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Miércoles 17 de Agosto de 2022

Entrevista

"La música es un modo de mirar la vida"

Junto a la Orquesta Comunitaria Enrique Angelelli, Monchi Navarro viene de cumplir un sueño en grande: tocar con Divididos, la aplanadora del rock, en el Superdomo. Sin embargo, detrás de esa concreción trascendental hay un trabajo diario y la conquista de pequeños anhelos que tienden puentes de abrazos y lo definen tal y como es: hombre orquesta y arquitecto de ilusiones.

25-6-2022 7:32
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Por FERNANDO VIANO

Fotografías: RODOLFO MARAGA / VALENTÍN MARAGA


La noticia sacudió a los medios locales y, desde allí, trascendió a un más allá que bien podía ser imposible de imaginar. Al menos hasta ese momento. El paso de Divididos por La Rioja, con todo lo contundente que suele ser su música y su mensaje, no quedó solo en ese registro para el recuerdo sensorial de tantos fanáticos y unos cuentos curiosos. Muy por el contrario, marcó un hito esencial que también define a los paisanos de Hurlingham en su permanente búsqueda de la construcción de una melodía colectiva y que abarca pasiones incontrolables. De allí que, sin lugar a dudas, muchos puedan afirmar con certeza absoluta, que no hubo emoción más extrema en la noche del Superdomo riojano que la del momento exacto en que la Orquesta Comunitaria Enrique Angelelli irrumpió sobre el escenario para derramar desde allí y hacia un público conmovido, un océano de pequeñas ilusiones vueltas realidades concretas, más allá incluso de toda partitura. Y es que se trata de la vida misma puesta a merced de un "es posible", de un "podemos lograrlos" que deja atrás, muy atrás, el siempre dramático "sálvese quien pueda" al que asistimos, tristemente, día tras día. Un ejemplo de vida fraguado desde la sustancial profundidad de un trascender mucho más humano, empático y solidario. 

¿Pero quién está detrás de esa arquitectura de armonías, de ese edificio de notas lanzadas al viento para que retumben en el celeste de un cielo posible? ¿Quién está detrás de ese sostener, de ese contener tantas pequeñas vivencias envueltas en los dramas de los días, derrumbándose muchas veces ante el individualismo de una sociedad indiferente? ¿Quién afina las cuerdas de los sueños para darles su vital existencia en el perseguirlos hasta alcanzarlos, pero sobre todo en el perseguirlos a pesar de todo? 

Sus ojos, y más que sus ojos su mirada, transmiten la transparencia de un alma inquieta y generosa. Sus ojos, y más que sus ojos su mirada, transmiten los espacios reflexivos de un pensamiento que se ajusta a un sentir a flor de piel, aferrado a una sinceridad que se traduce en palabras y que, más allá de toda emoción reciente, lo trae rápidamente al aquí y al ahora, donde de inmediato recuerda al gran Camilo Matta, cuando la noticia de su partida hacia otro plano aún sacude las fibras afectivas de un Monchi Navarro que se dispone al diálogo con 1591 Cultura+Espectáculos. Simple, sencillo. Pero con una simpleza y una sencillez que en lo constante están rozando también una profundidad de conceptos arraigados y que bajo ningún punto de vista entrarían en terrenos de negociaciones, aunque sí de apertura hacia la escucha y la inclusión, teniendo siempre como horizonte lo fundamental que resulta para él lo colectivo en una sociedad que tiende a disgregarse. 

"La verdad que fue conmovedor, muy emocionante por el lado de la recepción de la gente; si bien tenemos ya varios añitos tocando en La Rioja, nunca habíamos vivido un marco así de tanta gente y de tanto cariño junto en La Rioja", afirma en una primera instancia cuando se le consulta por lo vivido el pasado sábado 11 de junio, cuando la Orquesta Comunitaria Enrique Angelelli compartió escenario con Divididos, en el marco de un recital histórico que la banda dio en La Rioja. A la respuesta, antepone una sonrisa tímida que denota satisfacción, pero también sorpresa, como cuando sostiene: "Fue una emoción tremenda. Divididos subió un video con imágenes de la Orquesta; es una locura que ellos nos agradezcan a nosotros". Suma así, a esa sonrisa tímida que denota satisfacción, esa cuota de humildad que acompaña no solo a esta conquista en grande, sino también y fundamentalmente a la conquista de los pequeños anhelos que tienden puentes de abrazos y que lo definen tal y como es: un arquitecto de ilusiones. 


¿CÓMO VIVISTE ESE MOMENTO, AL SUBIR AL ESCENARIO Y VER TANTA GENTE ACOMPAÑANDO?

Desde que apareció la Orquesta, fue increíble la recepción y la energía; fue algo que se sentía muy especial, como si estuviéramos en el aire, y fue muy lindo enterarnos luego que a mucha gente del público le paso lo mismo, que estaban muy emocionados. Y paralelo a eso, ver la emoción de todas las semillas de la Orquesta que estaban tocando con los ojos llenos de lágrimas, pero con una sonrisa. Lo que implica el llorar de alegría no es algo que veamos habitualmente y eso es algo que a mí me conmovió mucho, estar en el medio de esa energía de esa comunión y ni hablar de la banda, ellos también estaban muy emocionados. Y a eso se suma todo lo que vivimos también abajo, en la prueba de sonido. Fue todo fue muy cierto, muy humano, muy cercano. Nos trataron muy bien; los técnicos, todo el equipo de ellos, con un nivel de cariño, de ternura, que no es común verlo en esos niveles donde además se juegan muchas cosas, con toda la adrenalina de estar conectados con todo lo que estaba pasando.

HACÍAS REFERENCIA A ESO DE VER A LOS CHICOS TOCANDO EN ESE ESCENARIO, ¿QUÉ PASABA POR TU CABEZA EN ESE MOMENTO?

Se me cruzaron muchas cosas, porque por un lado estaba muy pendiente de lo que tenía que hacer ahí, el rol de uno, estrictamente musical y también humano, porque había muchos chicos que era la primera vez que tocaban en un lugar tan grande y había que contenerlos, transmitirles tranquilidad, tratar de no emocionarse de más. Pero apenas subimos y habló Ricardo (Mollo), ya me quebré de entrada y fue muy lindo verlos disfrutar y sentir también un poco que vale la pena, porque a veces este tipo de andares tienen muchas sombritas, porque la realidad es compleja, entonces todos los días generalmente hay muchas cosas cotidianas que son a veces difíciles, son de tropiezos, de tener que estar en convivencia a veces con la angustia, con la tristeza.

ESTO HA SIDO COMO UN CIMBRONAZO, ESTAR AHÍ ARRIBA, PERO HAY UN TRABAJO TUYO Y EN GENERAL QUE VIENE YA DE UN TIEMPO, QUE TIENE SU TIEMPO DE SIEMBRA. ¿CÓMO SE GESTÓ ESTO? ¿CÓMO FUE QUE DECIDISTE GESTARLO? ¿QUÉ PASA CON ESTE TRABAJO QUE VOS DECÍS DE TODOS LOS DÍAS IR CUBRIENDO UN MONTÓN DE NECESIDADES?

Empezamos hace poco más de 12 años con los primeros talleres que arranqué en el barrio, y después se fue armando como un equipo y pensando ya en la Orquesta, que era siempre el deseo, el sueño, el proyecto. Crear una Orquesta Comunitaria. A mí me surge creo que desde muy niño; yo crecí en el barrio Las Agaves con mi madre, mis hermanas y no teníamos muchas posibilidades. Si bien venía de una familia de músicos, con mucho contacto con mi abuelo, sobre todo, nada de tomar clases; era tener que estar peleándola porque no teníamos esa posibilidad y me acuerdo que había una casa de música que se llamaba Yamaha, que vendía unos cancioneros que traían acordes de canciones. No había Youtube ni nada de eso; no pasó tanto tiempo, pero no era tan fácil acceder a esas cosas, y como no teníamos para comprar el cancionero entrábamos de a dos, uno hablaba con la vendedora y yo pedía ver el cancionero. Nos dejaba mirar y yo con una hojita, anotaba los acordes de los temas de Seru Girán y estudiábamos con eso. Siempre me quedó esa idea de que estaba bueno por ahí que la música, que la enseñanza de la música se llevara a zonas donde no está esa posibilidad. Luego, en el Profesorado de Arte, cuando estaba estudiando ya para docente, porque yo estudié composición en Córdoba y por un tema de salud me volví a La Rioja, me metí más en la parte pedagógica, que no había estudiado. Me tocó un grupo de docentes que era espectacular, una camada de docentes que tenía como una mirada de lo pedagógico de Paulo Freire, de educación popular, y a mí eso me llegó al alma, me marcó. 

NO OBSTANTE, SE PUEDE DECIR QUE YA ERA ALGO QUE VENÍA EN TU ESENCIA...

Sí, de alguna manera venía como buscando eso, pero ahí encontré el respaldo formativo. Cuando empezamos con la Orquesta, me di cuenta que una cosa es la teoría y otra la práctica.

CLARO, UNA COSA ES LA TEORÍA Y OTRA CUANDO TENÉS QUE BAJARLO A UN MONTÓN DE REALIDADES QUE, EN ESTE CASO, SON LOS NIÑOS...

Sí, o enseñar sin un lugar fijo, sin pizarrón, a veces sin luz, sin sillas. Cosas que muchas veces uno no las tiene en cuenta. Creo que todo se fue formando con el tiempo, fue creciendo, fuimos acomodándonos, aprendiendo mucho en el camino, pero sin lugar a dudas que todo lo que se pudo construir siempre ha sido gracias al trabajo colectivo, tanto en equipo como en la gente, las almitas que integran la Orquesta y la comunidad también, las familias, que es todo un proceso, un trabajo muy complejo muchas veces.


¿CÓMO SE HACE, PRECISAMENTE, PARA IR CAPTANDO ESAS ALMAS?

Es muy difícil definirlo; cada vez me cuesta más pensar en eso. Creo que hay una cuestión de la construcción cotidiana y del andar que hace que con el tiempo eso se establezca en un lazo de confianza, de amor, de cariño, porque eso se construye a diario. No es solo el hecho de poner un papel anunciando 'acá hay clases de guitarra', está la Orquesta y que se acerquen, sino que después se da toda una construcción, porque no es la misma funcionalidad de otras orquestas en el sentido de lo cotidiano, de lo social y de lo colectivo. 

MÁS AÚN EN UN CONTEXTO DE TANTO INDIVIDUALISMO...

Eso sí es algo que nos sostiene y creo que tiene que ver con esa emoción que vivimos a veces en estos momentos como fue lo de Divididos, lo que vivimos en Talampaya, en Cosquín, que estuvimos hace unos años; tiene esa emocionalidad tan profunda porque somos parte cada uno de los integrantes, cada uno se siente parte de eso. Todo fue creciendo en cosas increíbles, porque hoy tenemos gran parte del equipo de trabajo formado por todas semillas que han ido creciendo en la Orquesta desde cero. Tenemos varios integrantes de la Orquesta estudiando en el Profesorado de Arte, ya en tercer, cuarto año; otros entrando en primero, cuando la dificultad primaria antes era que no dejen la escuela, que vuelvan a la escuela. Íbamos a los colegios, hablábamos con las preceptoras y les pedíamos que los dejen reincorporarse y todo eso es como que con el tiempo y la insistencia de estar, sumado al esfuerzo de ellos fue ya como una continuidad y el año pasado tuvimos la emoción de tener al primer recibido de Profesor de Música, profesional de música con título, que arrancó de cero en la orquesta, estudiando guitarra, cuando no tenía ni idea de la música y la música pasó a ser para él un modo de vida, se pudo escolarizar, terminar el primario, el secundario y decidir estudiar una carrera profesional como docente y hoy está de profesor en la Orquesta, Es algo que me emociona mucho porque además lo hizo rompiendo un montón de paradigmas, y es una cosa que para quienes están cerquita te marca el camino, porque dicen 'sí se puede' porque uno vio como eso impactó en su vida cotidiana, en la de él, en la de su familia. Poder tener un oficio, un trabajo, y principalmente partiendo de ir siempre de la mano de lo profesional y lo humano.

¿CUÁL ES TU FORMA DE CONCEBIR LA MÚSICA, TU CONCEPCIÓN DE LA MÚSICA, HACIA DÓNDE DEBE APUNTAR?

A la música la pienso desde un lugar humanístico. 'A medida que vas creciendo estas más humanista' me dicen. También soy compositor y muchas veces me cuesta pensarme; entiendo que parte de mi obra y por supuesto la Orquesta también son un fragmento, pienso como docente y como compositor. Últimamente ya pude unificar eso, porque la Orquesta tiene sus arreglos, compongo para eso, lo veo como un todo. Me pasa con la música que siento que tiene que tener en su raíz en su gestación, mucha relación con lo cotidiano, con el andar y con lo cierto. Me cuesta cada vez más componer o pensar en cosas de las cuales yo no me sienta parte. No sé si está tan bueno eso, pero es lo que me pasa. Tampoco tiene tanto que ver que sea una música netamente social o contestataria, sino que me refiero en el sentido de que me tiene que movilizar lo que estoy diciendo, aunque no necesariamente estés hablando en primera persona. En un punto hay una fibra que te mueve, pero para mí sin ninguna duda la música no es solamente un modo de andar los días, sino también de mirar la vida.

Y ESTE MODO DE MIRAR LA VIDA, ¿DESDE CUANDO TE ACOMPAÑA? ¿NACISTE Y YA ESTABA AHÍ, O TAMBIÉN FUE UNA CONSTRUCCIÓN? 

Pienso que se fue construyendo. Me pasó sobre todo en estos días algo muy increíble que no me suele pasar, que todavía no me deja caer esto de Divididos, que me permitió encontrarme con mucha gente de La Rioja y de recibir muchos mensajes de gente con la que empecé a tocar hace mucho tiempo. Me pasó también en un diálogo en una radio en la que empecé cuando era chico y estaba el operador que me operaba cuando tenía 13 o 14 años y se acordaba de lo que soñaba, de lo que hacía. Creo que se fue construyendo. He crecido con mi madre y mis hermanas y siempre la música estuvo presente, principalmente por mi abuelo, que para mí es como un padre, tengo un vínculo con él muy cercano, de muy chiquito, una relación paternal que hoy sigue así muy profunda de cotidiana, hablamos todos los días, pero cuando era chico quería ser periodista, después periodista deportivo. La música me encantaba, escuchaba, pero hasta los 14, 15 años no la veía. Quizás por una manera de hacer mi propio camino. No era como un oficio, estaba muy metido en que quería ser periodista y leía mucho de eso, metido en medio de los grandes. Después empecé a tocar rock, a los 14, 15 años, y empecé a meterme con un compañero del secundario y armamos una banda que se llamaba Vidriera y estuvimos muchos años, hicimos una gira, tocamos en el Teatro Provincial. Hace 20 años de eso y fue muy movilizante porque empecé por un lado que no tenía nada que ver con lo familiar y componiendo de cero, hacíamos canciones. Después, con el tiempo me enganché y no paré más de tocar, pero fue una construcción, tuve que estudiar, no es que haya sido una cosa que tocaba nomás, sino que quise estudiar composición, tuve que aprender a leer, a escribir toda la teoría de la música que no la tenía tan innata. 

¿TE PESÓ EN ALGÚN MOMENTO EL APELLIDO TENIENDO EN CUENTA ESTO QUE PLANTEASTE DE HACER TU PROPIO CAMINO?

Me puede haber pasado en algún momento que estaba eso del 'ver qué hacer'. Por todo esto de muchas generaciones que venían con la música, me pasó en algún momento con ciertos docentes que me exigían más que al resto por el hecho de esperar más de uno, hacerte pasar al frente, cosas que eran de mucha incomodidad, que me hacían mal, que no las disfrutaba. Siempre me pasó principalmente con mi abuelo, que más que una carga que uno la lleva en la mochila, es algo que lo llevo en el corazón, que me genera mucho orgullo; ni hablar a medida que fui creciendo y que no hay rincón en el mundo en que no me cruce con alguien que me hable de mi abuelo y del cariño, de lo que él es, además de como músico, como persona. Eso se fue transformando y acomodando. Después me pasó eso de que el 'Monchi' me ayudó porque al principio era 'Ramón Navarro Tercero' y eso no me gustaba mucho; tampoco el 'Ramón Navarro nieto', o cosas así.


¿HOY SENTÍS QUE SOS MONCHI Y QUE ESE ES TU ESPACIO Y ES UNA CONQUISTA?

Sí, pero no lo busco ni lo busqué tampoco; creo que se dio y cuando lo escucho, me da mucha alegría sobre todo por mi abuelo que es él quien más me marca eso, constantemente, Pero no fue nunca una carga; sí, a veces, una exigencia. Y sí me ayudó mucho para estar muy atento por los brotecitos propios, con los míos, que entraron también en la música.

PRECISAMENTE, ¿CÓMO SE CONJUGA EL MONCHI MÚSICO, COMPOSITOR, EL QUE DE PRONTO TIENE LA CAPACIDAD DE REUNIR, DE CONGREGAR, DE CONSTRUIR, PORQUE LO QUE HACÉS ES UNA CONSTRUCCIÓN, CON EL MONCHI QUE ES PAPÁ, QUE TIENE QUE ESTAR EN SU CASA, CÓMO JUEGAN TODOS ESOS FACTORES?

Yo soy muy familiero, la verdad que soy muy de la familia, siempre ha sido para mí crucial eso. Tengo también una compañera con la que estamos hace 20 años juntos y con la que además nos tocó y nos toca atravesar situaciones que por ahí no son simples, no son fáciles y siempre esas adversidades nos han unido y hemos tenido muy en claro que más allá de nuestro andar como pareja, vamos a ser compañeros toda la vida. Y siempre el Manu y el Benja han estado en todo lo que nosotros hacíamos, que eso también es algo que aprendí. Uno aprende también de los padres mucho, de lo que debe y no debe hacer. La música en casa, por ejemplo, siempre fue un juego. A los instrumentos, cuando era chico, no tenía mucho acceso real, era algo que no se tocaba. La guitarra está en casa, las cosas mías son de ellos. Es como una pelota. Crecimos mucho jugando con eso, como un juego y ellos son parte no solamente de eso como ir a jugar al futbol, ir a la Orquesta, venir con nosotros al barrio; el barrio es el barrio de la Orquesta, no donde vivimos. Benja está en la orquesta desde que nació. Era una cosa de compartir lo que los tatas hacían. Con el tiempo, hace 4 o 5 años nos metimos en otra travesura hermosa de armar una nueva orquesta en la Costa, y ahí andan también los enanos viajando. Cuando pueden van y tocan y están y son parte, como quien comparte.

¿Y QUE TE PASA A VOS CUANDO LOS VES TOCAR?

En la Orquesta siempre fue muy emocionante encontrarles la mirada ahí en ese grupito, donde son uno más, no son los hijos del profe. Es muy lindo porque también toman contacto con la vida; está bueno, pero me pasó con el grupo que armaron recientemente. Ellos armaron Ecuánime y yo les doy todo el apoyo, todo el estímulo, pero los dejo que vuelen, nunca me meto en lo musical, no asistí nunca a un ensayo, estoy ahí cuando me consultan. Cuando los escuché tocar me emocionó hasta los huesos de verlos disfrutar y verlos jugar con eso. Y encima los veo cada vez más en un nivel musical que me abruma; son muchísimo mejores músicos de lo que soy yo.

¿PERO VES EN ELLOS ALGO TUYO DE CUANDO ERAS CHICO?

Sí, me pasa con ambos. El Manu toca la viola y el destino hizo que tenga la misma guitarra, que use la misma viola que usaba yo cuando era chico, que es la que estaba en casa. Lo veo a él y eso es lo que más me emociona. Hace la música que él quiere, como él quiere y lo veo creciendo, volando, haciendo lo suyo, sabiendo que el viejo está ahí cerquita cuando lo necesita, pero que el vuelo es propio. Hace poco tocaron en República y los escuché y la verdad que me asombró musicalmente el crecimiento y el vuelo porque son una ronda hermosa. Es un grupo espectacular a nivel humano y musicalmente, pero sobre todo humanamente. Chicos de esa edad queriéndose, respetándose, haciendo música me conmueve y habla de una esperanza hacia adelante.

Y EN ESO APARECE TAMBIÉN TODO LO CONTEXTUAL, TODO LO QUE ESTAMOS VIVIENDO COMO SOCIEDAD...

Totalmente. Lo complejo que es y más a esa edad, con lo que la sociedad les va dejando, que no es fácil. Tengo confianza en las generaciones nuevas y aprendo muchísimo. En la Orquesta me pasa lo mismo, estar constantemente en contacto con gente más joven. Creo que me han formado, me están formando.

¿CUAL HA SIDO, EN ESE SENTIDO, LA MAYOR SATISFACCIÓN QUE HAS SENTIDO, DEJANDO DE LADO YA ESTA CUESTIÓN DE DIVIDIDOS, QUE ES ALGO QUE SE VE HACIA AFUERA COMO MUY GRANDE? 

Me cuesta encontrar o ponerlo en un momento. Sí pienso que es la posibilidad de compartir, y la emoción compartida es como un cielo nuevo. Me pasa en un escenario como el del Superdomo, me pasa en una ronda de una guitarreada, cuando voy a ver un concierto, cuando escucho a alguien recitar un poema o bailar. Cuando eso se genera en una comunión me genera un estado como de levitación, de saber que se puede, que la vida es como que se pone de pie en esos momentos. Lo vivo así, como una emoción compartida, donde las miradas están hacia el mismo horizonte en ese momento. Son instantes, la felicidad es eso, es muy efímero, justamente por eso es tan difícil de alcanzar. Uno la busca porque es un instante y después vamos a volver a perseguir ese sueño; esos instantes pequeños siempre han tenido que ver en mi caso con lo compartido, con esto del abrazo. 

¿AHÍ NACE TAMBIÉN TU IMPULSO DIARIO, COTIDIANO?

Creo que sí, porque es la búsqueda de eso. Por ahí suena muy trillado decir 'la búsqueda de la felicidad', pero en mi caso es eso y obviamente que peleo con los propios fantasmas diarios, con los miedos, con las inseguridades y a medida que uno va creciendo empiezan los miedos de los propios brotecitos, del mundo tan extraño, tan particular que nos toca vivir más allá de los deseos propios; hacia un futuro, las partidas te duelen más. Uno va creciendo y está más cerca del vuelo y hay gente más cercana que por ahí te pone en ese lugar de poder disfrutar los instantes. Me pasa eso de buscar ese asombro cotidianamente, tratar de andar un poco más alerta para conectar con eso. 

¿HAY ALGO QUE TE DUELA PARTICULARMENTE Y QUE TAMBIÉN SEA UN IMPULSO PARA DECIR ESTO TENGO QUE CAMBIARLO, TENGO QUE HACER ALGO PARA MODIFICARLO?

Sí, me pasa. Creo que me duele lo que nos duele a todos: la pobreza, la falta de posibilidades. Escucho hablar de la meritocracia y me duele porque no están dadas las mismas posibilidades, y me duele tanto en la niñez como en la gente grande. Tiene que ver con esto del cuidado de la protección de lo humano; tiene que ver con el pan en la mesa, con el abrazo. Cuando nacés y crecés en una casa donde no tenés todos los días pan en la mesa, cómo podés pensar en 'tengo que estudiar, mi deseo es ser abogado'. Obviamente que los sueños están, y están intactos, pero primero tenés que cubrir esa necesidad y detrás de eso vienen un montón de realidades, como la violencia desde una realidad que te apabulla y te pasa por delante. Estaría bueno que salgamos todos del mismo lugar y de ahí nos vamos acompañando en los vuelos, los deseos los sueños. Me duele eso, me duele la ingratitud, son cosas que me duelen mucho. La violencia es un modo también de ingratitud hacia la vida, el amor, la ternura. Trato de trabajarlo mucho hacia adentro, porque todos tenemos nuestros miedos, nuestra inseguridad, nuestras luces y nuestras sombras; hay que trabajar mucho, porque muchas veces el dolor te paraliza y es más difícil porque ya te quedás sin reacción, es como un estímulo que no tiene respuesta y la angustia en eso es compleja a veces.