Por Liliana Noemí Cevallos
FÚTBOL
No se detiene nada. Nunca nada se detiene. Tan solo que parece. Eso, apariencia, nada más.
Mimetizados.
Atrapados por ese cuadrado en el que prevalece el verde y esas figuras que se mueven.
Quisiéramos, se me ocurre, que fuese un metegol. Entonces se desarmarían nuestros brazos manipulando “muñequitos jugadores”. Ensartaríamos la pelota en el arco contrario un montón de veces.
La gloria tiene amagues, gambetas, codazos.
De fondo escuchamos conjeturas, reducir un juego en un solo nombre como si uno solo fuese suficiente para alcanzar logros colectivos.
Gritos que ascienden, descienden desde los cuerpos que se mueven como olas según la proximidad o la lejanía de alcanzar la meta.
Y el blanco y el celeste hoy, justo hoy, nos une más que nunca.
¡Un penal! ¡Un penal! El alma siguiendo esa decisión.
¡No! No es penal.
40:22 del primer tiempo. Treinta de noviembre del dos mil veintidós. Camisetas blancas, pantalones rojos, ellos, y nosotros casacas violetas como así también los pantalones y las medias.
“Nosotros”. Porque todos estamos con la misma camiseta y todos corremos sobre ese césped y estamos adentro de ese cuadrado.
¡Goool! ¡Argentina! ¡Argentinos! Empezamos a soñar sueños de pelota.
En la tribuna una bandera y el Diego que se mueve mientras muchas manos zarandean la bandera en la que está retratado.
¡Fideo! ¡Fideo!
Metía Enzo –dice el periodista y repite: “Argentina 1. Polonia 0”.
¡Goool! El segundo.
El periodista dice: Argentina está mostrando todo su menú”. ¿Referencia a majar?
Aquí nos olvidamos de lo que está mal, si algo está mal, y nosotros, digo, esperamos el gol de Messi.
Y somos Argentina detrás de una pelota.
¡Polonia está noqueada! –dice el relator. Mezcla de pasiones –digo. Y me viene la imagen de Carlos Monzón desde ese televisor pequeñito en la Casa Número 13 del Barrio Aeroclub.
Ya casi se va el partido.
¡Messi! ¡No! ¡No!
¡Goool! ¡Argentina!
Saltamos desde los asientos y un grito mueve la tarde caliente.
¡Goool! ¡Argentina! Y entramos a los octavos de la final de la Copa del Mundo.
Estamos en carrera.
Nunca perdemos la fe.
Un partido de fútbol y nos conectamos desde adentro y hacia todos lados e incluso volvemos a los mundiales que hemos visto desde cuando empezamos a ver mundiales.
Mientras dure la fiesta, ilusión, sueño nos olvidamos que algunas cosas afuera no están tan bien.
FUERA DEL JUEGO
Fuera del juego cuando no encuentres en el fondo fondo de tu monedero ni un mendrugo de monedas.
Monedas no… ya no… ni en el cuenco infantil tienen cabida
y no hay dulce que las alcance.
Fuera del juego cuando caminas buscando el pan que casi no llega.
Todo es de unos pocos.
Todo para unos pocos.
Que no te venden los ojos.
Que no cubran tus oídos.
Que no le roben los sueños a los que aún sueñan.
Ojalá que no nos prendamos al juego.
Ojalá conservemos la cordura.
Ojalá no nos dejen fuera del juego.
DE PIE
Y caigo.
Sí, caigo.
Desnuda por dentro,
me han vedado los sueños.
El aire exhala cadenas
y me aturde el moho derrumbándose desde las paredes.
Es mi cautiverio último.
Afuera luz y pañuelos.
Pareciese inhabitable el espacio de la ternura
y los lugares del cuerpo
en donde estallan revoluciones y cicatrices que ha de registrar a su modo
la prensa y sus colores,
los micrófonos amigos y los otros,
los artistas
y la historia narrada a dos caras o más.
Sé que estará mi nombre más otros nombres
en las páginas blancas.
Y caigo.
Si caigo
con el vientre hurtado.
Vacía de los rincones de mi patio
y de las calles del barrio
y de los brazos ahora huérfanos de mí.
Alguien repetirá cien veces la ceremonia del pan.
Pan y palabra para dos hambres.
Como recién amanecida la memoria del pueblo
se ha lavado la cara.
Y los campanarios desatan palomas.
Y los mástiles desatan banderas.
Y el pueblo desata verdades.
Y ya no caigo.
No caigo.
LA AUTORA
Liliana Noemí Cevallos es docente y escritora radicada en Chepes, en el sur de La Rioja. Profesora de Enseñanza Primaria y profesora en Letras, dedicó más de tres décadas a la educación, desempeñándose como maestra, profesora y directora en distintas instituciones del departamento Rosario Vera Peñaloza. Su trayectoria educativa fue reconocida por el Ministerio de Educación de La Rioja por su destacado desempeño académico. En paralelo a la docencia, desarrolló una intensa actividad literaria vinculada a la poesía y la narrativa. En 2021 publicó “Viajes”, su primer libro, una obra atravesada por la memoria, los afectos y las experiencias cotidianas. También participó en espacios culturales y antologías provinciales, donde su escritura fue reconocida por su sensibilidad y su mirada profundamente humana. La obra y el recorrido de Liliana “Mimí” Cevallos reflejan el vínculo entre educación, cultura y territorio, consolidándola como una voz ligada a la vida cultural del interior riojano.
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