El tiempo - Tutiempo.net
Martes 07 de Diciembre de 2021

Por José Narosky

Historia. Por José Narosky

Benjamín Matienzo

"Sólo podemos alcanzar el cielo, elevando la mirada".

First slide

Se conmemoraron los 102 años de la muerte de un ícono de la aviación argentina: Benjamín Matienzo. Dicen que los pueblos poseen una frágil memoria. Y es cierto. Los argentinos no somos precisamente la excepción. Pero esta característica no se da solamente olvidando los hechos tristes, penosos

También solemos olvidar a héroes auténticos, a hombres que sólo pudieron transitar su propia huella, por personalidad, por valor o por patriotismo.

Del horror y de la destrucción de la Primera Guerra Mundial, quedaron algunos aspectos positivos. Y entre ellos, el avance de la aviación.

Y 1919, fue un año de hazañas aeronáuticas. Un precursor de nuestra aviación, con dos compañeros, también como él, oficiales aeronáuticos, intentaron por primera vez el cruce de la Cordillera de Los Andes, por aire.

Usaron para esta epopeya, mezcla de intrepidez y de valor, tres frágiles aviones que el gobierno francés había obsequiado a nuestro gobierno, al finalizar la Primera Guerra Mundial.

¿Sus nombres?: Los tenientes Benjamín Matienzo, Pedro Zanni y Antonio Parodi. Los unía el amor por la aviación, la sed de aventuras y una insaciable curiosidad científica.

Matienzo tenía más edad y mayores antecedentes que sus dos compañeros. Dos años antes, había hecho su primera ascensión en globo completando un raid triangular, Palomar-San Antonio de Areco-Navarro-Palomar. Parodi y Matienzo decidieron tripular dos pequeños aviones Newport y Zanni, un Spad, algo más grande.

Los aviones de Parodi y Matienzo, eran de poca autonomía de vuelo, dos horas y media apenas, aunque teóricamente suficientes para cruzar la Cordillera.

Para concretar la hazaña tenían que darse a favor dos circunstancias. Haber viento de cola, (o por lo menos, no de frente), y no deberían demorarse en tomar altura, (para no malgastar combustible).

Posiblemente, nuestra figura de hoy, pensaría la noche anterior al raid: "Las aves libres hallan su camino a través del espacio. Quizá muchas de ellas, no alcancen su meta. Pero, ¡qué importa! Morirían, en todo caso, cerca del cielo".

El 28 de mayo de 1919, las tres máquinas iniciaron la travesía. Ese día, hace 102 años, fallecía Matienzo. Fue una mañana fría, desapacible. El viento les era adverso. La visibilidad, nula.

Ya en el aire, Zanni y Parodi entendieron, que era una temeridad avanzar sin una mínima posibilidad de éxito. Y decidieron regresar.

Matienzo siguió. Seguramente, su temor no era perder la vida, sino, no hallarla. Porque... "se podrá matar al soñador, pero jamás al sueño".

La última vez que fue visto por sus compañeros, volaba como un pájaro solitario, sobre Puente del Inca. Ya nadie volvió a ver con vida al joven héroe de 28 años.

El resto de esa arriesgada y sobre todo, triste historia, hay que deducirlo.

Por seis meses, hasta noviembre de 1919, no se hallaron su avión ni sus restos.

En ese mes, un grupo de baqueanos, encontró su cadáver a 2 Km de su avión.

Por el estado en que se hallaba su cuerpo, es innegable que Matienzo, aterrizó a la perfección, en plena cordillera, cumpliendo una hazaña sin precedentes.

Además, si pudo caminar 2 Km, es porque no sólo quedó con vida, sino en aceptables condiciones físicas.

Fue hallado con el semblante sereno, como si hubiese sido apresado por un dulce sueño, sentado sobre una roca, al abrigo del ventisquero "El Morro", a solamente 15 Km de Las Cuevas.

Sin duda, debió haber hecho un alto en el camino de regreso, seguramente agotado por el frío, la nieve y la soledad. Y murió congelado.

Casi un año después, Antonio Parodi, uno de los tres héroes, concretaba el intento. Pero la hazaña del Tte. Matienzo quedará grabada en las páginas más brillantes de la Historia Aeronáutica Argentina.

Fue un hombre modesto. Precisamente por tener méritos para envanecerse, no se envaneció. Porque, así como algunos hombres buscan el escenario, Benjamín Matienzo buscó siempre la última fila.

Su personalidad y su fibra de héroe auténtico, trae a mi mente este aforismo: "Cuando miramos al cielo, subimos".


Biografia: La vida del Teniente Aviador Militar Benjamín Matienzo

Benjamín Matienzo nació en la provincia de Tucumán el 9 de abril de 1891. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 9 de marzo de 1909 egresando con el grado de Subteniente del arma de Ingenieros el 31 de diciembre de 1910. Su promoción de egreso fue la Nº 35, entre sus camaradas hubo una importante cantidad de aviadores civiles y militares: Manuel Félix Origone (primera víctima de la aviación militar), Luis Cenobio Candelaria (primero en cruzar la cordillera en aeroplano), Oscar Lozano, Antonio Parodi, Vicente Andrada y Julio García Fernández, Gregorio Jesús Rafael Terneyro Bravo y José William Rosasco.

En 1916 in­gresó a la Escuela de Aviación Militar de Aviación. El 24 de marzo de 1917 obtuvo el título de Piloto Aviador Nº 111, el 12 de septiembre obtuvo el título de Aviador Militar Superior y el 24 de junio de 1918 el título de Aviador Militar (Boletín Mi­litar Nº 5058) como parte del 4º Curso de Aviadores de la Escuela de Aviación Militar. El 23 de mayo, a bordo del biplano Voisin 5 LA de la Es­cuela de Aviación Militar, realizó exitosamente con el Ingeniero Ed­mundo Lucius un raid entre las localidades de El Pa­lomar y San Miguel de Tucumán con escalas en Rosario, Ra­faela, La Banda Real, Sayana y Santiago del Estero.

Junto al los oficiales aviadores militares Zanni y Parodi conformó el núcleo fundacional de la aviación de caza del Ejército Argentino y proyectaron el cruce de Los Andes por Mendoza a Santiago de Chile. Para ello conformaron una escuadrilla integrada tres biplanos: el Ansaldo SVA 5 Nº 1 Sar­torelli, el Ansaldo SVA 10 Nº 1 Giovanardi y el Nieuport 28C1 N6338, cuyo cruce estaba previsto para el día 28 de mayo de 1919.

Ese día Matienzo decidió ser el primero en concretar el intento de cruce y despegó del aeródromo de Los Tamarindos falleciendo al caer con su avión entre el 28 y 29 de mayo de 1919 al intentar el cruce en vuelo de Los Andes desde Mendoza luego de precipi­tarse en la cor­dillera con el Nieu­port 28C1; su cadáver fue hallado el 18 de noviembre frente a la Casa de las Minas, distante a 20 km del paraje de Las Cue­vas.

El 29 de noviembre de 1922, durante una etapa del Raid el No­roeste realizado por el Ejército, la Escuadrilla de Observación a mando del Cap Av Mil Os­car Lozano al llegar a Tucumán se di­rigió directamente al ce­menterio local y efectuó un sobre­vuelo en com­pañía del Gobernador provincial para rendir home­naje a su memo­ria. El 14 de junio de 1923, se dispuso el sobre­seimiento definitivo en el sumario 394/919, ins­truido con motivo de su fallecimiento (Boletín Militar Nº 6491, 1ª Parte). El 28 de mayo de 1927 se inauguró en la ciudad de San Miguel de Tucumán el monu­mento eri­gido en su memoria.

El 3 de febrero de 1950 una patrulla, que partió de Uspallata el 21 de enero inte­grada por el Subof Ay Enrique Svars, el Sarg Ay de Ejército Víc­tor Ma­nuel Bringa, el Cbo My de Aero­náutica Oscar Enrique Fu­nes, el Cbo de Ejército Rómulo Moreno y los soldados Angel López, Juan Calde­rón, Ceferino Bi­glia, Epifa­nio Jofre, Dio­nisio Carba­llo, Pi­lar Ur­quiza y Be­nito Tar­divio halló en una que­brada los restos del Nieuport 28C1 uti­lizado el 28 de mayo de 1919 por Ma­tienzo. El biplano fue hallado a 4500 m de al­titud y a 150 m de la lí­nea fronte­riza al norte del Portillo de los Contrabandis­tas.

Pasó el invierno y la cordillera se desprendió de su manto de nieve por acción de los deshielos.

A mediados de noviembre de 1919, el subcomisario de Las Cuevas tuvo la idea de intentar la búsqueda del desaparecido piloto.

El 17 de noviembre partió la modesta expedición al mando del subcomisario Pujadas. Ésta, sin encontrar nada, regresó.

Al día siguiente prosiguió la búsqueda pero sin resultados positivos. En la madrugada del miércoles 18 de noviembre de 1919, el grupo prosiguió con la búsqueda. Encabezaba aquella patrulla el subcomisario Pujadas, el guarda hilos de la Compañía Telegráfica Sud América Juan Hernández, el cabo Teófilo Morales y el agente Segundo Zelayes.

Eran las 9 de la mañana cuando llegaron a una casucha en la primera serie de minas, propiedad de un chileno llamado Lobos, en el valle de Las Cuevas a unos 14 kilómetros de aquel lugar.

Allí los expedicionarios hicieron un alto para descansar y comer. Sentados, comenzaron a plantearse algunas hipótesis sobre dónde habría caído el infortunado aviador.

Media hora después, el grupo partió hacia el norte. A menos de sesenta metros de allí, el chileno Juan Hernández gritó a sus compañeros: "Ahí está Matienzo". En efecto el cadáver de Matienzo apareció como reclinado en una saliente de roca. Todos habían quedado sorprendidos.

 El cuerpo vestía un traje color caqui oscuro y encima una tricota de color blanco. Esta prenda, desgarrada por las aves de rapiña, había dejado al descubierto la caja torácica. Se podía ver que sobre los breches llevaba un pantalón y calzaba botas negras.


Si te gustó esta nota podés compartirla

Comentarios

Helueni