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1591 Cultura + Espectáculos LEGADO HISTÓRICO

La fundación de la UNLP y el proyecto de Joaquín V. González

En 1905, Joaquín V. González transformó la Universidad de La Plata en un proyecto nacional: concebida como centro de ciencia, formación profesional y articulación del Estado, surgió como un experimento institucional pionero. Su legado combina estructuras académicas, museos y laboratorios con una visión de educación orientada al progreso del país, mientras anticipa tensiones que luego marcarían la reforma universitaria de 1918.

En agosto de 1905 comenzó a tomar forma, en papeles, convenios y discursos, una idea que cambiaría para siempre la fisonomía académica argentina: la nacionalización de la universidad instalada en la ciudad de La Plata y su transformación en una institución concebida para la ciencia, la formación profesional y la construcción del Estado moderno. Esa empresa no surgió por casualidad ni por modas intelectuales externas; tuvo rostro y voz propios: Joaquín Víctor González, ministro, pedagogo, político y -sobre todo- proyectista institucional. Fue él quien tomó la vieja estructura provincial y la imaginó como un instrumento público capaz de formar cuadros, producir ciencia y dar cohesión simbólica a una Nación que buscaba institucionalizarse.

La historia previa ayuda a entender la magnitud del cambio. La Plata ya contaba desde fines del siglo XIX con una universidad provincial, promovida por la iniciativa local y por la voluntad de Dardo Rocha y otros promotores fundacionales. Pero esa casa de estudios tenía límites de alcance y recursos. En ese contexto, la idea -defendida por González desde su puesto en el ministerio- fue convertir lo provincial en nacional: tomar lo construido, reforzarlo y dotarlo de una estructura científica, orgánica y administrativa coherente con los desafíos del país. El camino administrativo y jurídico elegido fue el de un convenio entre la Nación y la Provincia que, luego, se transformaría en ley nacional.

El proceso formal tuvo pasos concretos y datados. El 12 de agosto de 1905 se firmó entre el gobierno nacional y el gobierno bonaerense el convenio que proponía la creación de la Universidad Nacional de La Plata; ese convenio fue elevado y sancionado por las cámaras nacionales en septiembre, y promulgado por el Poder Ejecutivo el 25 de septiembre de 1905. La norma que consolidó la nacionalización -la conocida Ley-Convenio- establecía la cesión de bienes, sedes y recursos de la provincia a la Nación para crear una universidad nacional con estatutos propios. Esas decisiones no fueron neutralidad técnica: implicaron una voluntad política de centralizar recursos docentes y de proyectar una universidad con alcance nacional.

González, entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública, fue el artífice intelectual y el gestor político: en febrero de 1905 había enviado al gobernador de la provincia una Memoria en la que analizaba las ventajas y modalidades de una universidad nacional en La Plata, y a partir de allí articuló el convenio con la administración provincial. La iniciativa fue coherente con su mirada: una universidad “moderna” debía ser científica, organizada y orientada a formar profesionales capaces de sostener la maquinaria estatal y el progreso técnico del país. En la práctica, eso significó impulsar facultades con equipos, museos, observatorios y laboratorios, y contratar especialistas extranjeros cuando era necesario para poner a la casa en pie de igualdad con centros académicos extranjeros.

EXPANSIÓN Y DEFINICIÓN INSTITUCIONAL

El 17 de marzo de 1906 Joaquín V. González asumió formalmente como primer Presidente (cargo que luego equivaldría al de rector) de la Universidad Nacional de La Plata. Su presidencia se extendió en cuatro períodos hasta 1918 y marcó una era de expansión y definición institucional: se consolidaron facultades, se compraron equipamientos científicos, se contrataron profesores extranjeros (en especial para áreas de ciencias naturales y exactas) y se creó una trama administrativa y estatutaria que, en buena medida, modeló la identidad académica de la institución. Bajo su conducción la UNLP dejó de ser solo una suma de escuelas y se transformó en un centro integrado de enseñanza, investigación y servicios culturales.

La visión de González sobre la universidad fue nítida y, a la vez, polémica. Para él la universidad debía ser un instrumento del Estado: formadora de cuadros técnicos y sujetos profesionales que serían necesarios para gobernar la República. Lo técnico, la disciplina científica y la organización estudiantil fueron prioritarias; la universidad debía producir conocimiento útil, consolidar la educación superior y servir para articular la diversidad regional en un proyecto nacional. Esa concepción favoreció el fortalecimiento de las ciencias experimentales, los museos, los institutos y los laboratorios, pero también implicó una idea de selección y jerarquía en la formación de elites administrativas y técnicas.

En términos concretos, la obra institucional de González incluyó decisiones que todavía pueden observarse en la traza física y simbólica de la UNLP: la incorporación y puesta en valor de edificios como la sede del Banco Hipotecario (hoy Rectorado), la construcción de colecciones científicas y museológicas, la organización de planes de estudio por disciplinas y la contratación de especialistas internacionales (práctica corriente en aquella época para acelerar la transferencia tecnológica y científica). Todo ello tenía, además, una finalidad pública: transformar a la universidad en una usina de formación para el Estado y la economía nacional. La salida de González de la presidencia-rectorado de la UNLP se produjo en 1918. Su despedida dio paso a una universidad que debía reinventar sus formas de gobierno a partir de las demandas reformistas: más participación, mayor autonomía y una nueva relación entre docencia, estudiantes y Estado. No obstante, la impronta organizativa y material de González (museos, laboratorios, estructura facultativa) continuó siendo base de la universidad renovada; la reforma no borró la universidad que había sido puesta en pie, sino que la reconfiguró políticamente.

La huella de González en la UNLP es material e intangible. Material porque la impronta de su presidencia puede rastrearse en edificios, colecciones y estructuras académicas. Intangible porque su idea de universidad como institución pública, científica y organizada configuró una manera de entender la educación superior que permeó la cultura universitaria argentina del siglo XX. La nacionalización de 1905 y la presidencia de González (1906–1918) constituyen, por tanto, un capítulo fundacional: un experimento colectivo donde la pedagogía, la política y la ciencia se entrelazaron para intentar responder a la pregunta por la forma que debía tomar una universidad civilizadora en una nación en construcción.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA UNLP JOAQUIN V GONZALEZ LEGADO
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