En este domingo la Iglesia Riojana recordó el centenario del fallecimiento de monseñor Abel Bazán y Bustos. Su vida, dedicada al servicio de los trabajadores y los más necesitados, sigue siendo hoy un testimonio vivo del amor de Cristo por su rebaño.
La coincidencia providencial de este centenario con el Domingo del Buen Pastor invitó a contemplar la figura de monseñor Abel Bazán y Bustos no solo como un ilustre riojano, sino como un pastor que supo oler a oveja mucho antes de que la expresión se hiciera conocida. Fallecido hace exactamente cien años en Buenos Aires, su legado de justicia social y entrega pastoral permanece intacto en el corazón del pueblo.
Nacido en Tama en 1867, monseñor Abel encarnó la imagen del pastor que «llama a sus ovejas por su nombre». Como Vicario Foráneo en La Rioja, fue el gran impulsor del patronazgo de San Nicolás, pero su verdadera catedral fue el compromiso con la clase obrera.
En un tiempo de profundos desafíos sociales, fue reconocido como el “Obispo Social”. Su desvelo por las trabajadoras domésticas, la creación de asociaciones católicas de obreros y las campañas de viviendas sociales no fueron simples actos de beneficencia, sino el reflejo de una convicción profunda: un pastor debe cuidar la integridad de su rebaño. Como él mismo decía: “¿Acaso no nos dio el ejemplo nuestro divino redentor, comenzando por curar enfermos y saciar al hambriento?”.
Su altura intelectual, que lo llevó a doctorarse en Roma y a ocupar las más altas esferas de la cultura nacional —siendo incluso designado para repatriar los restos de Castro Barros—, nunca lo alejó de la sencillez de su origen tameño. Fue un pastor que supo dialogar con el arte, la historia y la política, pero siempre con los pies apoyados en la tierra del Tinkunaco.
Hace un siglo, sus restos fueron despedidos con honores por el presidente Marcelo T. de Alvear y una muchedumbre que se agolpó en la Catedral Metropolitana. Su traslado final a Paraná fue el último viaje de un padre que volvía a casa para descansar. Hoy, sus restos descansan allí, a los pies de la Virgen del Rosario, la misma advocación que lo vio nacer en su Tama natal.
“En esta Jornada Mundial por las Vocaciones, la vida de monseñor Bazán y Bustos nos desafía a pedir por nuevos pastores que, como él, tengan el coraje de defender ideales de justicia y convicción. Su mensaje nos impulsa a avanzar como pueblo peregrino, asegurándonos de que nadie se quede atrás ni fuera del banquete de la vida”, indicaron desde la Diócesis de La Rioja.
También evocaron opiniones que se realizaron sobre la Asamblea Diocesana. Una de ellas fue de Augusto Agüero de la Parroquia del Salvador, Chamical.
“ Participar en la Asamblea Diocesana de Pastoral fue una experiencia profundamente enriquecedora. Desde el espacio de juventud, pude escuchar las voces de distintos jóvenes de parroquias y comunidades que, si bien un par daba gracia de pertenecer a un grupo juvenil activo, la mayoría coincidíamos en la falta de grupos juveniles y en la escasa participación de los jóvenes en la vida de la Iglesia. Se compartieron dificultades que van desde la falta de acompañamiento pastoral hasta la necesidad de catequistas más actualizados en los cursos de confirmación. La necesidad de un joven adulto mayor que permita la guía a los jóvenes para participar de la vida de la iglesia como así también se señaló la presencia de estructuras rígidas que limitan la integración juvenil.
A pesar de estas trabas, percibí un fuerte deseo y anhelo de los jóvenes de involucrarse, de buscar a Dios y de encontrar un lugar en la comunidad eclesial con actividades integradoras e inclusivas, la oración, adoración y alabanza Compartir estas inquietudes en público fue gratificante, pues la escucha se hizo general y fraterna.
El ambiente general estuvo marcado por la animación, el canto, la música y la fraternidad: el mate compartido, los abrazos, y la presencia de signos sagrados como la cruz de los mártires, las reliquias y la Virgen María hicieron palpable la acción del Espíritu Santo. La Asamblea fue un signo de esperanza. Aun en medio de las dificultades, se manifestó el anhelo de una Iglesia viva, abierta y acogedora, donde los jóvenes puedan ser protagonistas y testigos del Evangelio”, afirmó.
En tanto que para Pablo “Pepe” Moreno, del Centro Pastoral Santo Domingo, su representación fue “un honor”. “Este encuentro fue un verdadero espacio de comunión, escucha y discernimiento. Me llevo con fuerza el llamado a integrar plenamente a los jóvenes en la vida de la Iglesia, reconociéndolos como protagonistas y no solo como colaboradores ocasionales. Estamos invitados a confiar en ellos, acompañarlos y brindarles responsabilidades reales que los hagan sentirse parte viva de la comunidad”, afirmó. “También se hizo presente la preocupación por el consumo de drogas y las adicciones, una realidad que afecta profundamente a nuestra juventud. Se destacó la necesidad de formarnos para saber cómo actuar, identificar a tiempo estas situaciones y poder acompañar de manera cercana y adecuada a quienes lo necesitan. En lo personal, esta asamblea ha sido un tiempo de gracia que fortalece mi discernimiento vocacional y renueva mi deseo de servir a Dios y al prójimo.
Regreso con el corazón agradecido y el compromiso de seguir trabajando con esperanza por nuestros jóvenes”, agregó.
Diego es de la Comunidad María Madre dela Iglesia, La Rioja Ciudad: “En mi comunidad, María Madre de la Iglesia de la parroquia Resurrección del Señor, nos reunimos ya en febrero para “estudiar” un poco el contenido de las consignas. Expusimos nuestros pareceres, anotamos conclusiones y tomamos muchos mates. Ya en la Asamblea, el 14 de marzo, nos acreditamos y comenzamos a vivir esos momentos de “encuentro” donde los saludos a muchos conocidos, amigos de otras comunidades, desbordaba el ánimo en forma constante. Luego vinieron las presentaciones de rigor, las palabras del obispo, el acto inicial donde el sosiego daba lugar a relajar un poco las emociones y comenzar a poner la inteligencia al servicio de esta jornada. El centro de neurálgico de la Asamblea llegó con los trabajos grupales. Comenzar a exponer nuestras ideas para ir forjando el caminar juntos, evaluar acciones evangelizadoras, renovar líneas pastorales y responder a los desafíos actuales de la Iglesia en La Rioja. Finalizando el encuentro se expusieron números artísticos que referían la vida y obra de nuestros Mártires como así también algunos testimonios conmovedores. Compartimos momentos con amigos y hermanos, nos abrazamos, mateamos, cantamos y bailamos. La Eucaristía, al final de la jornada, nos daba fuerza para llevar adelante las conclusiones de la Asamblea y nuestro obispo nos recordaba que la misión no es una opción, sino que es la naturaleza misma de la Iglesia”, determinó.
Resaltaron el legado del obispo Abel Bazán y Bustos
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