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Espectáculos

Hace 27 años, Gustavo Cerati apostó todo por Bocanada: el disco que nació entre las dudas y se convirtió en una obra maestra

Tras apagar los motores de Soda Stereo, el músico se encerró en su búnker para dar vida a su obra más sofisticada. Presión de la prensa, fanáticos hostiles y el desafío de empezar de cero sin la red de seguridad del trío más grande de América.

El 28 de junio de 1999, las disquerías argentinas recibieron un disco que parecía desafiar cualquier expectativa. En la portada, fotografiada por Gaby Herbstein, Gustavo Cerati aparecía de perfil, envuelto en un tapado de piel y rodeado por una nube de humo sobre un fondo azul profundo. La imagen transmitía elegancia, misterio y una certeza: el hombre que había liderado durante quince años a Soda Stereo ya no tenía intención de mirar hacia atrás.

El álbum se llamaba Bocanada.

Hoy nadie discute su lugar entre los grandes discos del rock en español. Figura en los rankings de las mejores producciones latinoamericanas de todos los tiempos y es citado como influencia por músicos de distintas generaciones. Pero hace 27 años la historia era completamente distinta. Cerati llegaba a ese lanzamiento con más preguntas que certezas.

El peso de sobrevivir al "Gracias... totales"

Cuando el 20 de septiembre de 1997 pronunció el ya legendario "Gracias... totales", millones de fanáticos pensaron que la separación de Soda Stereo sería apenas un paréntesis. La historia del rock estaba llena de reuniones inesperadas y nadie descartaba una marcha atrás.

Mientras tanto, Cerati desapareció casi por completo de la escena pública.

Los medios seguían cada movimiento con curiosidad. Las preguntas se repetían una y otra vez: ¿podría sostener una carrera sin Zeta Bosio y Charly Alberti? ¿Existía un Cerati solista capaz de llenar el enorme vacío que dejaba Soda? ¿Volvería al rock de guitarras o profundizaría su interés por la electrónica? Las incógnitas eran tantas como las expectativas.

El propio músico parecía disfrutar de ese silencio. Lejos de salir a responder, eligió encerrarse a trabajar.

Casa Submarina: el laboratorio donde nació otra forma de hacer canciones

En el subsuelo de su casa funcionaba Casa Submarina, un estudio doméstico que terminaría convirtiéndose en el verdadero protagonista de esta historia.

Allí pasaba jornadas enteras rodeado de sintetizadores, samplers, computadoras y pilas de discos de jazz, soul, funk, música brasileña y rock progresivo. Ya no componía como antes. En lugar de partir de una guitarra, muchas veces comenzaba recortando apenas unos segundos de un viejo vinilo para transformarlos en algo completamente nuevo.

Era un método obsesivo.

Quienes lo visitaban recordaban a un Cerati capaz de pasar horas trabajando sobre un único sonido. Muchas de las canciones de Bocanada nacieron primero como paisajes instrumentales y recién después encontraron melodías y letras.

Mientras cuidaba a Benito y Lisa junto a Cecilia Amenábar, también estaba reinventando su manera de producir música. El estudio dejó de ser un lugar para registrar canciones: se convirtió en un instrumento creativo.

Daniel Melero y una semilla plantada muchos años antes

Aunque Bocanada es una obra profundamente personal, resulta imposible entenderla sin mencionar a Daniel Melero.

La relación entre ambos venía de finales de los años ochenta y había dado frutos decisivos como el álbum Colores Santos. Fue Melero quien acercó a Cerati a una manera distinta de pensar la música: el estudio como herramienta creativa, el error como parte del proceso, el sampler como instrumento y la electrónica como un lenguaje capaz de convivir con el pop.

Esa influencia terminó floreciendo plenamente en Bocanada. Cerati ya no utilizaba la tecnología como un adorno; la convertía en parte esencial de la composición.

La tapa más famosa nació por un accidente

Durante la sesión de fotos, Gaby Herbstein se frustraba porque el humo de los cigarrillos arruinaba constantemente el enfoque. Cerati observó la situación y lanzó una propuesta inesperada:

—¿Y si el humo está en foco?

La fotógrafa invirtió el punto de atención de la cámara y obtuvo una de las imágenes más emblemáticas de la historia del rock argentino. Aquella frase, además, terminó convirtiéndose en el nombre de una de las piezas instrumentales del álbum.

Abbey Road: el último detalle

Cuando el disco estaba prácticamente terminado, Cerati sintió que todavía faltaba algo.

Viajó a los históricos Abbey Road Studios para registrar los arreglos de cuerdas que terminarían envolviendo varias de las canciones. No buscaba hacer un disco sinfónico; pretendía que una orquesta conviviera con samplers, guitarras procesadas y programación electrónica.

El resultado fue una sonoridad inédita dentro del rock latinoamericano de finales de los noventa.

Un lanzamiento que desconcertó más de lo que dividió

Con los años se instaló la idea de que Bocanada fue rechazado por la crítica. La realidad fue bastante más matizada.

Los periodistas especializados, en líneas generales, recibieron el álbum con respeto e incluso admiración, aunque coincidían en señalar que no era un disco de consumo inmediato. La Nación habló de un trabajo de "última generación" y destacó la capacidad de Cerati para convertir sus búsquedas electrónicas en canciones. Otras publicaciones subrayaron el riesgo artístico que implicaba abandonar cualquier fórmula asociada a Soda Stereo.

Las dudas, en realidad, estaban más del lado del público.

Muchos esperaban un sucesor de Sueño Stereo o de Canción Animal. En cambio encontraron una obra introspectiva, cinematográfica, construida sobre climas antes que sobre explosiones. Canciones como "Tabú", "Río Babel" o la propia "Bocanada" exigían una escucha paciente.

Cerati lo resumió mejor que nadie durante la promoción del disco:

"Veo a Bocanada como una película. No porque tenga una historia, sino por los climas que genera." No estaba pensando en una colección de sencillos. Estaba imaginando una experiencia completa.

Cuando apareció "Puente" todo cambió con el tiempo.

Si bien desde el comienzo hubo canciones que llamaron la atención, fue "Puente" la que terminó construyendo el vínculo emocional definitivo con el gran público. Su crecimiento en las radios y, sobre todo, en los conciertos permitió que muchos oyentes regresaran al álbum y descubrieran un universo mucho más amplio. Con los años también crecieron "Beautiful", "Paseo Inmoral", "Verbo Carne", "Engaña" y "Tabú", que pasaron a ocupar un lugar central dentro del repertorio de Cerati.

El tiempo le dio la razón

Hay una paradoja fascinante alrededor de Bocanada. El disco que muchos consideraban demasiado sofisticado para el mercado terminó convirtiéndose en uno de los álbumes más influyentes del rock latinoamericano. Productores, músicos y críticos comenzaron a señalarlo como una obra adelantada a su tiempo, capaz de integrar rock, electrónica, trip hop, pop, ambient y arreglos orquestales con una naturalidad poco frecuente en la región.

Cerati nunca pareció preocupado por demostrar que podía sobrevivir sin Soda Stereo. En realidad hizo algo mucho más difícil: evitó competir con su propio pasado.

Mientras muchos esperaban otro disco de guitarras, eligió escribir un nuevo capítulo. No buscó repetir una fórmula que ya le había dado éxito. Prefirió correr el riesgo de decepcionar expectativas antes que traicionar su propia curiosidad artística.

Veintisiete años después, esa decisión sigue resonando en cada escucha.

Porque Bocanada no fue simplemente el primer gran disco de la carrera solista de Gustavo Cerati. Fue la obra que confirmó que los artistas verdaderamente grandes no se definen por la capacidad de repetir sus éxitos, sino por el coraje de reinventarse cuando todo el mundo espera exactamente lo contrario.

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