en su trabajo: "Mi mamá es gasista matriculada. La recomendada para un trabajo pero cuando atendió el cel, se dieron cuenta que es mujer, le preguntaron si sabía lo que era un caño y si estaba capacitada. A los minutos, le dijeron que no necesitaban de su servicio".


En cuestión de minutos, el tuit de @lachicatowers se viralizó y los mensajes de solidaridad no tardaron en llegar para su mamá. Le llegaron mensajes ofreciéndole trabajo, pero también pidiendo por él, dado que a raíz de la enorme repercusión del caso, Patricia decidió retomar su emprendimiento de coordinar grupos de profesionales para diferentes trabajos.


Mi mamá es gasista matriculada. La habían recomendado para un trabajo pero cuando atendió el cel, se dieron cuenta que es mujer, le preguntaron si sabía lo que era un caño y si estaba capacitada.


A los minutos, le dijeron que no necesitaban de su servicio.

"No estaba muy visto que fueran mujeres a la Industrial, había muy poquitas. Yo me capacitaba para ser personal de venta intangible, que era para gas natural, y ya tenía la parte comercial entonces decidí ir por la parte técnica. Así empecé a estudiar e hice el curso de gas", cuenta Patricia a Clarín.


Patricia comenzó a estudiar en 1998 y en 2003 comenzó a trabajar para el Consejo escolar de Moreno como representante técnica y gasista matriculada. Era la única mujer. "Cuando estudiaba, éramos cien alumnos, de los cuales cuatro eran mujeres y solo dos nos recibimos. Para ellos era una novedad, para mí no, porque era lo que me gustaba hacer", cuenta con una sonrisa.


Desde ese entonces en adelante, trabajó en un centenar de obras y proyectos, pero siempre bajo el recelo de los hombres, que muchas veces le hicieron pagar derecho de piso.


"Me pasó muchísimo que me sacaran el trabajo y se lo dieran a otros matriculados. Yo lo naturalicé, es más, bajaba la cabeza por miedo a decir algo y quedar como barullera, y no me den más obras", relata Patricia.


Discriminación por género

Fue esta desagradable situación que tuvo que pasar Patricia la que hizo abrir los ojos y comenzar a defender su fuente laboral. Patricia estaba esperando un llamado por una asociación que tenía pérdidas de gas, como el llamado demoraba, decidió ella levantar el teléfono y marcar.


"Cuando llamo, piden por el gasista, yo le digo la gasista soy yo y me dice 'pero sos mujer' entonces le digo 'sí, soy mujer' y titubeo va, titubeo viene ... Yo me quedé cortada, pero lo que me desconcertó fue cuando me preguntó si yo tenía idea de lo que era un caño. Es la primera vez, de todas las barbaridades que escuché en mi vida, en estos 20 años de gasista… eso fue too much", relata con angustia Patricia.


"Y le dije que sí, y siguió diciéndome 'y pero el caño va por el piso'. '¿Y estás capacitada? Este es un trabajo muy grande', me dice. Entonces yo le digo que estoy acostumbrada a hacer obras en colegios donde hay 40, 50 artefactos. Le ofrecí mostrarle los certificados de obra", detalla la gasista a Clarín.


"Le digo, '¿usted tiene un plano?'. 'No, me vas a romper todo', me dice. Palabra va, palabra viene. Yo le mentí, le dije que me había hisopado y que estaba esperando el resultado, y me dice 'bueno, bueno'. Ahí se terminó la comunicación y enseguida me manda un mensaje diciéndome que ya había tomado un otro matriculado", recuerda Patricia.


Su primera reacción fue reírse. Patricia no podía creer lo que le estaba pasando. Le estaban negando, nuevamente, un trabajo por el simple hecho de ser mujer . Su hija escuchó la situación y le dolió, y fue en ese instante en que tomó el celular y tuiteó.

Desnaturalizar la desigualdad


El tuit fue la punta de un iceberg que visibiliza la enorme desigualdad que hay entre hombres y mujeres en el campo de trabajos manuales. A raíz de aquel mensaje, grupos de mujeres gasistas, mujeres albañiles, electricistas y de múltiples asociaciones de gas que se solidarizaron con ella.


Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Patricia conoció el feminismo a través de su hija , quien se dedica al rubro de la comunicación digital, y entendió que no era "natural" que la dejaran sin trabajo por ser mujer.


"Ahora me parece que el panorama para las mujeres está más abierto. Cuando yo arranqué, era raro. Yo creo que la misma mujer se está haciendo respetar más y lo veo a través de mi hija porque para mí lo que me pasó era una tontería, para mí era normal, y para ella no y así es la nueva generación, los millennials, que por lo menos no se dejan faltar el respeto", reflexiona.



Rearmarse y salir adelante

"A partir de esto, empecé mi emprendimiento porque cuando fue la pandemia, me quedé sin trabajo porque no podíamos movernos a ningún lado, y sobreviví gracias a la ayuda económica de mi hija", cuenta con tristeza al recordar aquellos meses de inactividad.


Su hija fue quien la ayudó a comenzar con su proyecto. "Ahora soy @mujergasista en Twitter y en Instagram. La idea es poder ir armando equipos para poder generar trabajo. Me llegaron miles de mensajes, todavía tengo como mil sin abrir", cuenta con una sonrisa.


Patricia realiza instalaciones domiciliarias y también es proyectista de obras por su experiencia en proyectos escolares. Ahora, ve un futuro más alentador donde espera que la situación desagradable que ella tuvo que pasar, no la pase ninguna mujer más.

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Helueni