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Martes 26 de Octubre de 2021

Por Mariano Armagnague

Reflexión.

Bill Gates se equivocó

Una reflexión sobre la actualidad de los diarios y el papel que juegan en la actualidad, en el 62º aniversario del diario El Independiente.

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Cuando el mundo se detiene por la falla global de algunas redes sociales, un hecho en apariencia banal pero que tuvo repercusiones interminables y efectos reales sobre casi todas las actividades, cabe preguntarse qué pasa en el siglo XXI con la comunicación y, en particular, con los medios tradicionales. 

La falla masiva de WhatsApp, Facebook e Instagram nos llevó a pispear en las entrañas del sistema y enterarnos sobre enrutadores locales, tráfico de red, centros de datos, protocolos y otros términos de la jerga tecnológica que, para el público en general, son insondables. Durante largas horas, todos miramos con ansiedad nuestros teléfonos celulares para chequear si volvían a la vida las benditas aplicaciones, que demoraban y demoraban en reaparecer.

Mientras tanto, para obtener información al respecto –y, quizás también para matar el tedio de tanto tiempo sin socialización virtual– las audiencias concurrieron masivamente a los portales y sitios informativos, como las de nuestros propios medios.

¿Significa esto que nuestras ediciones digitales son apenas la opción ante una debacle mundial de redes sociales? Es una realidad que la gente, cada vez más, elige las nuevas plataformas para informarse, aunque mucho de lo que allí se publica es de dudosa veracidad y de fácil manipulación. Sin embargo, está probado que cuando alguien busca información certera y precisa sobre algún tema relevante, prefiere aquellos sitios reconocidos por su trayectoria y su seriedad, como los de los diarios.

Cambia, todo cambia. Estamos desde hace décadas en un proceso en el que las pantallas tienen más protagonismo, aunque sean cada vez más pequeñas; el desafío que en los 2000 representaba para los medios gráficos la aparición de las computadoras, evolucionó hasta el mágico aparatito que cabe en la palma de una mano, saca fotos, administra mails, nos vincula con amigos, incluso nos indica el camino en el auto y, entre tantísimas cosas más, ¡nos deja hablar por teléfono! Ese aparatito en el que, seguramente, usted lector está siguiendo estas líneas, porque se lleva más del 80 por ciento del tráfico de Internet.

En este panorama, parece pasada de moda la manera de "navegar" entre las noticias pasando enormes páginas entre pliegos de papel que no se actualizan automáticamente ni cambian el contenido a cada rato. Pero pido permiso para explicar algo al respecto.

Hay una vieja anécdota que data de finales de los noventa, tiempos en los que la amenaza del Y2K nos tenía preocupados. (Los de la Generación Z, acudan a Google para saber de qué se trata.) Cada vez que se habla de los diarios y su supervivencia, es una historia que vale la pena contar.

Cuando se iba el segundo milenio, llegó de parte de uno de los principales referentes del mundo tecnológico de ese entonces una sentencia irrefutable. El poderoso creador de Microsoft, Bill Gates, ya cultivaba la costumbre de pronosticar el futuro, como sucedió recientemente cuando le puso fecha exacta al fin de la pandemia.

En aquel momento, auguró que para el año 2000 ya no iban a existir los diarios. Semejante admonición creó pánico entre los editores, que en sus reuniones hacían largos debates para evitar darle el gusto al inventor de Windows. La irrupción de las ediciones on line, que producían menos recursos que el papel pero eran una demanda creciente de las audiencias; la distribución de newsletters –que hoy volvieron a la vida-; los altamente desconfiables pero atractivos blogs; el periodismo ciudadano en boga, todo hacía parecer que el control de la información se alejaba cada vez más de los medios tradicionales. Y muchas de esas discusiones siguen hoy vigentes.

Pero no, los diarios no desaparecieron y, además, gozaron de varios años de buena salud, aunque se encuentren en una leve pendiente que hace que su circulación adelgace progresivamente. La pandemia fue un enorme obstáculo, el más grande y repentino de los últimos años, que afectó la relación con los lectores del diario en papel, que lentamente tratamos de recuperar.

Lo que sigue intacto en los diarios es la importancia de la edición impresa, que tiene un peso indiscutible en la agenda periodística y es el origen del buen nombre y el prestigio de una marca, que se derrama sobre el resto de los productos noticiosos. 

Esto tenemos en común los diarios de cualquier parte del mundo y, en este caso, compartimos NUEVA RIOJA y El Independiente, que hoy llega a sus 62 años de vida. Para un país en el que apenas se puede planificar a meses vista, superar las seis décadas es un logro inusual y satisfactorio. 

A pesar de todos los inconvenientes que trajo, la pandemia nos dio la oportunidad de sentarnos a una mesa, dialogar y coordinar una colaboración que se cristalizó en el Polo Gráfico Provincial, que compartimos además con Diario Chilecito, gracias al apoyo del gobernador Ricardo Quintela. 

Comenzamos a transitar así un camino en el que se mantiene la competencia por los contenidos y la calidad, a la vez que sumamos esfuerzos para sostener y hacer crecer nuestros diarios, en la convicción de que, cuantas más voces, mayor pluralidad informativa.

Va entonces el saludo a todo el equipo de El Independiente por este nuevo cumpleaños y el deseo de que, cada 12 de octubre en su caso, y cada 17 de marzo en el de NUEVA RIOJA, podamos decir una vez más: Bill Gates se equivocó.


*Director periodístico de Nueva Rioja


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