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Estados Unidos vuelve a cruzarse con Bélgica y busca revancha por una de las derrotas más dolorosas de su historia

Para Estados Unidos, el duelo frente a Bélgica en los octavos de final del Mundial de Brasil 2014 pertenece a esa segunda categoría. Fue una eliminación que dejó orgullo, frustración y la sensación de que el sueño había estado mucho más cerca de lo que indicaba el resultado.

Hay partidos que terminan cuando el árbitro marca el final. Otros permanecen vivos durante años. Para Estados Unidos, el duelo frente a Bélgica en los octavos de final del Mundial de Brasil 2014 pertenece a esa segunda categoría. Fue una eliminación que dejó orgullo, frustración y la sensación de que el sueño había estado mucho más cerca de lo que indicaba el resultado.

Doce años después, el destino vuelve a reunir a ambos seleccionados en una Copa del Mundo. Otra vez en una instancia de eliminación directa. Otra vez con un lugar en los cuartos de final como premio. Y otra vez con el recuerdo de aquella inolvidable tarde en Salvador de Bahía sobrevolando la previa.

Aquel 1 de julio de 2014 se transformó rápidamente en uno de los partidos más recordados de la historia reciente de los Mundiales. Bélgica llegaba como una de las selecciones jóvenes que prometían dominar el fútbol europeo durante la siguiente década. Eden Hazard, Kevin De Bruyne, Romelu Lukaku, Thibaut Courtois, Jan Vertonghen, Vincent Kompany y Axel Witsel conformaban una generación que despertaba admiración en todo el mundo.

Del otro lado aparecía un Estados Unidos combativo, dirigido por el alemán Jürgen Klinsmann y dispuesto a competir sin complejos frente a cualquiera.

Sin embargo, el gran protagonista terminó siendo Tim Howard.

El arquero estadounidense protagonizó una actuación histórica. Durante los noventa minutos y el tiempo suplementario realizó 16 atajadas, una cifra que durante años fue considerada récord en una fase eliminatoria de la Copa del Mundo. Una tras otra, frustró a Hazard, Origi, Mertens y De Bruyne, sosteniendo con vida a un equipo que resistía como podía el asedio belga.

Las imágenes de Howard volando de palo a palo recorrieron el planeta. En Estados Unidos fue recibido como un héroe nacional pese a la derrota. Las redes sociales se inundaron de homenajes y hasta surgieron montajes fotográficos que lo mostraban salvando edificios, apagando incendios o deteniendo meteoritos. Pocas veces un futbolista había sido tan celebrado después de quedar eliminado.

Pero ni siquiera su actuación alcanzó.

En el inicio del tiempo suplementario apareció Kevin De Bruyne para romper el cero con una definición cruzada. Minutos más tarde, Romelu Lukaku, que había ingresado desde el banco, amplió la ventaja tras una gran maniobra individual.

Parecía sentenciado.

Entonces llegó otro momento inolvidable.

Julian Green, un joven de apenas 19 años que acababa de ingresar, descontó con una notable definición de volea apenas dos minutos después de entrar al campo. Fue uno de los goles más rápidos convertidos por un suplente en la historia de los Mundiales y devolvió la esperanza a los estadounidenses.

Los últimos minutos fueron frenéticos. Estados Unidos se lanzó desesperadamente en busca del empate, Bélgica resistió como pudo y el pitazo final dejó una mezcla de tristeza y reconocimiento. Los europeos avanzaban de ronda. Los norteamericanos se despedían con la frente en alto.

Hoy muchas cosas cambiaron.

Estados Unidos organiza el Mundial junto a México y Canadá, el fútbol ocupa un lugar mucho más importante dentro del deporte estadounidense y la expectativa alrededor de la selección es muy superior a la de hace doce años. Mauricio Pochettino tomó las riendas de un plantel que mezcla juventud con experiencia y que sabe que una clasificación a cuartos de final tendría un impacto enorme en el crecimiento del deporte dentro del país.

Bélgica también cambió.

Aunque Kevin De Bruyne sigue siendo el gran conductor, la denominada "Generación Dorada" fue dando paso a nuevos nombres. Jeremy Doku, Maxim De Cuyper y otros jóvenes intentan mantener a los Diablos Rojos entre las grandes potencias del fútbol europeo mientras conviven con algunos referentes que todavía buscan regalar una última gran alegría.

La historia, sin embargo, vuelve a ponerlos frente a frente.

Para los estadounidenses, la posibilidad de eliminar al rival que los dejó afuera en Brasil representa mucho más que una clasificación. Es la oportunidad de cerrar una herida que permanece abierta desde hace doce años y de demostrar cuánto creció el fútbol en el país desde aquella inolvidable actuación de Tim Howard.

Porque algunos partidos nunca terminan.

Simplemente esperan una nueva edición para escribir el capítulo que quedó pendiente.

#worldcup #fifa
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