Una megaobra binacional que conectaría Argentina con Chile a través de la Cordillera de los Andes vuelve a instalarse en la agenda regional. El Banco Interamericano de Desarrollo aprobó un crédito de 280 millones de dólares para impulsar las primeras fases de la obra y el cónsul chileno en San Juan ratificó la voluntad política de avanzar. La Rioja integra el corredor que se beneficia con el proyecto.
El Túnel Internacional de Agua Negra es uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de América del Sur. Consiste en la construcción de una conexión subterránea de casi 14 kilómetros bajo la Cordillera de los Andes, que uniría la localidad sanjuanina de Las Flores con Huanta, en la Región de Coquimbo, Chile. La obra reemplazaría al actual paso de montaña sobre la Ruta Nacional 150, que hoy solo puede usarse en verano porque las nevadas lo vuelven intransitable durante meses, obligando al tráfico de cargas a desviarse hacia el Paso Cristo Redentor en Mendoza, que ya opera al límite de su capacidad.
El diseño técnico prevé dos galerías paralelas, una para cada sentido de circulación, con calzadas de 7,50 metros de ancho, casi 5 metros de altura interna y salidas de emergencia cada 250 metros. El trazado se ubica en una de las zonas más elevadas del continente, con accesos que superan los 4.000 metros de altitud en el lado argentino y más de 3.600 metros en el chileno. La inversión estimada supera los 1.600 millones de dólares y la construcción demandaría entre 9 y 10 años de trabajo ininterrumpido desde que se firme el contrato con la empresa adjudicataria.
El estado actual: Chile avanza, Argentina espera
El proyecto no es nuevo. Lo gestiona la Entidad Binacional Túnel de Agua Negra (EBITAN), creada en 2009 para coordinar la licitación y supervisar las etapas constructivas. En los últimos años atravesó frenadas y reactivaciones, pero en 2026 volvió a ganar impulso. Autoridades de ambos países retomaron las conversaciones para avanzar con la reactivación de la iniciativa, aunque todavía quedan definiciones técnicas y financieras pendientes.
El estado de situación es asimétrico entre los dos países. En el lado chileno, las obras ya se reanudaron con trabajos de pavimentación y mejora de accesos viales, según confirmó el cónsul de Chile en San Juan, Mario Schiavone. En territorio argentino, el inicio de las obras formales aún está pendiente, aunque existe fuerte voluntad política para avanzar. Schiavone fue categórico al respecto "Es una aspiración muy fuerte, un proyecto que no se va a perder nunca."
En materia de financiamiento, el panorama mejoró. El Banco Interamericano de Desarrollo aprobó 280 millones de dólares para financiar el proyecto, distribuidos en 130 millones para Argentina y 150 millones para Chile, destinados a la primera etapa de la obra. Sin embargo, el grueso del financiamiento aún está por definirse, lo que representa uno de los desafíos centrales para avanzar en los próximos años.
Los beneficios de la obra
El impacto de un túnel operativo durante todo el año va mucho más allá de ahorrar tiempo en los cruces. La obra forma parte del Corredor Bioceánico Central, una red logística pensada para conectar el Atlántico con el Pacífico atravesando el corazón de Argentina. Eso significa reducir costos de transporte para las exportaciones argentinas hacia mercados asiáticos, que hoy deben rodear el continente o cruzar por puntos saturados.
El impacto estratégico alcanzaría sectores como la minería, la agroindustria y las energías renovables, al reducir tiempos y costos logísticos. También beneficiaría al turismo al facilitar el flujo de visitantes entre ambos lados de la cordillera. Se prevé además la generación de miles de puestos de trabajo tanto durante la construcción como en la operación permanente del corredor.
Qué significa para La Rioja
Aunque el Túnel de Agua Negra se construirá en San Juan, su impacto podría extenderse a La Rioja. Al integrarse al Corredor Bioceánico Central, la provincia tendría una conexión más eficiente con los puertos del Pacífico, facilitando el comercio exterior y reduciendo costos logísticos.
La obra también podría favorecer sectores clave de la economía riojana, como la minería y el turismo, al mejorar la conectividad regional y garantizar un paso internacional operativo durante todo el año.
La obra todavía tiene por delante años de gestión, financiamiento y construcción antes de volverse una realidad. Pero el hecho de que el BID ya haya desembolsado los primeros fondos y de que ambos gobiernos mantengan la voluntad política de avanzar mantiene viva una posibilidad que, de concretarse, cambiaría la geografía económica del norte argentino.