Sociedad

Día del sommelier

En La Rioja, esa tarea adquiere una dimensión especial, la tierra es un escenario del vino, es el arte más antiguo, es una primera palabra.
Cada año, el 3 de junio, el mundo vinícola se tona un momento su ritmo frenético, porque reconocer la labor de quienes ofician como traductores, entre la cepa y el comensal amerita. El Día Internacional del Sommelier, brindamos con gratitud hacia una profesión que ha tardado décadas en recibir el reconocimiento que merece.
En una región como la nuestra, donde el vino, a veces resulta un adorno turístico. Es prioritario marcarlo como columna vertebral de la identidad, ese reconocimiento cobra el peso justo a la hora de narrar al vino.
Quien se sienta ante un sommelier riojano, encuentra a alguien capaz de descifrar añadas o distinguir matices de roble. Se encuentra con un la memoria de familias que llevan generaciones plantando en suelos de arcilla roja y caliza blanca, de bodegas que guardan en sus entrañas cosechas que sobrevivieron guerras, sequías e incertidumbres. El sommelier porta todo eso en la nariz, en el paladar y en la descripción con que lo entrega.
La tarea no es sencilla. Requiere estudio, fluidez de palabras, creatividad e idilio. Además de las certificaciones académicas, y por sobre todas las características, se necesita algo que ninguna academia garantiza, sensibilidad. La misma que permite detectar en un Tempranillo de Rioja Alta la austeridad elegante del terroir de altura, o intuir en un Malbec de altura Riojana la generosidad de suelos arcillosos que guardan el sol como si fuera un tesoro prestado.
En los últimos años, La Rioja ha visto crecer una nueva generación de sommeliers que no le teme a la modernidad.
Son herederos de una cultura que siempre supo que el buen vino no necesita explicación, pero que una buena explicación puede transformar una copa en un viaje. No obstante es imprescindible conectar la fluidez del vino al caer en la copa, con el magnetismo de un buen Sommelier… y ese sigue siendo el desafío más grande que tiene la cultura Riojana.
Hoy, en su día, vale la pena hacer lo que ellos hacen con el vino, detenerse. Detenerse a mirar el color que tiene este oficio cuando la luz le da de frente. Reconocer que detrás de cada copa servida con gracia y conocimiento hay horas de estudio, vocación cultivada y un amor genuino por este territorio que, copa a copa, sigue contando su historia al mundo.
La Rioja tiene mucho que ofrecer. Y debe comprometerse a seguir formando a quienes quien lo sepan contar.
Feliz día Sommelier!!!

Autor: 85826|
SOMMELIERS

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