Cada 9 de Julio, la imagen del Congreso de Tucumán vuelve a ocupar el centro de los homenajes por el nacimiento de la Nación. Sin embargo, detrás de aquella histórica declaración hubo hombres provenientes de distintas provincias que llevaron a la mesa de debate las aspiraciones de sus pueblos. Entre ellos, La Rioja tuvo un papel destacado y dejó una huella que aún hoy merece ser recordada.
El nombre más conocido es el del presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros, diputado por La Rioja ante el Congreso reunido en San Miguel de Tucumán. Sacerdote, docente, intelectual y ferviente defensor de la causa emancipadora, fue uno de los protagonistas de las discusiones que desembocaron en la declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816.
Castro Barros había nacido en Chuquis, en el corazón de la actual provincia de La Rioja, en 1777. Formado en la Universidad de Córdoba, muy pronto se convirtió en una de las voces más respetadas de su tiempo por su sólida preparación académica y su compromiso con las ideas revolucionarias que comenzaron a expandirse tras la Revolución de Mayo de 1810.
Cuando fue elegido diputado por La Rioja, emprendió un largo viaje hacia Tucumán para participar de un Congreso que debía resolver el futuro político del antiguo Virreinato del Río de la Plata. La situación era crítica: el rey Fernando VII había recuperado el trono español, los ejércitos realistas avanzaban en distintos frentes y las Provincias Unidas necesitaban dar un paso decisivo para afirmar su soberanía ante el mundo.
En las sesiones del Congreso, Castro Barros defendió la necesidad de romper definitivamente los vínculos con la Corona española y respaldó la declaración de la Independencia. Su firma quedó inmortalizada en el Acta del 9 de Julio, convirtiéndose en uno de los representantes riojanos que ayudaron a dar origen al país.
Pero el aporte de La Rioja no terminó allí. La provincia también colaboró con recursos, soldados y dirigentes que sostuvieron la lucha independentista durante los años siguientes. Desde estas tierras partieron hombres que integraron los ejércitos patriotas, abastecieron campañas militares y mantuvieron viva la causa revolucionaria en una región estratégica del noroeste argentino.
Muchos de esos protagonistas permanecen poco conocidos fuera de los ámbitos académicos. Milicianos, comerciantes, hacendados y vecinos anónimos aportaron animales, alimentos, armas y dinero para sostener un esfuerzo colectivo que excedía ampliamente las discusiones del Congreso de Tucumán.
La Independencia tampoco fue el punto final de la historia de Castro Barros. Luego continuó desarrollando una intensa actividad política y religiosa, participó en distintos debates institucionales y dejó numerosos escritos que permiten comprender el complejo proceso de construcción del Estado argentino en sus primeros años.
A más de dos siglos de aquella jornada histórica, recordar el aporte de los riojanos permite comprender que la Independencia no fue solamente obra de un grupo de dirigentes reunidos en una sala tucumana. Fue el resultado del compromiso de hombres y mujeres de todas las provincias que, desde distintos lugares, apostaron por un proyecto común.
Cada bandera que hoy flamea en La Rioja recuerda también a aquellos comprovincianos que, con convicciones, sacrificios y una profunda vocación de libertad, ayudaron a escribir una de las páginas más trascendentes de la historia argentina.
Los riojanos que hicieron posible la Independencia: los hombres que ayudaron a fundar la Argentina
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