La derrota frente a Noruega por 2-1 no solo significó una eliminación inesperada. También devolvió a Brasil a un lugar que creía haber dejado atrás hace décadas. Por primera vez desde Italia 1990, la Canarinha quedó eliminada antes de los cuartos de final de una Copa del Mundo. Aquella tarde en Turín, un equipo argentino que había sufrido durante casi todo el partido encontró la clasificación en una corrida inolvidable de Diego Armando Maradona y una definición exquisita de Claudio Caniggia ante Claudio Taffarel. Ese 1-0 quedó grabado como una de las grandes sorpresas de los Mundiales y fue, hasta este domingo, la última vez que Brasil se había despedido tan temprano de una Copa del Mundo.
Durante más de tres décadas, incluso en sus campañas más frustrantes, Brasil había logrado instalarse entre los ocho mejores del torneo. En ese período sufrió derrotas dolorosas —como el 7-1 frente a Alemania en 2014 o la eliminación por penales contra Croacia en 2022—, pero siempre alcanzando al menos los cuartos de final.
La caída ante Noruega rompió esa tendencia.
El dato ocupó un lugar destacado en las portadas de los principales medios brasileños. Folha de S. Paulo habló del "fin del sueño de la sexta estrella", mientras que Estadão remarcó que Brasil sufrió "su peor campaña mundialista desde 1990". UOL y Lance!, por su parte, coincidieron en señalar que el equipo volvió a exhibir problemas estructurales que arrastra desde hace varios ciclos mundialistas.
Desde aquel gol de Caniggia en el estadio Delle Alpi, Brasil siempre había logrado, al menos, instalarse entre los ocho mejores del torneo. Incluso en sus mayores frustraciones —el 7-1 ante Alemania en 2014, la eliminación frente a Bélgica en 2018 o la caída por penales ante Croacia en 2022— había alcanzado los cuartos de final o las semifinales. La derrota frente a Noruega rompió una continuidad de 36 años y reabrió un fantasma que parecía enterrado desde Italia 1990.
Más allá del resultado, la estadística alimenta un debate cada vez más profundo. Desde el título conseguido en 2002, Brasil acumula seis Mundiales sin volver a levantar la Copa. En ese lapso fue eliminado por Francia, Países Bajos, Alemania, Bélgica, Croacia y ahora Noruega.
Para un país acostumbrado a medir el éxito únicamente en títulos, el registro adquiere una dimensión preocupante. La selección más ganadora de la historia del fútbol lleva 24 años persiguiendo una sexta estrella que parece alejarse torneo tras torneo.
La derrota frente a Noruega ya quedó incorporada a esa lista de frustraciones. No solo por el rival o por la forma en que se produjo, sino porque marcó el retroceso más importante de Brasil en un Mundial desde hace 36 años y abrió un nuevo interrogante sobre el futuro de una de las camisetas más prestigiosas del fútbol mundial.
Para los hinchas argentinos, Italia 1990 remite inevitablemente a la genial asistencia de Maradona y al inolvidable gol de Caniggia. Para los brasileños, en cambio, aquella tarde marcó el inicio de una larga reflexión sobre cómo un equipo que había dominado de principio a fin pudo quedar eliminado por una sola jugada. Treinta y seis años después, la historia vuelve a repetirse con otro protagonista inesperado. Esta vez no fue Maradona ni Caniggia. Fue Erling Haaland, que con dos goles devolvió a Brasil a un lugar del que había logrado escapar durante más de tres décadas.