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Martes 07 de Diciembre de 2021

Por Juan Alberto Yaria

Pensamientos

Hacia un mundo in-feliz y el suicidio

Una reflexión sobre la actualidad, a partir de la novela "Hacia un mundo feliz", de Aldous Huxley.

First slide

El mundo in-feliz alude a la novela de Aldous Huxley escrita en 1932 y que tiene máxima actualidad titulada "Hacia un mundo feliz" que se torna en "invivible" entre las tecnologías que invaden y rompen la base de las intimidades y los encuentros, las técnicas de clonación, la desaparición de las familias, el descredito de las religiones y de las vías de la espiritualidad, la hipersexualización de los vínculos sin compromiso, desaparición de la libertad, la propiedad privada, los autoritarismos de todo tipo, la diversidad cultural, promoción de la poligamia, desaparición de la filosofía, el arte y el amor. La educación en Huxley queda suplantada por la hipnopedia (reciben los niños repetidamente consignas que generan marcos de conducta). Incluso con controladores que siguen estas pautas desde esferas de este Poder.

Todo esto resulta ser una forma de adoctrinamiento para asegurar el Poder. El individuo es propiedad de la Sociedad. El consumo de drogas es aceptado y obligatorio. La sociedad para seguir debe ser manipulada. Los que no aceptan este orden viven en "parques temáticos" aislados manteniendo la monogamia, la familia, la libertad, etc. Pero son una "rara avis" en este mundo de hipercontrol. 

El atisbo de este mundo in-feliz que predice la novela se ve hoy en nuestras salas de emergencia y en la consulta en Gradiva. Me sorprendió el dolor de una alumna cuando me relata la cantidad de suicidios en barrios y ciudades de Santa Fe; esto me estimuló a estudiar y ver este fenómeno porque yo también lo vivo en mi tarea clínica. La estimulé a cuidarse del burn-out (agotamiento emocional) y le dije como hacia yo para vencer y salir renovado ante tanto dolor de muerte.


El suicidio marca de este mundo infeliz

El suicidio es una marca de nuestros tiempos. Jóvenes, púberes se matan. Según estudios de UNICEF "El suicidio en la adolescencia -situación en la Argentina "(2016) el suicidio constituye la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años (MSAL -2016). De todas maneras, por las peculiaridades de la Argentina y como resultado de la pandemia si se hicieran hoy estudios esto aumentaría drásticamente. En el grupo de 15 a 19 años la mortalidad es más elevada alcanzando una tasa de 12,7 suicidios cada 100 habitantes siendo la tasa en varones de 18,2 y en las mujeres 5,9. Desde principios de la década del 90 hasta la actualidad la mortalidad por suicidio adolescentes se triplicó considerando el conjunto del país (MSAL -2016) con ahorcamiento, sobredosis de drogas, envenenamiento, uso de arma de fuego y contextos con progresiva ruptura de lazos y vínculos sociales y familiares.

Se detectaron falta de referentes significativos en la vida familiar, inexistencia de esta, perversión de familiares, uso de los hijos para robos o prostitución, negación y ocultamiento del consumo de drogas, violencia, abuso, abandono, etc.

Barcelona ha colocado un teléfono de 24 hs. de Prevención del suicidio; en un verdadero Plan de Salud mental se ofrecen escuchas y profesionales que se acerquen al suicida para que se sienta acogido (dice el programa) o sea "arropada" frente a la intemperie que vive. Un equipo de psiquiatras, psicólogos está presto a cualquier hora del día para actuar; lo importante dice el programa español es "que cuando alguien piensa en la muerte tenga alguien a quien comunicárselo".

En Barcelona el suicidio es la primera causa de muerte entre los 15 y 44 años. En España el 15% de los españoles ha tenido ideas suicidios en esta época pandémica, o sea alrededor de 7 millones de personas; en realidad buscan dejar de sufrir...no quieren morirse, pero hay con quien compartir un sufrimiento. Aquí debemos recurrir al filósofo de estos días en Europa Byung Chul Han: "vamos a pagar -ya sucede- para que alguien nos escuche. Hoy no hay lenguaje, solo mudez y desamparo, el lenguaje esta silenciado".

El suicidio consumado en España en el año de la pandemia subió un 7,4%, más de 10 al día (3.941), 2,7 veces superior a los fallecidos por accidentes de tránsito (1.463) y que multiplica por 87 a las asesinadas por violencia machista (45). Es una realidad clínica dolorosa. El presidente de España ha puesto en marcha un Plan de salud mental monumental frente al aumento de los trastornos psíquicos en estos últimos dos años. Con un 58 % con trastornos de ansiedad, más de un millón de personas con trastornos mentales graves y con la mitad de ellos sin tratamiento. Un 13,2% de niños de 4 a 15 años corre el riesgo de sufrir un trastorno mental grave. Habrá campañas de sensibilización muy amplias en todas las comunidades autónomas. El eje está en prevenir conductas adictivas (con sustancias químicas y/ o la tecnología).

Plantea el presidente español "la incertidumbre ante el futuro inmediato como uno de los problemas centrales".


El deseo "muerto" en el mundo in-feliz

El mundo in-feliz al promover el individualismo que es fruto de una cultura donde se cancelan otras propuestas de vida (cultura de la cancelación) nos deprime en la soledad y el desamparo y surge aquello que dice el maestro español de Medicina Pedro Laín Entralgo: "aviva la desesperanza y ahí hay tres respuestas criticas: suicidarse, convertirse a una nueva esperanza o hacer de la desesperanza un "habito" histórico ejemplar y buscar las vías de la esperanza".

Sin esperanza para él no se puede vivir; aprendemos de la espera vital que es un confiado caminar que tiende a la esperanza y debemos aceptar que la vida es un claro-oscuro y que lo claro que nos muestra nos sirve para ver; no todo es oscuridad. Va surgiendo en esta sociedad una neo-melancolia que la de la muerte del deseo; no hay futuro, siendo todo tan incierto y como fruto de una sociedad desvinculada con patologías del estar: ausencia de figuras significativas; de los vínculos: surgimiento de la inermidad y las soledades masivas y de las normas: imposibilidad de reconocer un otro con crisis de las socializaciones.

No se encuentra un deseo vivo que siempre es multiplicador y en búsqueda de un sentido, o como diría Ortega y Gasset quien tiene vocación, misión y proyecto está salvado. Quien vive en el sufrimiento del deseo muerto busca supletorios; uno de ellos es la droga que es una anticipación del suicidio; o un suicidio diferido. Comprar por un momento un pote de ilusiones o de mundos paralelos. Son tiempos de química entonces que además generan plusvalía. Los enfermos generan renta y el suicidio diferido se transforma en un genocidio social escondido mucho más importante que el Covid. Se ejecuta una eutanasia social con miles que creen vivir un mundo feliz y se entregan mansamente a los dueños del Poder. Todo se soluciona con ella. La palabra, el diálogo, llorar sufrimientos para "digerirlos" humanamente no está de moda. En la sociedad del espectáculo, la imagen y la tecnología, la química parece mandar. Pero también en esta sociedad desvinculada, o sea con vínculos "anémicos" reina el desamor. La palabra está devaluada. Además, a quien contarle algo. No parece haber nadie. Somos "nadies"; entre "nadies"; y en la "nada"; precisamente, nada puede germinar. Así en este mundo del deseo muerto el cuerpo se experimenta como un peso y no como lugar erótico de la vida. La vida duele, es pesada. No hay energía y se rechaza al otro; el otro no existe. M.Recalcatti -teórico de excepción del psicoanálisis de hoy -dicen que son necesarias instituciones para ayudar a avivar el deseo (casas de encuentro, comunidades terapéuticas, etc.).

Hay que tratar de "encender" la vida nos enseña para ascender en la vida. Cuánta razón tenía A. Huxley.


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Helueni