El organismo nacional ratificó que el oeste provincial se encuentra en una zona de alta peligrosidad. Especialistas advierten sobre la necesidad de extremar los controles de construcción ante la posibilidad de “dobletes sísmicos”.
La geología de nuestra región no admite desatenciones. La actualización del mapa de peligrosidad sísmica elaborada por el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) ha vuelto a colocar a La Rioja en el centro de un debate impostergable: la seguridad estructural de los edificios públicos y la preparación del Estado frente a eventuales sismos de gran magnitud.
El informe, ratificado recientemente, confirma que el oeste riojano integra la segunda categoría de mayor peligrosidad del país, solo por detrás de las zonas críticas del sur de San Juan y el norte de Mendoza. Pero más allá de la clasificación, el estudio arroja una verdad que altera el mapa de riesgos nacional: ya no existen zonas de riesgo nulo en la Argentina. Todas las jurisdicciones, en mayor o menor medida, están expuestas
El precedente que inquieta
El interés por la sismología local se reactivó tras los recientes eventos en Venezuela. Allí, un fenómeno conocido como “doblete sísmico” —donde un primer sismo es seguido casi instantáneamente por un segundo movimiento de similar magnitud— causó estragos en la infraestructura.
El geólogo e investigador del CONICET, Andrés Folguera, explica que estos eventos ocurren cuando la energía liberada por el primer sismo desestabiliza las tensiones geológicas de la zona, provocando una réplica inmediata. Aunque la sociedad suele olvidar estas amenazas en los períodos de calma, Argentina cuenta con antecedentes traumáticos: el terremoto de Caucete de 1977, en la vecina San Juan, fue precisamente una secuencia de dos impactos con apenas medio minuto de diferencia.El desafío en la construcción
Para los especialistas, la imposibilidad científica de predecir terremotos convierte a la prevención en la única herramienta de supervivencia. En una provincia con la actividad sísmica de La Rioja, las normas de construcción sismorresistente no son sugerencias, sino leyes ineludibles.
“El desafío no es saber cuándo será el próximo sismo, sino garantizar que la infraestructura sea capaz de resistirlo sin colapsar”, sostienen expertos. En este sentido, la mirada está puesta en los edificios estratégicos: hospitales, escuelas y edificios administrativos, donde la fiscalización debe ser implacable.
La actualización del mapa del INPRES funciona, entonces, como un llamado a la clase política y al sector de la construcción privada. Ante una realidad geológica innegable, la planificación urbana de La Rioja debe integrar el riesgo sísmico no como una variable secundaria, sino como la base de cualquier proyecto de desarrollo. La seguridad de la provincia depende de que las políticas de prevención dejen de ser una respuesta reactiva tras la emergencia y se conviertan en una política de Estado permanente.
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