Este 19 de febrero, la comunidad celebra su 311° aniversario de vida institucional, una fecha que nos invita a mirar más allá de la postal tradicional y reconocer el espesor histórico de una ciudad que supo ser un motor económico y cultural de la región.
Al caminar por sus calles hoy, se puede encontrar con un legado que se resiste al olvido. Desde aquel reducto que creció bajo la sombra de la minería y la agricultura, Chilecito ha forjado un carácter distintivo, una mezcla de hidalguía montañesa y hospitalidad que no se encuentra en otros mapas.
Tiene un halo de historia nostálgica, como de tesón y esperanza.
Los tesoros que definen el paisaje, son variados.
Si bien el Cable Carril es la obra de ingeniería que todos mencionan, la verdadera magia de Chilecito reside en sus rincones menos obvios pero cargados de significado.
Los Sarmientos y San Miguel: Son distritos con el reservorio de la tradición vitivinícola. En estos lugares, las fincas producen uva y hortalizas. Además, guardan la arquitectura de adobe que cuenta cómo se construyeron los pequeños pueblos en este valle.
Cuesta de Miranda, es un tramo de la mítica Ruta 40 que, con sus tonos rojizos y el zigzagueo del río, desafía cualquier descripción estética. Es la conexión vital con el oeste profundo. Y sin duda una de las vistas más imponentes del cordón de Famatina.
Santa Florentina, es otro de los lugares donde el agua de deshielo y la unión de los ríos con diferentes colores convergen. Ofreciendo las caminatas entre nogales y montañas de un encanto natural pleno.
Lejos del ruido urbano, hay un continuo movimiento de la riqueza hídrica que sostiene nuestra producción.
Chilecito fue y será cuna de mentes brillantes
Hablar de Chilecito es nombrar a quienes elevaron el nombre de La Rioja en el plano nacional e internacional. Esta tierra ha sido generosa en talentos que marcaron la política, la educación y las letras. Algunos destacados como Joaquín V. González. El hijo dilecto de la Ciudad de los Naranjos. Fundador de la Universidad Nacional de La Plata y autor de Mis Montañas, la obra que mejor ha sabido leer el alma de estos paisajes. Su figura sigue siendo el norte intelectual de la provincia y un referente Nacional.
Gabino Coria Peñaloza, fue el poeta que le puso letra al sentimiento. Aunque nacido en San Luis, su vínculo con Chilecito fue visceral, dejando una huella imborrable en la cultura popular argentina.
Arturo Marasso, Humanista, poeta y ensayista de un rigor académico envidiable. Un hombre que desde el interior profundo se proyectó hacia los estudios clásicos con una lucidez que aún hoy asombra.
Es de justicia sumar al Doctor Santiago Bazán. Su nombre remite a la crónica médica, a la solidez humana. Bazán fue un pilar en la organización institucional de Chilecito en tiempos donde la justicia necesitaba hombres de integridad inquebrantable.
Su legado se asienta en dos pilares, por un lado la vocación de servicio como médico. Y por otra parte entendió las leyes como político y el progreso de su comunidad. Su despacho fue, durante décadas, un centro de consulta donde la ética profesional primaba sobre cualquier otro interés.
Más allá del estrado, fue un hombre de una cultura vastísima, cuya influencia se sintió en los ámbitos académicos y sociales del departamento. Representa a esa generación de profesionales que, con el título bajo el brazo, regresaron a su suelo natal para devolverle a Chilecito el prestigio que su historia demandaba.
Chilecito tiene un presente con desafíos, llegar a estos 311 años encuentra a los chileciteños en un proceso de transformación constante. La producción de Torrontés Riojano, nuestra cepa insignia, sigue posicionando al departamento en las góndolas del mundo, mientras que el turismo de cercanía busca profesionalizarse sin perder la cercanía del Riojano.
La celebración de hoy, entre actos oficiales y el calor de la gente en la plaza de la Cultura, celebra un pasado de gloria, pero sobre todo, un futuro que depende de su capacidad para seguir siendo ese refugio de cultura y trabajo al pie de sus montañas.
¡Salud, Chilecito! Por muchos años más de historia viva.
Chilecito celebra 311 años de identidad.
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