El 26 de enero de 1914 murió José Gabriel del Rosario Brochero. Se lo tiene por hombre de la Iglesia, que sin dudas lo fue, pero además como figura pública y paisano comprometido con su tierra a lo largo de los 73 años que duró su vida terrenal y sus 47 años de sacerdocio.
Cordobés de cuna, nació en 1840, en un paraje cercano a la Villa Santa Rosa de Río Primero. Siendo adolescente ingresó al seminario de Nuestra Señora de Loreto, contiguo a la Catedral cordobesa, dirigido por prelados de línea dura, como Jerónimo Clara. Se ordenó de sacerdote en 1866 y, tres años más tarde, partió hacia el valle del oeste de las Sierras Grandes, donde pasaría la mayor parte del resto de su vida. Tal vez esa muralla natural o la idiosincrasia esquiva hacia el citadino, o ambas cosas, hacían que la gente de Traslasierra viviera a su manera y tuviera poco contacto con la capital cordobesa.
Durante esa primera travesía a la que siguieron muchas más, bamboleándose sobre la cabalgadura, bien arriba de las serranías, mientras vadeaba arroyos cristalinos y contemplaba aquella lontananza imposible de abarcar con la vista, el joven párroco seguramente cavilaba acerca de lo que le esperaba en esa tierra ignota, apenas una mancha azulada que parecía flotar al pie de los cerros. Saludó, amable, a los paisanos que cruzó en su camino, niños acarreando leña y ancianas cuidando rebaños en las laderas de las altas cumbres.
Sin embargo, su aspecto afable y bonachón podía inducir a engaño: esa capa de sencillez y bonhomía ocultaba un temple de acero y una vocación a toda prueba. Tenía en claro que el éxito de su tarea misional dependería de su adaptación al medio, de la comunicación que lograse con aquellas personas que, respetuosas, se descubrían ante su presencia pero que no confiarían en él hasta conocerlo. Sabía que lo que importaba no eran las formas ni los rituales sobrecargados de la ciudad ni la liturgia tradicional, sino la naturalidad del vínculo espiritual cara a cara.
Se alojó en la parroquia de la recién creada Villa del Tránsito, sede del curato de San Alberto o Tras la Sierra. Enseguida, comenzó su lucha para dignificar aquella comarca y a sus pobladores sumidos en la pobreza y el atraso; algunos años más tarde fundó la Casa de Ejercicios Espirituales a la vera de la iglesia. Incansable, a lomo de su mula Malacara, tocado con chambergo y una sotana de doble fila de botones que le llegaba a los pies, con el infaltable bastón en sus manos y, en invierno, con un poncho campero sobre los hombros, fatigaba caminos y senderos de su vasta parroquia aliviando el dolor de los enfermos, haciendo de consejero de los sanos y protegiendo a todos por igual.
Ayudó a levantar capillas y escuelas, acequias y caminos, haciendo muchas veces de albañil. Convencido de que la cosa pasaba por el progreso, no dudó en mezclarse en cuestiones terrenales y bregó para que el ferrocarril, el correo y otros adelantos de la época llegaran a la postergada Traslasierra. No se mostró reticente con la política; escribía cartas, pedía audiencias y reclamaba soluciones en voz alta. Su vieja amistad le abrió las puertas del despacho del gobernador Miguel Juárez Celman, ante quien intercedió para que se abriese el camino de las altas cumbres y terminar con el aislamiento de la región. Intercedió para que se le perdonara la vida al gaucho Santos Guayama, perseguido por la justicia, con quien había labrado un vinculo de amistad.
Así pasaron varias décadas, regresó a Villa del Rosario hasta que, víctima de la lepra que había contraído y otros males que padecía, regresó a Traslasierra y se recluyó en la Casa de Ejercicios. Falleció el 26 de enero de 1914 y desde entonces sus restos reposan en la parroquia Nuestra Señora del Tránsito. En 1916, el gobernador Ramón J. Cárcano cambió la denominación de la Villa del Tránsito por Villa Cura Brochero.
Las gestiones para la beatificación del legendario cura gaucho cobraron impulso desde que el arzobispo de Córdoba, Monseñor Carlos Náñez, abrió el proceso establecido por las normas canónigas. En el año 2004 fue declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II, primer paso hacia la canonización, una instancia posterior. El caso se estudió en Roma, donde los milagros que se le atribuyen fueron debidamente evaluados por la congregación vaticana. Nicolás Flores y Camila Brusotti fueron los casos milagrosos que la Iglesia Católica reconoció por su intercesión. Nicolás había sufrido un accidente automovilístico cuando tenía 11 meses; perdió masa encefálica y su pronóstico era estado vegetativo. Camila había sido víctima de una feroz golpiza cuando tenía 8 años y su estado era irreversible. Juntas médicas declararon que la providencial recuperación, en ambos casos, no tenía una explicación científica.
El 16 de octubre de 2016, el Papa Francisco presidió la ceremonia de canonización que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, en Roma. Ese día, el cura gaucho se convirtió en San José Gabriel Brochero.
Comentarios