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Sociedad DIÓCESIS

Brindan herramientas en la protección de derechos

Habrá un protocolo para promover ambientes seguros para niños y adolescentes.

La Comisión Diocesana para la Protección de Niños, Niñas, Adolescentes y Ambientes Sanos participó de un taller de formación titulado “Comunicar para Proteger”, dictado por la Lic. Elisa de la Puente. La jornada, realizada en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, contó además con la presencia de Mons. Dante Braida y de los miembros de la comisión.

El encuentro marcó el primer paso hacia la elaboración de un Protocolo de Ambientes Sanos y Seguros, cuyo objetivo será brindar criterios y herramientas a agentes pastorales, catequistas, familias y a toda la comunidad eclesial. La iniciativa busca fortalecer una red comprometida con la protección y el acompañamiento de niños, niñas y adolescentes, promoviendo entornos confiables donde cada persona pueda desarrollarse con seguridad y plenitud.

Durante el taller. Se trabajó sobre buenas prácticas, estrategias de prevención y la importancia de construir espacios de participación y escucha activa.
Durante el taller. Se trabajó sobre buenas prácticas, estrategias de prevención y la importancia de construir espacios de participación y escucha activa.

Durante el taller se trabajó sobre buenas prácticas, estrategias de prevención y la importancia de construir espacios de participación y escucha activa.

En esta línea, la diócesis —a través de la comisión— se propone profundizar y difundir el trabajo que viene realizando para promover ambientes saludables y protectores, que acompañen el crecimiento integral de niñas, niños y adolescentes, garantizando que encuentren en la comunidad un sostén para transitar sus etapas con seguridad y confianza.

“En mi tarea cotidiana como Acompañante Terapéutica, me invita a dar gracias a Dios en aquellos momentos en dónde logro un avance significativo en el abordaje. El impacto positivo en la vida de la persona con discapacidad que acompaño y a su familia. Ser AT me transformó en una persona empática, comprensible, tolerante, sensible, paciente. Las personas con discapacidad nos enseñan valiosas lecciones espirituales como la aceptación, la gratitud, la resiliencia. Mi fe es un apoyo constante y diario. Mis oraciones me ayudan mucho en algunas situaciones en dónde uno puede sentirse abatido. Cristo siempre presente como mi apoyo espiritual”, enfatizó Giselle, en tanto que Gabriela indicó: “Cada día, en medio de la rutina, hay pequeños gestos que me llevan a dar gracias a Dios: Cuando un niño que antes evitaba el contacto me busca con la mirada. Cuando un alumno que parecía distante se anima a intentar algo nuevo. Cuando una familia se siente acompañada y menos sola. Cuando un desafío que parecía imposible se vuelve un logro, aunque sea pequeño. Cuando una crisis puede ser calmada con un abrazo, un agarre de mano, una caricia. En esos momentos siento que Dios me permite ser instrumento de Su ternura, que me confía lo más valioso: la fragilidad y la grandeza de cada persona que acompaño”, agregó.

“Este trabajo me moldea. Me vuelve más paciente, más sensible, más humilde, más perceptible. Me enseña a ver a las personas como Dios las mira: con amor, sin apuros, sin exigir perfección. Como creyente, me invita a confiar más. A veces me faltan las respuestas, o me siento limitada. Ahí aparece la fe como un sostén: “Vos hacé tu parte, que lo demás lo hago Yo.” Siento que Jesús camina conmigo, que me recuerda que acompañar no es “resolver”, sino estar, sostener, escuchar y amar. Me enseñan el valor de lo simple como: La sinceridad de un abrazo auténtico. La alegría de un avance mínimo que para otros pasa desapercibido. La capacidad de vivir el presente sin máscaras, vivenciar las diferentes realidades”, detalló.

DIOCESIS PROTOCOLO DERECHOS NIÑOS ADOLESCENTES
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