Sociedad

Promocionan El Saladillo para las fiestas patrias

El nuevo recorrido que se le da a los dos lugares relativamente cerca del centro de la Ciudad hacen que la naturaleza se tiña de celeste y blanco. Es que la Estancia Juan Caro y el Parque Natural y Aruqeológico El Saladillo proponen de una salida con todos los tintes de historia que se merecen ciertas fechas patrias. Precisamente en la gran semana de mayo eso se vivió, con más de 100 visitantes durante todo el fin de semana, incluyendo turistas de distintos puntos del país, la propuesta combinó ecoturismo, gastronomía e identidad riojana en una experiencia única. El clásico locro patrio cocinado a fuego lento por el chef Nathaniel de la Vega se fusionó con caminatas interpretativas por senderos llenos de historia, biodiversidad y paisajes inolvidables.
Entre el crepitar del fuego, el aroma del locro y el silencio de la montaña, visitantes y familias disfrutaron de una experiencia que pone en valor nuestras raíces, la cultura y el compromiso con el cuidado ambiental. La Estancia Juan Caro y el Parque Natural y Arqueológico El Saladillo ya preparan nuevas propuestas para seguir compartiendo lo mejor de La Rioja durante todo el año.
Lo que dejó
En Estancia Juan Caro y Parque Saladillo el turismo lo cocinamos con identidad: historia, ciencia natural, montaña y sabores. Cuando la naturaleza se comparte, la cultura se multiplica. Con muy buena convocatoria cerró la Semana de Mayo, consolidando el trabajo conjunto entre estos dos lugares para articular ecoturismo, gastronomía regional y conciencia ambiental acompañados de @cumbreslogistica.
El chef Nathaniel de la Vega realizó un locro patrio a fuego lento en ollas de hierro, y se fusionó con la historia del plato, cómo se modificó a través del tiempo y las civilizaciones que se nutrieron del “ruqru”, hoy tan conocido “locro” junto a caminatas interpretativas por los diversos senderos de ambos sectores. La estancia y el parque ya preparan nuevas experiencias para seguir poniendo en valor lo nuestro.
Hace unos 2.000 años, el territorio que se conoce como Saladillo, estaba habitado por familias amplias (clanes), que se asentaron en el lugar en forma permanente. Dispusieron de nuevas tecnologías como la cerámica, los textiles y el tallado en piedra que permitían sostener grupos sociales, aunque reducidos. No tenían jefes permanentes ni jerarquización social. Cada grupo estaba separado del otro por unos cientos de metros. Los viviendas (casas pozo) se encontraban sobre pequeñas lomadas, poco visibles, y la vida familiar se desarrollaba en el exterior.
La ubicación respondía a la disponibilidad de recursos, sobre todo del agua, lo que los hizo muy hábiles en tecnología hidráulica (canales, represas). Las zonas de cultivo se inundaban con las crecidas de los ríos que aportaban humedad, y se cultivaba principalmente maíz, tomate, maní, porotos y zapallo. Al pié de la sierra, en el llano, encontraban algarrobos y chañares, especies autóctonas de reconocido valor nutricional, y en las zonas altas abundaba la caza. Combinaban el modo de vida agrícola y pastoril con las prácticas de recolección.
En Saladillo vivieron casi un centenar de personas esclavizadas por el color de su piel, sometidos, considerados animales, sin ningún derecho, trabajando de sol a sol para producir riquezas para sus dueños.
En época de la Independencia, casi el 50% de la población de La Rioja eran “negros” africanos, mientras que los pueblos originarios que habían sido maltratados y diezmados no llegaban al 20%. En ese contexto, el mayor proceso de mestizaje se produjo entre europeos y africanos, dando como resultado lo que hoy somos.
El papel de la comunidad afrodescendiente en la historia de La Rioja fue sistemáticamente invisibilizado durante siglos. Aunque las contribuciones de las personas de origen africano fueron esenciales en campos como la música, la agricultura, el comercio y la integración de las montoneras federales, su narrativa quedó relegada en el discurso histórico.
Hoy, Saladillo trabaja por reivindicar las historias que durante tanto tiempo permanecieron en las sombras, en reconocimiento a la riqueza cultural y el rol constitutivo de la población afrodescendiente en la identidad riojana.
La Quebrada está ubicada sobre la ladera oriental del cordón oriental del Velasco, a 20 km de la ciudad de La Rioja. Se trata de la primera casa que aparece con este estilo en La Rioja, que tiene sótano y estufa a leña, con techo plano en un sistema constructivo que se había inventado 20 años antes en Londres.
Uno de los aspectos documentados en este lugar, es la presencia de los pueblos originarios con familias ampliadas que ocupaban espacios separadas por unos 200 metros y que se dedicaban a la caza y a la recolección.
La casa impactó mucho en la población por la forma que tiene, luego viene el terremoto 1894 y la reconstrucción de La Rioja se hace en base a este estilo.
Además, en esta zona se instalaron los Jesuitas, que en su tarea evangelizadora, educadora y productiva, construyeron una estancia que se dedicaba a la fabricación de cal, tinajas y tejas.
La familia Luna Olmos construyó una casona que se hizo sobre las ruinas de la estancia. En esa casona fue a vivir un ingeniero francés junto a su hija, que murió en El Saladillo enferma de tuberculosis. Si bien el ingeniero llegó a La Rioja para investigar la factibilidad de unir Catamarca y La Rioja a través del ferrocarril y trabajar en la explotación de la cal, la presencia de esta familia dejó una intrigante leyenda, ya que los pobladores de la zona todavía escuchan las dulces canciones en idioma extranjero que cantaba la joven que murió en este sitio. Entre los inmensos valores histórico de este lugar, se encuentran las visitas que el ilustre Joaquín V. González realizaba al Saladillo, por ser una propiedad de la familia de su esposa.

EL SALADILLO TURISMO PROMOCION

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