La Experiencia Saladillo se constituye en una opción para no perderse en estas vacaciones. Se puede conectar con la naturaleza y aprender grandes historias que tiene este bendito territorio riojano. Está ubicado a pocos kilómetros del centro de la ciudad y abre sus puertas todos los días de 8.00 a 20.00. Hace unos 2.000 años, el territorio que se conoce como Saladillo, estaba habitado por familias amplias (clanes), que se asentaron en el lugar en forma permanente. Dispusieron de nuevas tecnologías como la cerámica, los textiles y el tallado en piedra que permitían sostener grupos sociales, aunque reducidos. No tenían jefes permanentes ni jerarquización social. Cada grupo estaba separado del otro por unos cientos de metros. Los viviendas (casas pozo) se encontraban sobre pequeñas lomadas, poco visibles, y la vida familiar se desarrollaba en el exterior.
La ubicación respondía a la disponibilidad de recursos, sobre todo del agua, lo que los hizo muy hábiles en tecnología hidráulica (canales, represas). Las zonas de cultivo se inundaban con las crecidas de los ríos que aportaban humedad, y se cultivaba principalmente maíz, tomate, maní, porotos y zapallo. Al pié de la sierra, en el llano, encontraban algarrobos y chañares, especies autóctonas de reconocido valor nutricional, y en las zonas altas abundaba la caza. Combinaban el modo de vida agrícola y pastoril con las prácticas de recolección.
En Saladillo vivieron casi un centenar de personas esclavizadas por el color de su piel, sometidos, considerados animales, sin ningún derecho, trabajando de sol a sol para producir riquezas para sus dueños.
La Quebrada está ubicada sobre la ladera oriental del cordón oriental del Velasco, a 20 km de la ciudad de La Rioja. Se trata de la primera casa que aparece con este estilo en La Rioja, que tiene sótano y estufa a leña, con techo plano en un sistema constructivo que se había inventado 20 años antes en Londres.
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