Cada 31 de diciembre, cuando el Tinkunaco vuelve a reunir a la comunidad riojana en un gesto de encuentro y reconciliación, hay una presencia que le da espesor histórico y espiritual a la ceremonia: los Allis.
Su paso, sus cantos y su rol de custodia convierten al ritual en algo más que una tradición religiosa: lo anclan en la identidad profunda del pueblo riojano.
Quiénes son los Allis
Los Allis —también mencionados como aillis— son la cofradía que acompaña y protege al Niño Jesús Alcalde, figura central del Tinkunaco.
Dentro de la escenificación ritual, representan al pueblo originario, retomando la memoria indígena que forma parte del nacimiento mismo de La Rioja.
Se organizan bajo la conducción simbólica del Inca, autoridad de la cofradía, y participan de manera activa en cada uno de los momentos centrales de la festividad, desde las procesiones hasta los cantos y saludos protocolares.
El origen del nombre
Según la tradición oral y estudios históricos, el término allis tendría raíz quichua, y se lo vincula a ideas como triunfo, victoria o logro. No se trata de una victoria bélica, sino del triunfo del encuentro, de la convivencia y de la paz, valores que el Tinkunaco resignifica año tras año.
Su rol en el Tinkunaco
La presencia de los Allis no es ornamental ni secundaria. Cumplen funciones precisas y cargadas de sentido:
- Escoltan al Niño Jesús Alcalde desde el Convento de San Francisco, acompañándolo hasta el momento del “topamiento”, el encuentro central del mediodía del 31 de diciembre.
- Custodian simbólicamente la autoridad del Niño, que en el ritual es reconocido como único “Alcalde”, gesto que sella el compromiso de paz y unidad.
- Entonan cantos tradicionales propios del Tinkunaco, transmitidos de generación en generación, que refuerzan el clima de solemnidad y pertenencia.
- Representan la raíz indígena dentro del relato fundacional del Tinkunaco, dialogando simbólicamente con la otra cofradía que acompaña a San Nicolás.
Vestimenta y símbolos
La indumentaria de los Allis también habla. Vinchas, cintas, espejos y otros elementos rituales forman parte de un lenguaje simbólico que remite a la cosmovisión andina y a la espiritualidad popular. Nada está puesto al azar: cada objeto refuerza la idea de custodia, identidad y continuidad histórica.
Lejos de ser una postal del pasado, los Allis son una tradición viva, sostenida por familias y promesantes que renuevan año tras año su compromiso con el Tinkunaco. Su presencia recuerda que el encuentro que se celebra no es solo religioso ni histórico: es profundamente comunitario.
En tiempos donde el diálogo y la convivencia vuelven a ser desafíos cotidianos, los Allis siguen recordando, con su paso silencioso y firme, que el corazón del Tinkunaco late en la idea de encontrarse sin imponerse.
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