Una nueva ola de amenazas de bomba contra aviones comerciales generó preocupación en Europa y obligó a activar protocolos de emergencia en distintos aeropuertos. Más de 20 aeronaves fueron afectadas durante esta semana, con desvíos, aterrizajes de emergencia y operativos de seguridad.
Los incidentes alcanzaron a países como Francia, Italia, Bulgaria, Polonia, Austria y República Checa. Aunque las inspecciones no detectaron explosivos, las alertas provocaron el despliegue de cazas militares para escoltar algunos vuelos.
Aterrizajes de emergencia y operativos de seguridad
Uno de los casos más importantes involucró a un avión de Aer Lingus que viajaba de Dublín a Roma. La aeronave fue desviada hacia una base militar francesa y escoltada por un caza Rafale. A bordo viajaban 151 pasajeros y seis tripulantes, que resultaron ilesos.
También fueron afectados vuelos de Wizz Air y Finnair. El primero, que cubría la ruta Milán-Varsovia, aterrizó en Viena, mientras que el segundo llegó a Roma bajo escolta de cazas italianos.
En Bulgaria, tres aviones debieron modificar sus destinos: dos aterrizaron en Sofía, procedentes de Copenhague y Madrid, y otro fue desviado hacia Plovdiv. En República Checa, las autoridades reportaron amenazas contra cuatro vuelos con destino a Praga.
Investigan el origen de las amenazas y posibles ataques coordinados
Las pesquisas sobre algunos episodios apuntan a un correo electrónico anónimo escrito en italiano, enviado a direcciones vinculadas con el aeropuerto de Roma. La Policía Postal y la Policía de Fronteras Aéreas investigan su procedencia.
La preocupación aumenta porque las amenazas coinciden con otros ciberataques contra supermercados europeos, que afectaron los sistemas de refrigeración de establecimientos en Bélgica, Luxemburgo, Suecia e Irlanda. También hubo un intento de ataque informático contra bancos de sangre en Francia.
Distintos dirigentes europeos relacionaron otros episodios de sabotaje y ciberataques con posibles operaciones de guerra híbrida y señalaron a Rusia e Irán, aunque ambos países rechazan las acusaciones. Por ahora, no hay pruebas que vinculen directamente esos hechos con las amenazas contra los aviones.
Las autoridades mantienen las investigaciones para identificar a los responsables. Aunque no se encontraron explosivos, cada alerta obliga a movilizar equipos especializados, modificar itinerarios y desplegar recursos militares, con consecuencias para las operaciones aeroportuarias y miles de pasajeros.
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