Con el marcador igualado, la selección brasileña tuvo la gran oportunidad de ponerse en ventaja. Sin embargo, el arquero noruego Ørjan Nyland adivinó la intención del mediocampista y contuvo el remate. Para muchos analistas, esa atajada cambió el rumbo del encuentro.
Las críticas apuntaron inmediatamente hacia Carlo Ancelotti. ¿Por qué ejecutó Bruno Guimarães cuando en el plantel estaban futbolistas como Neymar o Vinícius Júnior?
El entrenador respondió sin esquivar la polémica.
"La elección fue realizada sobre la base de los datos que tenemos. Neymar era el primer ejecutante y Raphinha el segundo, pero ninguno estaba en condiciones de patearlo en ese momento. Por eso el turno fue para Bruno", explicó.
La explicación no convenció a buena parte de la prensa brasileña.
Columnistas de UOL cuestionaron que una decisión tan importante hubiera quedado condicionada únicamente por criterios estadísticos y sostuvieron que, en un Mundial, también pesan la personalidad y la jerarquía del futbolista encargado de asumir semejante responsabilidad. Otros análisis remarcaron que Vinícius, considerado el líder ofensivo del equipo, debió hacerse cargo del remate.
El fallo adquirió todavía mayor relevancia por un dato histórico. Según destacaron distintos medios brasileños, fue el primer penal que Brasil desperdició durante un partido de una Copa del Mundo desde 1986, una estadística que alimentó la sensación de que nada salió como estaba previsto.
Con el paso de las horas, aquella decisión se transformó en uno de los símbolos de una eliminación que todavía genera incredulidad en Brasil. Un penal, una atajada y una discusión que promete extenderse mucho más allá del Mundial.
El penal que todavía nadie entiende: la decisión de Ancelotti que desató una tormenta en Brasil
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