1591 Cultura + Espectáculos

El decente indecente

El anillo de rubíes y diamantes había desaparecido del exhibidor de la joyería. Fue mientras Ignacio, el dueño, atendía a un cliente, y a otro, la dependiente. La ausencia de la joya lo descubrió el propietario en una rápida mirada cuando terminaba de atender al caballero, que dubitativo desistió de la compra y se retiró. Además, en el local, estaban esperando una pareja y una mujer sin compañía.
Presuroso y contrariado el dueño pidió a los presentes:
-Por favor, no lo tomen como algo personal contra ustedes, pero me falta un valioso anillo. Ven -agregó indicando el lugar- estaba en ese estuche ahora vacío. De ninguna manera los quiero inculpar, pero si no está, alguien lo ha tomado. Llamaré a la policía.
- ¡Nos está tratando de ladrones! Gritaron al unísono la pareja. La mujer sola, también protestó con vehemencia:
- ¡Soy una señora honrada y decente!, exclamó con furia.
- ¡Nosotros también!, adhirió la pareja.
- Lo lamento, no quisiera dudar de sus conductas, pero debo pedir una investigación. Hay que aclarar qué pasó.
- Pero es evidente-, dijo la mujer. ¡El señor que atendió y se retiró es el culpable!
-Es tan cierto y claro, que no caben dudas, apunto el joven.
En tanto aguardaban la llegada del inspector y ayudante para hacerse cargo del caso, los clientes conversaban entre ellos dándose todas las explicaciones y exculpándose que no tenían participación alguna en el hecho. El dueño y la empleada, Evangelina, intercambiaban opiniones tratando de encontrar al culpable del robo. Ignacio se consolaba pensando que en última instancia el seguro se haría cargo.
Una vez arribado el inspector Ernesto el “Sagaz” Gutiérrez, y su adscripta, Natividad “Nati” Cárdenes, se les relató los acontecimientos en la voz de Ignacio.
Mientras le reconstruía cómo se habían desarrollado los hechos, apelando al exhaustivo recuerdo cronológico de cómo se desenvolvieron en el negocio los allí presentes, el intercambio de miradas y gestos de los investigadores eran frecuentes, en busca de alguna pista delatora.
Después del correspondiente interrogatorio a cada uno de ellos, quienes no dejaron de apuntar al hombre que se había retirado como el principal sospechoso, teoría abonada también por el dueño y la dependiente, les comunicaron que la única manera de corroborar la inocencia era revisar sus pertenencias. Y también, aunque les pareció violatorio y vejatorio, buscar entre sus prendas. No podían oponerse
Bajo protestas y enojos, los clientes y empleada fueron conducidos a un cuarto contiguo. Sin encontrar el anillo faltante, concluyeron que habría sido el hombre que se hizo pasar por cliente, el autor del robo. Tratarían de obtener datos y sería buscado. Ignacio salió del negocio contrariado a despedirse de todos.
Entró al local con su mano en el bolsillo jugando con el anillo.
EL AUTOR
Periodista y escritor de La Plata

Autor: Marcelo Guillermo Piazza|
CUENTO LITERATURA

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