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Martes 03 de Agosto de 2021

Por Luis Robledo

Por Luis Robledo. Vicente Almandos Almonacid, de Anguinán

Un nombre conocido, una historia ignorada

Prácticamente desconocido para generaciones de comprovincianos, pocos saben detalles de su vida estudiada por historiadores que rescatan sus aportes a la aviación, tanto en la evolución tecnológica incipiente de principios del siglo pasado, como en el plano empresarial por su tozudez de fundar la primera empresa aérea nacional, antecesora de Aerolíneas Argentinas.

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Vicente Almandos Almonacid¸ un riojano de Anguinán con ancestros de Chuquis, que en su provincia natal es solo el nombre de un aeropuerto, una plazoleta, una calle, en Europa es héroe de la primera guerra mundial, laureado e inmortalizado en el Arco de Triunfo de París, pionero de la aviación comercial Argentina, y el primero en cruzar la Cordillera de los Andes en vuelo nocturno.

Prácticamente desconocido para generaciones de comprovincianos, pocos saben detalles de su vida estudiada por historiadores que rescatan sus aportes a la aviación, tanto en la evolución tecnológica incipiente de principios del siglo pasado, como en el plano empresarial por su tozudez de fundar la prime empresa aérea nacional, antecesora de Aerolíneas Argentinas.

Información sobre el Cóndor Riojano no falta. Con sólo consignar su nombre en Google decenas de artículos y reseñas de su biografía están al alcance de quién quiera conocer detalles de una vida de aventuras e ingenio, pero justamente ese interés no es evidente en su provincia natal, salvo honrosas excepciones como la de Alilo Ortiz y de Edgardo Gordillo que han efectuado notables aportes, fuentes de información obligadas. 

Una publicación efectuada por Jose Antonio Casas, y el extracto de una conferencia de Alberto Gonzalo Allende Iriarte, son las bases de esta reseña de la vida de Vicente Almandos Almonacid que publica Nueva Rioja, rescatando del olvido y del desconocimiento lo hecho por este "personaje de romántica y aventurera vida" al decir de uno  de sus seguidores.

Nacido en Anguinán, Chilecito, el 24 de Diciembre de 1882,  falleció en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1953. Hijo de Vicente Almandos Almonacid y de Esmeralda Castro Barros, sobrina del egregio chuqueño Pedro Ignacio de Castro Barros. Su abuelo paterno fue el coronel Lino Almandos, que luchó contra el Chacho Peñaloza y Felipe Varela.

Su padre fue escribano público y precursor de la minería riojana, en 1869 nombrado ministro de gobierno del gobernador de La Rioja Benjamín de la Vega, luego ocupó diversos cargos con los gobernadores Pedro Gordillo y Rubén Ocampo. 

Fue elegido gobernador de La Rioja militando en las filas de Alsina, el 27 de Junio de 1877, hasta junio de 1880, luego designado juez de paz. Falleció en la capital provincial en 1891, dejando a su familia en precaria situación económica; por lo que su madre se vio obligada a mudarse junto a su hijo de seis años de edad a Buenos Aires. 

En la capital argentina, Vicente cursó sus estudios en el Colegio Nacional, e Ingresó a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresó con el título de ingeniero.

En 1913 construyó un aeroplano al que denominó El Aeromóvil, pero su proyecto se frustró cuando se decidió que su producción industrial en el país no era conveniente. Ese año emigra a Francia, patenta su avión y obtiene licencia como piloto aviador internacional el 3 de Octubre de 1913., en vísperas de la Primera Guerra Mundial. 

En agosto de 1914 Francia entra en guerra con Alemania, y el aviador riojano se inscribe en la incipiente Fuerza Aérea gala, con pericia y valor que le permitieron ser considerado en  un as en las batallas aéreas, participando en misiones de bombardeos nocturnos, siendo ascendido hasta llegar al grado de capitán y condecorado con las máximas menciones.

Al finalizar la guerra regresa a Buenos Aires, escoltado por una cuadrilla aérea francesa, siendo recibido con honores de héroe y aclamado por la gente que asiste a saludarlo a su paso por avenidas céntricas.

Al poco tiempo conoció a Lola Güiraldes hermana de Ricardo Güiraldes, autor de "Don Segundo Sombra", con quien se casó en 1920, y por invitación de Joaquín V. González pasaron su luna de miel en la casona de Samay Huasi, próxima a Chilecito. Tuvieron cuatro hijos y se separaron en 1932.  

En 1920 cruza la Cordillera de los Andes en un avión que le donó Francia para que cumpla la hazaña de cubrir el primer vuelo nocturno transcordillerano, con la idea de formar una empresa aérea que recién logra conformar años después, la Aeropostal Argentina, antecesora directa de Aerolíneas Argentinas, en la que volaron avezados pilotos tales como Antoine de Saint Exupery, autor de la icónica obra El Principito.

En 1932 el riojano voló como piloto de guerra para Paraguay, en la guerra que disputó con Bolivia, ayudando a organizar la fuerza aérea guaraní, recaudando fondos para la compra de aviones mediante la venta de artículos de su propiedad. El conflicto se inició por territorios en disputa, que finalmente recuperó Paraguay.

No solo condecoraciones y medallas recogió Vicente Almandos Almonacid, el afecto de la gente a lo largo de su vida quedó también inmortalizado en tres tangos escritos en su memoria: "Vuelo Nocturno", de Domingo Salerno; "No seas… riojano, ché". escrito en 1908 por Ozélah de Smithe¸y una milonga para piano de Agesilao Ferrazzano titulado "Almonacid".

Las letras no le fueron indiferentes, y en 1934 publicó el libro de poemas Estrofas, editado por Jacobo Peuser. 

El nombre de Almonacid está escrito en el Arco de Triunfo de Paris, como héroe nacional de la Primera Guerra Mundial. 

En su patria, en 1994 y durante la Presidencia de Carlos Menem, el helipuerto presidencial ubicado en la avenida Huergo y De La Rábida de la Ciudad de Buenos Aires se le impuso el nombre de Vicente Almandos Almonacid. 

También lleva ese nombre, desde 1972, el aeropuerto de La Rioja, al igual que la plazoleta de Libertad y Santa Rosa y de una calle del barrio Independencia, en su Chilecito Natal.

Las formalidades del reconocimiento a Vicente Almandos Almonacid están hechas en La Rioja, pero si se debe cumplir en rigor la cita de epitafios referida a que siempre vivirá en el recuerdo de su gente, poco queda de su existencia en el común de los comprovincianos.

La Rioja no lo recuerda y relativamente pocos lo conocen, integrando la nómina cada vez más grande de riojanos trascendentes que languidecen en la memoria colectiva, que paulatinamente sepultas historias notables.


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