Opinión

Antes de que se retire, quiero decir una sola cosa. Gracias

Gracias porque yo tenía 11 años. Vos, 17. Yo era una nena que recién empezaba a entender el mundo. Vos eras un chico que recién empezaba a ponerse la camiseta más pesada de todas. Ninguno de los dos sabía lo que venía. Ninguno imaginaba que íbamos a crecer al mismo tiempo. Y crecimos.
Mientras yo aprendía quién quería ser, vos intentabas demostrar quién eras. Mientras yo pasaba de la primaria a la secundaria, de la secundaria a la facultad, de la facultad al trabajo, vos seguías ahí. Con la misma camiseta. Con el mismo escudo. Con el mismo sueño.
Por eso me cuesta tanto explicar por qué hoy estoy triste.
Porque no es un partido. No es una derrota. Ni siquiera es solamente el final de un Mundial. Es el final de una parte de mi vida.
Hay personas que marcan una época sin conocer a quienes las miran del otro lado. Vos hiciste eso. Acompañaste parte de mi infancia, toda mi adolescencia y toda mi adultez. Si alguien me pregunta cómo era mi vida hace diez años, hace quince o hace veinte, siempre hay un Mundial, una Copa América o un partido tuyo para ubicar ese recuerdo.
Fuiste el reloj de mi generación. Crecimos midiéndonos por tus Mundiales. Y ahora entiendo que ya no va a haber otro. Muchos me dicen que nunca va a haber otro Maradona. Y tienen razón.
Pero yo tampoco quería otro Maradona porque yo no viví a Maradona. Yo viví a Messi.
No heredé recuerdos de otra generación. Construí los míos con vos.
Yo vi al chico de 17 años que todos comparaban con un hombre imposible de reemplazar. Vi cómo durante años te exigieron ser alguien que no eras. Vi cómo cada derrota parecía ser solamente tuya.
Vi cómo cada título que no llegaba se convertía en una excusa para señalarte. Vi cómo te llamaban pecho frío. Vi cómo decían que no querías a la Selección. Vi cómo pedían que renunciaras.
Y también vi algo que muchos nunca entendieron. Nunca dejaste de volver.
Ahí entendí qué era un capitán. Porque cualquiera lidera cuando todo sale bien. Pero muy pocos vuelven después de que un país entero los pone en duda. Vos volviste. Una. Y otra. Y otra vez.
Sin cambiar tu esencia. Sin gritar. Sin responder. Sin buscar enemigos. Simplemente jugando. Siempre admiré eso. Porque el liderazgo no siempre hace ruido. A veces el liderazgo baja la cabeza, trabaja y vuelve a intentarlo. Eso hiciste durante más de veinte años. Y por eso nunca necesité que fueras como Diego. Necesité que fueras vos. Messi.
El que prefería hablar con la pelota. El que lloró las derrotas. El que nunca dejó de insistir. El que soportó una presión que probablemente ningún otro futbolista soportó en la historia.
Qué difícil debe haber sido tener 17 años y que un país entero esperara que fueras la reencarnación del mejor jugador de todos los tiempos. Qué injusto. Porque nadie tendría que pasar toda su carrera intentando convencer al mundo de que alcanza con ser uno mismo. Y vos lo lograste. No porque te parecieras a Maradona. Sino porque terminaste convirtiéndote en Messi. El único. El irrepetible. El capitán que eligió mi generación.
Por eso me duele. Porque siento que no se retira solamente un futbolista. Se termina una costumbre.
Se termina esa tranquilidad de pensar que, dentro de cuatro años, ibas a estar otra vez. Se termina la ilusión de verte salir último del túnel con la cinta de capitán. Se termina la espera.
Y, aunque parezca exagerado, también siento que se despide una parte de mí. Porque la nena de once años siempre creyó que Messi iba a estar. La adolescente que lo defendía en cada discusión creyó que algún día iba a callar todas las críticas. La universitaria creyó que el Mundial llegaría.La periodista tuvo el privilegio de cubrir el último Mundial de ese chico que había empezado a mirar cuando apenas entendía qué era el fútbol.
Mientras vos crecías, yo también crecía. Mientras vos cambiabas de entrenador, yo cambiaba de colegio. Mientras vos perdías finales, yo también aprendía que la vida muchas veces duele. Mientras vos insistías, yo también aprendía a levantarme. Y cuando levantaste la Copa del Mundo, sentí algo muy difícil de explicar. No era solamente felicidad. Era justicia. Porque después de tantos años, el fútbol te devolvía todo lo que antes te había quitado.
Por eso la derrota de hoy duele. No por la copa. No porque Argentina haya perdido. Duele porque fue la última vez. Porque ya no habrá otra oportunidad de verte defender estos colores en un Mundial. Y aceptar eso es aceptar que el tiempo pasó. Para vos. Y para mí.
Gracias por enseñarme que se puede ser el mejor sin dejar de ser buena persona. Gracias por demostrar que el respeto también gana. Gracias por volver cuando cualquiera se habría ido. Gracias por hacerme sentir orgullosa de elegirte como capitán. Y gracias porque, aunque muchos eligieron quedarse con el pasado, yo tuve la suerte de vivir mi propia historia. La historia de Lionel Messi. La historia del capitán que acompañó toda mi vida.
Hoy no termina una carrera. Hoy termina una era.
Y, aunque una parte de mí se vaya con esa camiseta número diez, hay algo que nadie va a poder quitarme jamás: tuve la suerte de ver jugar al mejor de todos los tiempos. No me lo contaron. No vi videos en blanco y negro. No heredé relatos ajenos.
Yo vi a Messi. Y eso, para mi generación, fue un privilegio.

Por Camila Sunico Ainchil
Periodista.

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