¿Puede algo tan simple como incorporar aceite de oliva a la dieta diaria tener un impacto real en la salud del cerebro? Según el médico Facundo Pereyra, la respuesta podría ser sí. A partir de un estudio de gran escala que analizó a 92.383 personas durante 28 años, se observó que quienes consumían al menos 7 gramos diarios, equivalente a media cucharada, presentaban un 28% menos de riesgo de morir por demencia. El dato no es menor: el efecto se mantuvo incluso al considerar factores como la dieta general, la genética y el estilo de vida.
Qué dice el estudio y por qué es relevante
El trabajo citado por Pereyra no es un análisis menor ni de corto plazo. Se trata de una investigación longitudinal que permite observar patrones a lo largo del tiempo en una gran población. Los resultados mostraron que el consumo habitual de aceite de oliva está asociado con una reducción significativa del riesgo de muerte por demencia.
Además, otro dato relevante es que pequeños cambios también pueden generar impacto: reemplazar apenas 5 gramos de alimentos como margarina o mayonesa por aceite de oliva se vinculó con una disminución del riesgo de entre el 8% y el 14%.
Cómo actúa el aceite de oliva en el cerebro
El potencial beneficio del aceite de oliva se explica por su composición. Es rico en grasas monoinsaturadas, polifenoles y vitamina E, compuestos que cumplen funciones clave en el organismo. Entre sus efectos más destacados, ayudan a proteger las neuronas del daño oxidativo, reducir la inflamación en el cerebro y mejorar la circulación sanguínea cerebral.
En su mensaje, Pereyra lo resume de forma directa: incorporar aceite de oliva todos los días y usarlo como reemplazo de otras grasas podría ser una estrategia simple pero efectiva. “Oliva siempre”, recomienda, sugiriendo sustituir manteca, margarina u otros aceites por esta opción más saludable.
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