Los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio entraron en una nueva etapa marcada por la emergencia sanitaria. Mientras disminuyen las posibilidades de encontrar sobrevivientes bajo los escombros, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advirtieron sobre el riesgo creciente de brotes de enfermedades en los refugios temporales, donde miles de personas permanecen hacinadas.
Uno de los principales focos de preocupación es la baja cobertura de vacunación que el país registraba antes del desastre. Según explicó Ciro Ugarte, director de Emergencias de la OPS, la concentración de personas en campamentos y las dificultades para garantizar condiciones sanitarias adecuadas aumentan el riesgo de propagación de enfermedades como el sarampión. Por ese motivo, los organismos internacionales analizan implementar campañas de vacunación selectiva en las zonas más afectadas.
La escasez de agua potable representa otro desafío crítico. La OMS remarcó la necesidad de controlar la calidad del agua distribuida en los refugios, ya que la falta del recurso, sumada al hacinamiento y a la exposición a fluidos cloacales y cuerpos en descomposición, podría favorecer la aparición de infecciones gastrointestinales, diarreas, conjuntivitis y enfermedades transmitidas por vectores.
La situación es especialmente grave en La Guaira, el estado más golpeado por los sismos. Allí, mientras muchos vecinos continúan buscando a familiares desaparecidos entre los escombros, los equipos internacionales de rescate comenzaron a retirarse para dar paso a especialistas sanitarios. En paralelo, el sistema de salud enfrenta una fuerte presión: la OPS informó que ocho hospitales necesitan asistencia urgente y tres presentan daños estructurales importantes.
Entre los centros más comprometidos se encuentra el Hospital José María Vargas, que alberga a 96 pacientes en una sala preparada para solo ocho camas y cuenta con reservas de sangre casi agotadas. El Hospital Rafael Medina Jiménez también redujo drásticamente su capacidad de internación. Según el último balance oficial, los terremotos dejaron al menos 2.954 muertos, 16.592 heridos y unas 16.000 personas sin hogar. Frente a este escenario, la OPS lanzó un llamado internacional para recaudar 24 millones de dólares con el objetivo de asistir durante los próximos seis meses a unas 700.000 personas afectadas.
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