La Rioja es llamada tierra del Tinkunaco, lugar del encuentro. Hace 433 años que se celebra el encuentro entre españoles y diaguitas que cada 31 de diciembre se renueva y nos coloca a San Nicolás junto a todos los riojanos por igual a los pies de nuestro Alcalde, El Niño Jesús.
La historia dice que al poco tiempo de su arribo, el español se valió de sus armas y caballos e impuso sus leyes y costumbres, apropiándose de la tierra y también de la vida de sus habitantes de los pueblos originarios.
Esto ocasionó que el reclamo diaguita no se hiciera esperar. Fue así que, el Jueves Santo, 15 de abril de 1593, se concentraron en esta tierra, miles de lanzas furiosas, 45 caciques y un jefe.
Pero “antes que la sangre llegue al río”, el violín de Francisco Solano le puso música a la Buena Noticia del Evangelio, logrando que se bautizaran y convirtieran más de nueve mil naturales. Fue el milagro del santo franciscano español ocurrido en el lugar llamado Las Padercitas que se hoy encuentra en las afueras de la ciudad hacia el Oeste camino a La Quebrada.
Por ello, la celebración del Tinkunaco es una de las fiestas más caras al corazón, donde el pueblo pacificado renueva el encuentro fraterno entre el diaguita y el español, entre El Niño Alcalde y San Nicolás de Bari, vivido hace ya 433 años.
Historia
El 20 de mayo de 1591 su fundador, Don Juan Ramírez de Velasco, trazó la cuadrícula de la que llamó Ciudad de todos los Santos de la nueva Rioja para “cumplir con todos y haberlos tomado por intercesores y cumplir con mi patria”. Era oriundo de San Millán de la cogolla provincia de La Rioja, Castilla La Vieja. Ramírez de Velazco clavó el árbol de la Real justicia en lo que hoy se conoce como Plaza 25 de mayo sobre el costado este donde hoy está el Superior Tribunal de justicia y emplazó enfrente el Cabildo que se convirtió más tarde en casa de gobierno en 1937. En el sitio que ocupa la iglesia Catedral ordenó construir el templo principal bajo el patrocinio de San Pedro Mártir. Así, el escenario de la ceremonia del Tinkunaco es el mismo que el de la fundación de la ciudad.
Con el nombre diaguitas los españoles designaron a Los Serranos que encontraron en el actual noroeste argentino y también del lado chileno. Se calcula que habrían recorrido este territorio desde aproximadamente unos 10000 años antes de Cristo aprovechando los frutos que le ofrecían los árboles autóctonos y los animales. Poco a poco fueron perfeccionando el manejo de elementos y añadieron el cultivo de la Tierra los que los llevó a radicarse definitivamente. Según los datos de las crónicas españolas eran “gente gallarda y bien vestida así como son de mayor ánimo y valentía que los demás y con mayor entendimiento”. Por eso Ramírez de Velasco encontró buenas tierras e hizo que se regaran mediante acequias o canales construidas por el diaguita.
Aunque el idioma de los originarios se dejó de hablar hacia el 1800, quedaron entre nosotros algunos resabios, tal es el caso de Tinkunaco. Caballo tinkudo es el que por un defecto físico sus patas traseras se van encontrando pero golpeándose hasta el extremo de sangrar. Tinkar la bolita era un juego de la niñez que consiste en presionarla entre los dedos para que salga con fuerza y fuese a encontrarse con la de nuestro contrincante pero tratando de hacerle daño. Tinku en Bolivia es todavía una ceremonia en la que se encuentran los que habitan en la parte más elevada con los de la parte más baja para pelearse entre ellos. En todos los casos tinkunaco es encuentro pero con la connotación de golpe, sangre, presión y daño, pelea.
El evento histórico que originó el Tinkunaco riojano fue el alzamiento de los diaguitas en 1610 por el maestro Manuel Núñez. El jueves santo de 1593, a dos años de fundada la ciudad, se encontraba una multitud de gente con 45 caciques infieles con tropa y con jefe. Pedro Sotelo y Manuel Núñez con gran espanto no sabían qué hacer y dicho capitán ordenó que todos se armaran para lo que pudiera ocurrir. El padre Francisco Solano los arengó a todos y este testigo no sabe en qué legua porque todos, tantos españoles como indios, le entendían con grandes sentimientos y fervor y de inmediato los indios puestos de rodillas derramando lágrimas pedían a este padre el bautismo y entonces dicho padre los abrazaba besándolo en la señal de paz y pidió este testigo que hiciese la procesión Y como los indios vieran a los españoles azotándose, preguntaron al padre Solano qué señal o invención fuese aquello. Entonces el padre Solano con gran devoción y fervor les dijo que en una noche semejante de jueves Santo Nuestro Señor Dios fue flagelado por nuestros delitos y pecados. Terminada la predicación todos los indios con muchas lágrimas se desnudaron y muchos con cuerdas y con otras cosas que azotaban entonces el padre Solano los conducía y enseñaba y los retuvo a todos hasta que fueron bautizados cuyo número era de 9000 indios. No se menciona la causa qué motivo el alzamiento sin embargo la tradición oral dice que era el disgusto por los maltratos que recibían los diaguitas de parte de los españoles y el rechazo a la manera cómo eran gobernados y añade que se habían propuesto desviar el cauce del río para dejar sin agua a la ciudad y que apoyados por Fray Francisco Solano pusieron como condición de paz la destitución del alcalde y su reemplazo por el niño Dios. De allí el nombre Niño Alcalde.
El lugar de la parada militar habría sido en el que hoy se conoce con el nombre de las Padercitas deformación de la palabra pareditas. Allí los españoles habrían construido un fuerte cuyas ruinas están protegidas por un templete distante pocos kilómetros hacia el oeste de la ciudad. Lo aconsejaba la estrategia militar pues se encuentra precisamente en la puerta de la quebrada. Esto es entre el valle donde habían edificado la ciudad y el lugar donde habitaban Los Serranos o diaguitas. El artista plástico riojano Mario Asear construyó en 1993 un monumento que se aprecia en dicho lugar, tiene dos cuerpos separados uno mirando la ciudad y el otro mirando al cerro.
La ceremonia del Tinkunaco
Mediante una estructura teatral, en España habían comenzado a fijar en la mente del pueblo sencillo todo lo que habían significado los 800 años de dominación mora y su expulsión. Esta idea había sido trasladada América por los jesuitas. Y así las dos procesiones riojanas, una en torno a San Nicolás que representa a los españoles y la otra en torno al niño Jesús para representar a los diaguitas confluyen en el Tinkunaco.
Las 3 genuflexiones ante el niño alcalde replantearían todos los años el tema de la autoridad. El abrazo de paz que le siguen como aquel que les diera San Francisco indicaría la expectativa que el pueblo ponía en este nuevo esquema de gobierno.
La presencia del niño Dios es fácil de entender los jesuitas lo tienen entre las imágenes que acompañan la creación de su orden al estilo de San Francisco Solano que pertenece a la orden del creador de la devoción a Cristo como niño en el pesebre. San Nicolás de Bari comenzó a seguirse en Asia menor durante el siglo 4 y llevada por los navegantes por toda Europa se convirtió en Santa Claus abreviación de Santos Nikolaus. El primer templo cristiano en América fue levantado Bajo su patrocinio. Habría llegado a La Rioja como Santo particular de los Sotomayor una familia de notable influencia que acompañó al fundador Juan Ramírez de Velasco. En el siglo 16 la imagen del Niño comenzó a ser revestida con atributos propios de la autoridad temporal siendo la más conocida la del niño de Praga. La del niño alcalde de La Rioja según el registro más antiguo, fue heredada por José Toribio de Mercado, regidor del Cabildo hacia 1816, de su madre adoptiva Mariana Camaño. Lleva en su mano izquierda la barra o cetro del Rey mientras que la mano derecha tiene una actitud de bendecir, es una talla de madera de 37 cm de altura policromada en sus rostros y manos con bucles de cabello natural. Representa un niño de pocos años de pie con mejillas sonrojadas. Tiene colocado un gorro negro tipo falucho al estilo de los usados por los generales y almirantes del siglo 19, la casaca negra le llega hasta las rodillas a la usanza del siglo 18, del chaleco corto cuelga una cadena de oro que engancha un relicario y un reloj. La camisa blanca lleva gemelos de oro en sus dobles puños, al calzón corto siguen las medias a la altura de la rodilla. La capa de terciopelo negro bordada con hilos de oro y plata cae de sus hombros. Ciñe su cintura una faja amarilla con bordados y flecos dorados y zapatitos negros con hebilla completa en el atuendo. Los españoles aceptan al niño propuesto por los diaguitas como condición de paz pero revistiéndolo con los atributos propios de la autoridad española.
La imagen de San Nicolás era un solo tronco de madera de nogal de un metro y 44 cm de alto. Su considerable peso fue aliviado conservándose sólo la cabeza y las manos originales. Comenzó a obrar milagros y terminó siendo prácticamente la única para todos. La imagen blanca pasó a ocupar un lugar secundario en la Catedral.
Fuente: Diócesis de La Rioja
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