Opinión

La ciencia política y el arte de desenmascarar a los poderosos

Ya Aristóteles se preguntaba quienes tienen poder; si está en manos de uno, de algunos o de muchos. Y ante todo cómo hacen uso de él. O sea, quienes se benefician con las decisiones. Maquiavelo logró como pocos mostrar en forma realista la política como un complejo mecanismo de lucha, conquista y mantención del poder de un Estado. Hacia mediados del siglo XVIII Montesquieu nos propone dividir el poder casualmente para proteger uno de nuestros bienes más apreciados, la libertad. Alexis de Tocqueville uno de sus sucesores nos advierte que la democracia debe articular dos valores fundamentales, la igualdad y la libertad. Todo esto dio lugar al desarrollo de la ciencia política, una de las disciplinas sociales que nos permiten conocer nuestra realidad y colaborar en el diseño de políticas públicas adecuadas para resolver los problemas que día a día marcan la agenda pública. Algunos de los cuales nos señalan situaciones de enorme gravedad que venimos arrastrando desde hace décadas, como la pobreza, la exclusión social y la marginalidad.
En un reciente comunicado oficial de la Oficina del Presidente de la República Argentina fechado el 16 de enero de 2026 Javier Milei ataca frontalmente a las ciencias sociales y especialmente a la ciencia política. No se trata de un exabrupto más de su cotidiana agresividad, sino una postura de gobierno. Esto no solo agrede a las personas que ejercemos la disciplina con un férreo compromiso con el conocimiento y con los valores democráticos, sino que desvaloriza a la ciencia en su conjunto. Intenta enfrentarnos con las ciencias naturales y sus aplicaciones tecnológicas aprovechándose del desarrollo aeroespacial que no fue ni gestado ni planificado durante su gobierno.
Pero, ¿por qué este enfrentamiento? ¿Por qué el interés constante en destruir a las ciencias sociales? Simplemente porque estas disciplinas, y especialmente la ciencia política, tuvieron un rol central en la transición y consolidación de la democracia en todo el mundo, principalmente después de la II Guerra Mundial. La ciencia política fue claramente perseguida bajo regímenes autoritarios y totalitarios de izquierda y de derecha. Para que pueda desarrollarse necesita de condiciones básicas de libertad, simplemente porque se encarga de desenmascarar lo que hacen los poderosos. Estamos viviendo una situación de inmensa gravedad que nos demuestra que el origen democrático de un gobierno no alcanza para ser considerado como tal. Las experiencias del fascismo y el nazismo del siglo XX son un claro ejemplo de esto.
Hoy en la Argentina nos encontramos frente a un ejercicio cruel y perverso del poder. Lo vemos diariamente no solo en el discurso presidencial, sino en el desfinanciamiento de la salud y la educación; en los intentos de entrega de los recursos estratégicos que poseemos. En el cierre de más de 19000 empresas y la pérdida de 179000 puestos de trabajo. A esto le tenemos que agregar uno de los endeudamientos externos más grandes de toda nuestra historia.
Sheldon Wolin, uno de los politólogos norteamericanos más lúcidos del siglo XX, liberal por cierto, decía que la función de la disciplina era ante todo prevenir más que predecir. Quien quiere oír, que oiga.

Sobre el autor: Polítólogo. Profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Universidad de Buenos Aires.

Autor: Pablo Alberto Bulcourf|
OPINION CIENCIA POLITICA

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