Cultura

La Banda vuelve a quedarse sin la Salamanca

La ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, confirmó que en febrero de 2026 no se llevará a cabo el Festival Nacional de la Salamanca, uno de los encuentros folklóricos más emblemáticos del norte argentino, al que miles de riojanos solían ir. La cancelación vuelve a generar preocupación en el ámbito cultural y turístico, no solo a nivel local sino regional, por el impacto que implica la ausencia de una fiesta popular con más de tres décadas de historia.
La información se conoció el martes 6 de enero, Día de Reyes, y ratifica un escenario de incertidumbre que se prolonga desde hace tres años, sin anuncios concretos de recuperación ni de un plan que garantice su regreso.
Un festival ausente y un reemplazo en agenda
En simultáneo con la confirmación de la suspensión, se anunció la realización de “Añoranza Santiagueña”, un nuevo evento folklórico programado para los días 7 y 8 de febrero en el Nodo Tecnológico. La propuesta, impulsada por el productor cultural Pancho Cáceres, se desarrollará en fechas similares a las que históricamente ocupaba la Salamanca, lo que despertó críticas y comparaciones inevitables. Resulta raro que suceda eso, puesto que suena a que intentan lanzar una Salamanca "BLUE".
Para muchos actores culturales, la aparición de un nuevo festival no compensa la pérdida simbólica, histórica y turística que representa la ausencia de la Salamanca, nacida a comienzos de los años ’90 y convertida durante décadas en un sello identitario de La Banda con largo posicionamiento en todo el país.
Promesas que no se sostuvieron
Durante diciembre de 2025, el intendente Roger Nediani había manifestado públicamente su intención de recuperar el festival, incluso evaluando un cambio de sede del tradicional Club Sarmiento al Nodo Tecnológico. Sin embargo, el inicio de 2026 terminó por confirmar que esas expectativas no se concretaron.
Cultura, turismo y una comparación inevitable
La cancelación reiterada de la Salamanca vuelve a poner en discusión el rol de las políticas culturales como herramienta de desarrollo. Durante años, el festival fue un motor turístico, atrayendo visitantes de distintas provincias y generando trabajo para hoteles, gastronomía, feriantes y emprendedores.
En ese contexto, la comparación con la Chaya riojana resulta inevitable: una fiesta que logró sostener continuidad, inversión y proyección nacional, consolidándose como un evento que no solo preserva la identidad cultural, sino que fortalece la economía local y posiciona a La Rioja en el calendario turístico del país.
El costo de perder lo propio
La ausencia prolongada de la Salamanca deja un vacío que va más allá de un fin de semana sin música. Implica la pérdida de un espacio de encuentro comunitario, de transmisión cultural y de visibilidad regional. Para muchos, no se trata de falta de artistas ni de público, sino de decisiones políticas y de gestión que terminan debilitando el patrimonio cultural inmaterial.
Mientras La Rioja se prepara para vivir una nueva edición de la Chaya, con celebración, participación y sentido de pertenencia, La Banda vuelve a atravesar febrero sin su festival histórico, profundizando una diferencia que hoy ya no es solo cultural, sino también estratégica.

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