Es muy esperanzador ver en estos días el servicio abnegado que prestan el personal de la Salud y de las fuerzas de seguridad, de los voluntarios y autoridades para enfrentar la pandemia. Es muy esperanzador ver cómo el valor de la vida humana se pone por encima de la economía. Es muy esperanzador ver cómo la sociedad puede adaptarse a nuevos hábitos buscando el bien común. Es muy alentador ver que asumamos más claramente que no es posible tolerar los niveles de pobreza que tenemos y que es necesario buscar mejores respuestas para quienes más necesitan.
Por eso este tiempo de pandemia puede ser un tiempo oportuno de verdaderos cambios. Para ello será necesario que en cada uno y en los proyectos sociales puedan gestarse un nuevo estilo de vida que nos lleve a vivir de un modo más austero y abierto a disfrutar más de lo pequeño y simple que nos brinda cada día. Donde descubramos el valor de lo fraterno, de lo valiosa que es la vida de cada persona y que vale la pena dedicarle tiempo para compartir; de lo enriquecedor que es el volcarse a hacer más cosas por el bien de los demás; de lo plenificante que es usar las capacidades recibidas para generar proyectos de desarrollo inclusivos.
Para que este cambio pueda darse tenemos darle más lugar a esa Vida Nueva que ya está en nosotros de un modo real desde el Bautismo. Como esto es clave en nuestra vida, Hoy, como en cada Pascua, vamos a renovar las promesas bautismales, vamos a renovar nuestro compromiso de alejarnos del mal para poner nuestra confianza solo en Dios.
La relación con Dios, el vínculo estrecho con él va permitiendo estos cambios profundos y reales en cada uno y en la sociedad. Un vínculo donde dejamos que Él nos guíe y no solamente le pedimos lo que a nosotros nos parece. La SANTIDAD es la obra de la Gracia que ya está presente en cada uno y se va manifestando en nuestro modo de vivir, a través de las capacidades que hemos recibido. Y esto es para todos en la vocación y misión que hayamos recibido, en la profesión u oficio que cada uno desarrolle y en todas las etapas de la vida. Por eso hay santos consagrados, laicos, padres de familia, niños, jóvenes, obreros, gobernantes… En cada estado de vida las Gracias de Cristo Resucitado que recibimos en el Bautismo hace su obra para que su Reino brille entre nosotros.
Queridos hermanos, Cristo Vive! Y, como Iglesia, esa Buena Noticia tenemos que compartirla generosamente. Para que brille y de vida a todos.
La Virgen María, que supo permanecer al pie de la Cruz de Jesús compartiendo su amor y dolor fue la que, seguramente, más se alegró con su resurrección. A ella le pedimos la gracia de buscar siempre en Jesús y su Amor el verdadero sentido de nuestras vidas y de vivir la alegría de transitar cada día compartiendo lo que somos y tenemos con los demás.
El Obispo Braida envió un mensaje esperanzador en la Vigilia Pascual
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