Por Sara Gonzalez
El patio de la familia Vilte, el Puquial, al inicio del mes de la chaya no fue uno más; fue protagonista poético. Un sitio donde la identidad se envuelve con harina y se canta con coplas y vidalas del alma.
Tras 69 años de vigencia ininterrumpida, protegiendo el fuego de la tradición sin que un solo año faltara la Chaya, este patio recibió un doble abrazo.
que lo consagra definitivamente
El ciclo Chayarte, un programa que, desde la Escuela de arte y a través de la Secretaría de Cultura, busca destacar y reconocer los espacios emblemáticos de la chaya Chileciteña.
Eligió el inicio de este febrero para rendir tributo a Manuel Vilte. En su tercer año de vida, el programa se trasladó al Puquial para certificar lo que todos sabían, que allí se custodia un tesoro inmaterial.
Simultáneamente, la Cámara de Diputados de La Rioja también se sumó a la celebración, al declarar al Puquial de Interés Provincial.
Estos reconocimientos a la persistencia de una familia que, durante casi siete décadas, ha servido de puente entre el pasado ancestral y el presente vertiginoso de una Chaya que a veces pierde su esencia. Buscando siempre dar lugar al talento de vidaleros, a las historias compartidas alrededor de una mesa, al brindis alegre del vino, y al compás del baile entre amigos.
Manuel Vilte recibió estos homenajes con la emoción surcando su rostro, se convirtió tímidamente en el centro del homenaje, sin dejar de expresar gratitud. Con palabras que brotaban desde el corazón, destacó que sostener este patio es, ante todo, un compromiso con los antepasados.
Construir sobre el patrimonio heredado, es un destino. Entre los ecos de las cajas chayeras, se evidencian los encuentros entre abrazos. Para los Vilte, el ritual no es un espectáculo, representa un encuentro festivo y familiar donde la vidala es el latido del alma y el agradecimiento a la Pachamama es la razón de ser. En El Puquial, la chaya recupera su sentido primigenio, la comunión con la tierra que nos da el sustento y la voz.
Vivir la Chaya en un lugar como este, representa un refugio para la cultura chileciteña.
Las autoridades presentes coincidieron en un punto fundamental, lugares como El Puquial son los que evitan que la identidad y las raíces se diluyan. La vigencia de estas personas y sus espacios garantiza que el arte riojano siga teniendo un suelo firme donde pisar.
Bajo sus parrales han pasado las personalidades más influyentes de la cultura local, dejando cada una un verso o una copla que hoy forman parte de las paredes invisibles de este patio.
La Chaya en El Puquial pertenece a los amigos que se fueron y a los que vendrán, a la familia que promete seguir preservando esta celebración, mientras haya una garganta dispuesta a cantar y una mano lista para lanzar harina al cielo.
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