Opinión

La Unión Cívica Radical cumple 135 años al servicio de la República

“Flotan en el aire de la república dos programas perpetuos: el de los poseedores y el de los poseídos; fundamos la Unión Cívica Radical para proteger a los desposeídos”. Bajo esta concepción de la justicia social Leandro N. Alem, junto a otros preclaros ciudadanos, dio nacimiento al partido política más antiguo y prestigioso de nuestro país. Pero su alumbramiento no proviene de un acta, ni menos de un golpe de estado. Su parto fueron tres revoluciones ( 1890, 1893 y 1905) cual cráter ardiente de donde salieron las expresiones sulfurosas de la protesta que atravesó tres siglos. Las vehemencias revolucionarias se fueron transformando con el tiempo, vino una prolongada abstención, a la vez que nacieron las pasiones viriles de la conquista del sugrafio, con Hipólito Yrigoyen como guía luminoso y así dotar a la Constitución Nacional del atributo que le faltaba desde su sanción: la representación popular en la república.
Es deber de todo creyente recordar su nacimiento. El radicalismo es un estilo de vida, un temperamento, una convicción, no un simple partido hecho para una circunstancia electoral. Es por eso que, como creencia cívica, acompaña al hombre y a la mujer en todas las circunstancias de la vida en democracia. Y como la vida misma, esta fuerza histórica tiene sus momentos de grandezas y dificultades. Su grandeza consiste en haber servido – con todos sus errores- lealmente a la democracia argentina durante 135 años.
El radicalismo advino a la vida nacional para contribuir a emancipar al hombre de toda atadura inferiorizante, en una actitud más espiritual que material. El radicalismo coloca en el vértice al hombre concreto, no postula un pueblo en abstracto, pero tampoco concibe una política sin ideal, que es aquel afán permanente de liberación material y moral del ciudadano. Es una actitud frente a la vida, lejos de todo pragmatismo que denigra y siempre al servicio de la Nación.
Sobre la base de estos principios dió forma a las primeras leyes sociales para dignificar a los desposeídos, Art. 14 Bis de la Contitucòn Nacional. Impulsó la Reforma Universitaria, fue pedestal del prestigio internacional, defensor inclaudicable de la autonomía de los pueblos, de los derechos humanos y de la soberanía nacional, su vigor y permanencia dependió de la fuerza de su temperamento.
En su dilatada existencia la Unión Cívica Radical estuvo más en el llano que en el gobierno. No exento de errores, el radicalismo llevó siempre bien alto la bandera de la dignidad y la decencia y nunca enajenó el país. Conoció la dureza de la lucha, el sabor aciago de las proscripciones y las cárceles, como puede decir con altivez que luchó, como ninguno, contra todas las dictaduras. El gran escritor Ricardo Rojas –que fue encarcelado por la dictadura que derrocó a Yrigoyen en la lúgubre penitenciaria de Ushuaia cuando se afilió al radicalismo-supo resumir la historia y los principios que sostienen a la Unión Cívica Radical: Nuestra revolución de 1810 postuló entre sus principios la “emancipación del hombre” y nuestra Constitución de 1853 el “bienestar general.
Estas líneas no son el producto de la nostalgia, sino del deber de un creyente. Quien ha militado la mitad de la historia del radicalismo no puede renegar de sus convicciones ni ser ingrato de lo que ha recibido de su partido. Sin altisonancias, la política como actitud ante la vida “es un apostolado”- al decir de José Martí-es una marcha forzada, una carrera de resistencia, un torrente de pasiones, un combate sin cuartel, un saborear de amarguras y un escudo de decoro, donde se dá la mejor sangre de nuestra venas. Y es también un deber de ciudadano.
A esta altura de mi vida me queda la esperanza de que las nuevas generaciones completen la obra de los hombres y mujeres que han dado todo a nuestro partido para mejorar nuestra democracia. De ustedes jóvenes es el porvenir, para eso es hora de que se pongan la camisa al codo, hundan las manos en la masa y la levanten con la levadura de su sudor. Porque la Nación es una tarea a realizar, un deber que cumplir y porque deben hacer otra vez del radicalismo una taller de la Argentina del porvenir. Que sólo con el fuego del corazón se deshielan las conciencias coaguladas.
Por Raúl Alfredo Galván: Abogado y político de La Rioja, perteneciente a la Unión Cívica Radical (UCR). Fue diputado y senador nacional por la provincia de La Rioja en varios períodos.


Autor: Raúl Alfredo Galván|
UCR ANIVERSARIO

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