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Martes 11 de Mayo de 2021

Por Roberto Elissalde

Historia. Por Roberto L. Elissalde

Miguel Cané (padre), Cora y la fiebre amarilla en Montevideo

La enorme fama del hijo, gracias a la obra Juvenilia, es uno de los raros casos en los que se debe aclarar "la filiación del vástago del mismo nombre", aclaraba Angel de Marco.

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En el bicentenario del nacimiento del primer Miguel Cané en abril de 2012, el doctor Miguel Ángel De Marco afirmaba acertadamente:

"La fama literaria de su hijo, asentada en una producción menos vasta pero signada por el éxito de un libro que nutrió la emoción de varias generaciones de argentinos, Juvenilia, hizo que para distinguir al primero se rompiese la regla habitual de aclarar la filiación del vástago del mismo nombre".

Nacido en San Pedro, en la estancia familiar, pero frecuentó las aulas del Colegio de Ciencias Morales y la nueva Universidad porteña, amigo de Alberdi desde siempre formó parte de la Asociación de Mayo. Vicente Fidel López en su Autobiografía recordó que siendo él estudiante de derecho, se reunió con otros compañeros en la casa de Cané y organizaron un centro que se llamó Asociación de estudios históricos y sociales.

Emigró a Montevideo, donde ejerció la abogacía. Además la Gaceta Mercantil anunciaba en enero de 1839: "Hay también aquí un club que se titula de Románticos y sansimonianos. Alberdi es el presidente y cuenta en su seno a Andrés Lamas, Miguel Cané y un francés… Los tres primeros viven juntos" y eran colaboradores de "El Nacional". Colaboró asiduamente en los diarios de la época, activo opositor a Rosas, sus artículos sobre distintos temas revelan su amplia cultura, bien definida por su biógrafo Manuel Mujica Láinez como "un romántico porteño" y también por varias novelas.

Allí formó su hogar con Luciana Himonnet en ese año de 1839, del que nacieron Jacinto y Mariano Cané; ella falleció en 1847 y hondo fue su desconsuelo. Al poco tiempo por recomendación de sus médicos y amigos partió a Europa donde recorrió Francia e Italia. De regreso casó en mayo de 1849 con Eufemia Casares matrimonio del que nacieron Justa en 1850 y Miguel en la vecina orilla al año siguiente, mientras se encontraba en Europa. Su vida transcurrió entre Buenos Aires y Montevideo, alentado y desalentado por la política de su tiempo.

Falleció en Mercedes (Provincia de Buenos Aires) el 5 de julio de 1863. Una de los diarios destacó que su pluma "fue consagrada a la defensa del derecho, literato profundo, brilló en los certámenes de la inteligencia, y sus romances, obra de sus horas de recreo y recibidos con el más marcado interés, le han conquistado un nombre de línea entre los primeros novelistas americanos". Con el andar del tiempo su nombre se diluyó en el olvido con la gloria de su hijo en "Juvenilia" que recuerda al Colegio Nacional al que debía acceder "tres meses después de la muerte de mi padre; la tristeza del hogar, el espectáculo de constante duelo, el llanto silencioso de mi madre, me hicieron desear abreviar el plazo, y yo mismo pedí ingresar tan pronto como se celebraran los funerales". Y aunque es necesario explicar quien es cada uno, "el homónimo es la llave de oro que le ha dejado para que abra todas las puertas".

Entre los numerosos trabajos de Cané, hay uno que resulta de especial interés y trata la epidemia de fiebre amarilla que asoló Montevideo en 1858. 

La primera epidemia de fiebre amarilla en el Río de la Plata sucedió en febrero de 1857 en Montevideo. Todo hace suponer que algunos contrabandistas violaron la cuarentena impuesta a los barcos arribados de Brasil con enfermos a bordo. El mal se esparció con rapidez en la vecina capital y causó 888 muertos, según el doctor José Luis Molinari, cifra muy elevada atento a la población de 15.000 habitantes. Las familias pudientes se alejaban de la ciudad en busca de la posible salvación como sucedió en casos similares (cólera 1867-1868) – (fiebre amarilla 1871) en Buenos Aires. El Comercio del Plata fue crítico de los lugareños y sus agasajos a los recién llegados, la vida sucedía entre bailes, tertulias y abundantes banquetes olvidando el terror de la capital.

Esto sirvió como argumento para Cora o una partida de caza, dedicado a Corina Madero que se desarrolla en la Banda Oriental, de la que no es fácil conseguir un ejemplar, aunque existe uno según la estudiosa Beatriz Curia en la Biblioteca del Congreso de la Nación en la colección de Juan María Gutiérrez. La obra que ella publicó son pocas páginas y sería recibida sin duda con interés por el público rioplatense que la Academia Nacional de Letras, el Instituto Histórico y Geográfico y la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina en común, tratando el aspecto literario, histórico y médico del momento, en la Biblioteca de Clásicos Uruguayos dieran a conocer ese pequeño volumen, especialmente en tiempos en que se dan circunstancias tan particulares; que muestra la vida entonces en aquella ciudad.

El autor ubica al personaje en los primeros párrafos:

"La epidemia hacía prodigios en Montevideo y Cora, como otras tantas señoritas, había seguido a sus padres al campo", ella hija de Mr. Plick, "antiguo negociante norteamericano, establecido en Montevideo desde su infancia".

Se trata de una partida de caza, donde aparecen distintos personajes, un gran almuerzo criollo, algunas diversiones tirando una moneda al aire e intentando acertar en ella, etc. No faltan tampoco excelentes descripciones y una historia de amor con Conrado, pero dejemos el suspenso de los detalles, y vayamos a los dos párrafos finales:

"Algunas semanas después se descubrían en un balcón del Teatro de Colón de Buenos Aires, en una representación del Trovador, por la Lorini, la Casaloni, Tamberlik y Cima, tres personas de tipos notablemente diferentes: un anciano de una cabeza nevada, ojos negros y cutis color de rosa; una joven de cabello dorados, ojos azules rasgados como los de las gacelas, nariz aguileña como la de la Cleopatra del Guido Reni y un hombre de cuarenta años más o menos, cuya fisonomía delataba a gritos la raza actual de la América del Sud".

    "Eran Cora, el Señor Plick y Conrado, que se habían refugiado en la espléndida Buenos Aires, huyendo de los peligros de la epidemia que enlutan a la noble Montevideo".

El autor es historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.


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