La historia oficial tiende a simplificar el siglo XIX argentino reduciéndolo a la pelea entre Buenos Aires y el Interior. Pero dentro del propio Interior, las tensiones por el liderazgo y el "cartel" político eran feroces. El choque invisible entre La Rioja y Santiago del Estero tiene nombre y apellido: Juan Facundo Quiroga y Juan Felipe Ibarra.
La Rioja se planta en los libros de texto con la figura imponente del "Tigre de los Llanos". Quiroga no solo dominó su provincia, sino que su influencia se extendió por todo el Cuyo y el NOA. Su carisma, su trágica muerte en Barranca Yaco y el hecho de haber inspirado la obra cumbre de Sarmiento lo convirtieron en un mito nacional. Los riojanos tienen argumentos de sobra para decir que su tierra parió al caudillo más influyente y temido de la Argentina profunda, el que verdaderamente hizo temblar al centralismo porteño.
Sin embargo, en Santiago del Estero la perspectiva es muy distinta. Mientras Quiroga era un meteoro que subía y bajaba en los campos de batalla, Juan Felipe Ibarra se consolidaba como el "padre" de la autonomía santiagueña, gobernando la provincia durante más de treinta años con una astucia y una mano de hierro implacables. Ibarra sobrevivió a todos: a Lavalle, a Paz, e incluso miraba de reojo las ambiciones de Quiroga.
Para los historiadores santiagueños, Ibarra fue el verdadero estratega político del Norte, un hombre que supo resguardar las fronteras de su provincia cuando el resto del país se desangraba en guerras civiles.
A menudo se olvida que estos dos titanes tuvieron momentos de altísima tensión, donde la desconfianza mutua por el control de las milicias del norte casi los lleva al enfrentamiento directo. Quiroga quería la gloria nacional; Ibarra, consolidar su feudo indomable.
Este recelo histórico por ver quién "mandaba" en el mapa federal dejó una herida que el paso de los siglos no terminó de cerrar. En La Rioja siempre existió la sensación de que, mientras sus hombres ponían el pecho y la sangre en las campañas nacionales de Quiroga y los aviones de la montonera, en Santiago del Estero se jugaba un juego más especulativo y hacia adentro, resguardando sus propios intereses bajo el ala de Ibarra. "Nosotros pusimos los mártires y la épica; ellos, la burocracia de la autonomía", repiten por lo bajo algunos revisionistas riojanos.
Del otro lado, el contraataque santiagueño es implacable: se jactan de que la astucia de su caudillo logró mantener la estabilidad de una provincia que jamás se arrodilló, señalando que la prepotencia de Quiroga muchas veces terminó arrastrando al Norte a guerras innecesarias por puro personalismo. Es la eterna discusión entre el heroísmo trágico y la supervivencia política, un pase de facturas histórico que todavía se respira cuando ambas provincias se miden el aceite en el plano de la representatividad federal.
Hoy, la grieta histórica persiste de manera sutil. ¿Quién dejó una huella más profunda en la identidad del interior? ¿El misticismo trágico del riojano o la astucia geopolítica del santiagueño?
El debate está abierto. ¿Quién creés que fue el caudillo definitivo del Norte argentino? Contanos en los comentarios.
Facundo Quiroga vs. Juan Felipe Ibarra: ¿Quién fue el verdadero gigante del federalismo en el Norte?
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