Que la fe mueve montañas es una de las afirmaciones típicas que se pueden hacer al momento de hablar de creencias y religiones. Y en eso la zona norte del país puede dar testimonios de sobra sobre cómo la feligresía puede cumplir todo tipo de promesas, para evocar un arraigo religioso. O en estos dos casos que se exponen a continuación, el homenaje a personas que su fe se antepuso ante cualquier situación de la vida.
El pasado domingo 5 de julio comenzó una peregrinación a pie desde la Catedral de Córdoba. No se trata de una travesía deportiva ni de una caminata de aventura; es una misión organizada en el marco del 50° aniversario del martirio de los Beatos Mártires. La propuesta, impulsada por la Arquidiócesis de Córdoba y la Vicaría de los Pobres, busca unir la capital cordobesa con la Catedral de La Rioja a lo largo de un recorrido de aproximadamente 445 kilómetros que se extenderá hasta el 17 de julio.
Tras completar una primera etapa que unió Córdoba con Villa Allende, los peregrinos emprendieron camino con destino a Molinari, completando cerca de siete horas de marcha. Actualmente, la iniciativa avanza por tramos, restando unos 340 kilómetros para llegar a suelo riojano. La planificación de la ruta contempla jornadas de unas seis horas diarias de caminata, asistidas por un vehículo de apoyo que coordina la logística diaria de los traslaos y descansos.
A lo largo de la ruta, el cansancio físico se sobrelleva mediante el aliento mutuo y la oración constante. Con el rosario siempre en la mano, Francisco, Pablo, Verónica, Ariel y Analía desgranan oraciones pidiendo la intercesión del Espíritu Santo y la protección de María Santísima. Esta actitud evoca la enseñanza de Jesús en el Evangelio de Lucas (Lc 10, 20), donde invita a sus discípulos a no detenerse en el éxito o el esfuerzo del viaje, sino a alegrarse, fundamentalmente, porque “sus nombres están escritos en el cielo”.
Los caminantes avanzan movilizados por una certeza interior profunda, haciendo vida el mandato de salir a anunciar el Evangelio tal como lo relatan los Hechos de los Apóstoles (Hch 4, 20): “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído”. Como parte central y motor de este envío, la celebración diaria de la Santa Misa se convierte en el corazón de la misión. Es en la Eucaristía donde los peregrinos reponen las fuerzas, entregan las intenciones de la gente que conocen en el camino y se nutren de la Palabra para continuar el andar, sabiendo que la Buena Noticia es un fuego que crece únicamente cuando se comparte de manera fraterna.
La marcha se desarrolla por etapas, lo que permite que nuevos fieles se sumen al recorrido en distintos puntos del trayecto para compartir la experiencia comunitaria. La planificación de la ruta contempla exigentes jornadas de entre 7 y 8 horas diarias de caminata, asistidas por un vehículo de apoyo que coordina la logística de los traslados y descansos. Al pasar por los pueblos y ciudades, el grupo recibe constantes muestras de afecto y cariño por parte de los vecinos. En cada parada, los peregrinos oran junto a quienes los reciben, comparten la Palabra de Dios, dejan las bendiciones del Señor y continúan camino hacia el siguiente destino. Los propios participantes registran el día a día compartiendo fotos de la ruta en un grupo interno para visibilizar el avance de la travesía. «Que la Palabra de Dios nos hable en el camino», expresaron los peregrinos.
La iniciativa plasma de manera concreta las Líneas Pastorales 2026 de la diócesis, que convocan a ser una Iglesia decididamente orante, fraterna y misionera en salida. El andar de los peregrinos, acompañados espiritualmente por el padre Pablo Márquez —de la parroquia María y José del barrio Ituzaingó—, da testimonio de una fe encarnada que camina junto al pueblo y sale al encuentro de las realidades cotidianas. Con la mirada puesta en la meta del 17 de julio, la peregrinación acorta distancias paso a paso, anticipando las celebraciones centrales de la Pascua Riojana.
A lomo de mula
Hay huellas que no se borran y llamados que, tarde o temprano, vuelven a golpear el alma. El padre Jorge Rearte, reconocido sacerdote misionero, había dejado de andar en mula hacía ocho años. Sin embargo, la inminencia del 50° aniversario del martirio de los Beatos Riojanos encendió una chispa que no pudo apagar. “Sentí un llamado y aquí estoy, diciéndole sí a Jesús para que me siga enseñando a peregrinar como lo hicieron los beatos mártires, como lo hizo Angelelli, Brochero o la Mama Antula”, confesó con una alegría contagiosa que conmovió a los pobladores de la región.
La travesía, que se realiza portando en alto la imagen de San José Gabriel del Rosario Brochero y la cruz misionera, viene desandando los caminos llanistos de la provincia. Tras un emotivo paso por el departamento General Belgrano, donde los peregrinos fueron recibidos por los vecinos y las autoridades en la comunidad y luego en la cabecera de Milagro, la marcha continuó con destino a Olta. Este jueves por la tarde, el hito central de la jornada es la ciudad de Chamical, donde se celebrará la Santa Misa como parte indisoluble de esta misión, que concibe a la Eucaristía como el verdadero motor para encontrarse con Jesús.
La peregrinación del padre Rearte encarna de manera directa las Líneas Pastorales 2026 de la diócesis, las cuales convocan formalmente a edificar una «Iglesia en salida». El documento diocesano detalla que se trata de “acrecentar la actitud misionera de una Iglesia en salida para llegar, con el consuelo y la esperanza del Evangelio, a personas alejadas o en situación de riesgo y vulnerabilidad, a los más pobres, débiles y sufrientes”. En pleno lomo de su mula «Teresita«, el sacerdote hizo carne este mandato al salir al encuentro de las realidades cotidianas de los Llanos, promoviendo de forma directa esa “cultura del cuidado, haciéndonos cargo los unos de los otros”.
La llegada a Milagro dejó postales imborrables de esta premisa pastoral. Desde los vecinos y concejales que donaron materiales y vidrios para pintar y embellecer la capilla local, hasta las familias trabajadoras que salieron a las veredas a pesar de las mañanas frescas. Al encontrarse con los paisanos, el sacerdote reflexionó sobre la realidad social de la zona, marcada por las dificultades económicas, la falta de trabajo y los desafíos de los jóvenes. Ante este panorama, Rearte dejó un mensaje directo que resuena con la invitación diocesana de abandonar el egoísmo para construir la patria: «Si no salimos a peregrinar, si no salimos de nuestro egoísmo, la patria no se construye. Hay que seguir andando nomás para anunciar la alegría del Evangelio».
Durante la celebración de la misa en Olta, ante la convocatoria de niños de catequesis, jóvenes y abuelos reunidos en la plaza para hacer memoria, el padre Jorge brindó una profunda catequesis histórica que enlazó los testimonios de los santos que caminaron la Patria. Recordó cómo María Antonia de Paz y Figueroa (Mama Antula) lo dejó todo por amor a Jesús para organizar los ejercicios espirituales populares, llegando a caminar descalza con su burrito y pasando históricamente por La Rioja. Explicó que, 130 años después, el Cura Brochero se inspiró en esa misma obra para evangelizar las sierras cordobesas, dando su vida por su gente.
“También nosotros sabemos que los beatos sufrieron mucho. Los mataron, dieron la vida, no se escondieron. El testimonio de ellos es muy fuerte porque había un clima muy denso, se podían haber escapado, pero dijeron ‘aquí estamos’”, exclamó el sacerdote. Con ese espejo, instó a la comunidad a dejar la comodidad y a comprometerse activamente en las tareas de Dios, asumiendo lo que el obispo monseñor Dante Braida señala en las orientaciones pastorales: que los beatos Mártires nos alientan e inspiran a vivir hoy nuestra realidad con humildad, fortaleza y esperanza.
La misión del padre Jorge Rearte y sus acompañantes no se detiene en el andar diario. Para este sábado, se organizó una jornada especial de reflexión, silencio, cantos y dinámicas orientada a interpelar profundamente a los laicos de la zona sobre la herencia de la Pascua Riojana. “Nos cayó la ficha de los 50 años y a veces parece que no nos damos cuenta de que esta gente murió por nosotros”, advirtió con sencillez.