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El día que Viena habló en castellano: El recuerdo del único hat-trick de Maradona que flotó en el aire de Dallas

Las tribunas del Dallas Stadium eran un hervidero de camisetas de tres estrellas, gorros pilusos y el infaltable grito de guerra argentino. En el campo, el cruce ante Austria demandaba máxima concentración. Sin embargo, para los hinchas de más de cincuenta años que caminaban por los pasillos del coloso tejano, este partido no era uno más. Tenía el aroma de la nostalgia, el sabor de las madrugadas de otra época y, por sobre todas las cosas, el recuerdo imborrable de una tarde de mayo de 1980 en Viena, cuando un joven de rulos negros domó a los austríacos por primera vez.
El enfrentamiento de hoy en el Mundial 2026 activó de inmediato la memoria emotiva del fútbol argentino. Es que el historial entre ambas naciones guarda bajo llave una de las páginas más brillantes, y a la vez menos dimensionadas, de la mitología maradoniana: el único hat-trick que Diego Armando Maradona convirtió con la camiseta de la Selección Mayor.
Mayo de 1980: El prólogo de la leyenda
Para entender la mística que flotaba en Texas, hay que viajar 46 años atrás en el tiempo. El 21 de mayo de 1980, la Argentina campeona del mundo de César Luis Menotti realizaba una gira europea y recalaba en el Praterstadion de Viena. Diego tenía apenas 19 años, jugaba en Argentinos Juniors y ya era una realidad que asustaba a Europa, pero esa tarde decidió dar una función de gala.
Argentina goleó 5 a 1 a Austria, y Maradona firmó tres obras de arte consecutivas. El tercero de su cuenta personal quedó grabado en la retina de los pocos afortunados que lo vieron en vivo o por las pantallas de tubos de la época: un eslalon eléctrico donde gambeteó a tres defensores austríacos dentro del área, desparramó al arquero Herbert Feurer y entró al arco caminando con la pelota. Fue la tarde en que el vals vienés se interrumpió para escuchar un tango bailado por un pibe de Villa Fiorito.
El puente generacional en las tribunas de Texas
"Yo tenía 10 años y me acuerdo de haber visto los goles en el viejo canal de aire de mi pueblo. Ver hoy a los chicos con la camiseta de Messi jugando contra estos mismos tipos te hace dar cuenta de que la historia de la Selección es una línea recta que nunca se corta", comentaba Carlos, un cordobés de 56 años que viajó a Dallas junto a su hijo, en las afueras del estadio.
Ese es el verdadero color que tiñó la jornada en los Estados Unidos. Mientras las nuevas generaciones empujaban por ver otra genialidad del capitán actual para romper el récord histórico de goles en los Mundiales, los más grandes sonreían con una complicidad nostálgica. Los hilos invisibles del fútbol unieron en un mismo plano el desparpajo de Diego en el Prater con la jerarquía eterna de Leo en el norte de América.
Austria, un rival infrecuente y siempre asociado al orden táctico europeo, volvió a cruzarse en el destino nacional. Y aunque los manuales de táctica hablarán de lo que pasó en el césped de Dallas, la verdadera nota de la jornada la dieron esos hinchas que, entre mate y mate en territorio tejano, se encargaron de recordarle a los más jóvenes que, mucho antes de este presente dorado, hubo una tarde en la que Viena también habló en castellano.

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