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Opinión BATALLA DE LAGUNA LARGA

La revancha fallida de Facundo Quiroga frente a José Maria Paz

El 25 de febrero de 1830 se enfrentaron las fuerzas unitarios y federales en Laguna Larga, Córdoba. La victoria de José Maria Paz sobre Juan Facundo Quiroga consolidó la liga del interior y cambió el equilibrio politico del pais.

Paz se había hecho de la gobernación de Córdoba, pero Quiroga no dio por concluido el pleito y preparaba desde Cuyo una nueva incursión a tierra cordobesa. El clima beligerante perturbaba la gestión gubernativa a la vez que obligaba al gobernador a sofocar las frecuentes rebeliones incitadas por caudillos locales. Una nueva confrontación armada parecía inevitable y era cuestión de días para que los viejos contrincantes volvieran a verse las caras.

Paz era un guerrero profesional, amante de la disciplina y cultor de tácticas militares ingeniosas con las que solía sorprender a sus ocasionales adversarios. Esa condición, potenciada por su personalidad adusta y un tanto huraña, lo convertía en un rival respetado y temido a la vez. Las llamadas “montoneras federales”, en cambio, integradas por gauchos armados, hábiles jinetes, eran tan feroces como indisciplinadas. Para evitar la contienda en ciernes hubo algunos intentos de mediación promovidos por Juan Manuel de Rosas y Estanislao López, referentes del espacio federal. Sin embargo, esos escarceos negociadores no dieron frutos; las posturas de los bandos en pugna eran irreconciliables, como claramente lo había manifestado Quiroga en la carta enviada a Paz el 10 de enero de 1830: “Estamos convenidos de pelear una sola vez para no pelear toda la vida. Es indispensable ya que triunfen unos u otros, de manera que el partido feliz obligue al desgraciado a enterrar sus armas para siempre”.

El ejército de Quiroga permanecía a poco más de unas diez leguas de la capital cordobesa, en las inmediaciones de la Laguna Larga —Cachicoya, en quechua—, a la espera de refuerzos que provendrían de otros caudillos. El ejército de Paz, por su parte, había avanzado desde Anisacate, donde el gobernador había concentrado sus fuerzas, y costeado la margen izquierda del Río Segundo que cruzó por el llamado Paso de los Tesera. En sus Memorias, Paz señala que “el ejército pasó el Río Segundo en la tarde del 24 y estuvo allí la mayor parte de la noche hasta la madrugada del 25, que emprendió su marcha en dirección al enemigo, a cuyo frente estuvo a las diez y media de la mañana”. La batalla era inminente.

Las fuerzas eran parejas, de alrededor de 4.000 hombres cada una. En la oficialidad de la fuerza pacista revistaban Gregorio Aráoz de Lamadrid, Juan Esteban Pedernera, José Videla Castillo y Dionisio Puch, entre otros. En el bando contrario figuraba el temible “fraile” Aldao, el exsacerdote dominico convertido en militar y más tarde en caudillo federal. El lugar exacto donde se libró el combate suscitó —y lo sigue haciendo hasta el presente— alguna controversia, como así también el nombre de la batalla que lo asocia con dicho lugar. La Laguna Larga a la que aluden todas las crónicas, ya no existe, lo que da pie a distintas opiniones en cuanto a la localización precisa de la contienda. El único asentamiento que existía en la zona aludida era la posta de Impira, sobre el antiguo Camino Real que unía Córdoba con Buenos Aires,

Paz describe meticulosamente el dispositivo adoptado por la fuerza de Quiroga, cuyo centro, constituido por la infantería y artillería estaba emplazado en una isleta de chañares, un bosquecillo circular existente en medio de la planicie, llamado “La encrucijada” por los lugareños por hallarse próximo a un cruce de caminos. Las cien carretas que transportaron desde Mendoza el parque y demás pertrechos estaban dispuestas a manera de barrera protectora, en tanto que la caballería, algo replegada, cubría las alas, la izquierda recostada sobre la laguna.

La acción comenzó con el cañoneo de la artillería de Quiroga, tras lo cual Paz ordenó atacar el ala izquierda del enemigo, a cuyo efecto mandó a desplazar hacia ese lado las tres columnas que avanzaban sobre el terreno. No era lo que esperaba Facundo, y tras sucesivas cargas de los batallones de Paz se aceleró el desbande de los del riojano. Muchos de ellos fueron lanceados o tomados prisioneros durante la persecución que se prolongó hasta la caída del sol. Entretanto, Quiroga había logrado tomar el camino de postas en dirección a Buenos Aires, donde encontraría el amparo de Rosas. Resignado, diría que Paz “era un general que ganaba batallas con figuras de contradanza”.

Ambas localidades cordobesas recuerdan el evento histórico y reivindican la localía de la acción con igual énfasis. En la Plaza General Paz de la ciudad de Oncativo se encuentra un monumento a la batalla, realizado por el artista Hector Valazza en 1936. En Laguna Larga, en 1995, se inauguró la Plazoleta de la batalla de la Laguna Larga.

Los resonantes triunfos obtenidos convirtieron al vencedor en el hombre fuerte del desmantelado bando unitario. Desde Córdoba, tejió la Liga del Interior, una alianza que reunía en su seno a otras ocho provincias, dispuesto a ir por más. Sin embargo, la siguiente instancia tendría un desenlace inesperado, pero esa es otra historia…

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