Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido

Click aquí para activar las notificaciones y recibir las noticias directamente en su escritorio.

1591 Cultura + Espectáculos PALABRAS SIN TIEMP

Pedro Bazán hoy está aquí

Un recorrido por la historia profunda de La Rioja -marcada por el aislamiento, las luchas federales y el olvido persistente- sirve de punto de partida para rescatar la figura de Pedro Bazán: ingeniero, escritor y testigo privilegiado de las tradiciones y conflictos que forjaron la identidad provincial. A través de su obra, emerge no solo el retrato de una época convulsionada, sino también la necesidad de recuperar voces y relatos que el tiempo y la historia oficial relegaron al silencio.
Alicia Corominas

Por Alicia Corominas

Mi empeño en salvaguardar la base constitutiva de la cultura de La Rioja es una tarea ardua pero significativa, porque La Rioja ha sido desatendida, injustamente descuidada y hasta olvidada por muchos, siempre. Y digo siempre, porque históricamente, desde tiempos de la colonia, la vemos ubicada lejos de las vías de comunicación, lo cual le imponía cierto aislamiento. Esta situación dificultaba la comercialización e intercambio de los productos artesanales elaborados por los diversos pueblos, con el consiguiente estancamiento económico, una de las causas que impedían a la población de estos territorios acceder a condiciones más igualitarias de existencia, en el concierto virreinal.

Desde que pertenecíamos al Virreinato del Perú, el Camino Real era la ruta que unía el puerto de Buenos Aires con Lima. Pasaba por Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy, ingresaba al Alto Perú en la actual Bolivia y continuaba en territorio peruano. Vemos pues que La Rioja quedaba al margen de toda vinculación directa para comercializar sus productos. Desde 1776 pasamos a integrar el Virreinato del Río de la Plata. Trasladar la producción hasta el puerto de Buenos Aires, la principal salida y entrada de mercancías en este Virreinato, resultaba para La Rioja igualmente dificultosa, por los caminos intransitables y peligrosos que había que recorrer en carretas. Ésta era una realidad compartida con Catamarca.

En el siglo XIX, se sucedieron las guerras por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y luego, las luchas intestinas entre unitarios y federales. Fue La Rioja, acaudillada sucesivamente por Juan Facundo Quiroga, El Chacho Peñaloza y Felipe Varela, la provincia que encabezó la oposición al gobierno centralista porteño, y si bien se logró incorporar el principio del federalismo en nuestra Constitución Nacional de 1853, lejos estamos todavía de su legítima aplicación en la vida sociopolítica y económica del país. La Rioja sigue exigiendo el reconocimiento de sus justos y legales reclamos. Quizás sea la noción de esta dura realidad histórica lo que moviliza mi empeño en rescatar personalidades que forjaron la cultura provincial y trascendieron los límites del territorio local. Los riojanos necesitamos reconocer la valía de muchos hombres y mujeres que merecen ser rescatados del silenciamiento y la indiferencia impuestos por intereses políticos, en algunas épocas, y por el tiempo.

Hoy traemos, desde el siglo pasado, al riojano Pedro Bazán, el último hijo varón, en el tiempo que le tocó vivir, de una familia tradicional de La Rioja. Descendía en línea directa, del general Don Juan Gregorio Bazán de Pedraza, primo hermano del fundador de la “Ciudad Madre de Ciudades”, Santiago del Estero. Me refiero al conquistador español Francisco de Aguirre quien trasladó la originaria ciudad de El Barco, levantada por Juan Núñez del Prado en 1550, en una zona inapropiada y permanentemente atacada por los pueblos originarios que la rodeaban, razón por la cual su fundador tuvo que trasladarla dos veces, en 1551 y 1552. Francisco de Aguirre puso fin a este conflicto trasladándola definitivamente, por tercera vez, el 25 de julio de 1553 y cambiándole el nombre por el de Santiago del Estero de la Nueva Maestranza, hoy Santiago del Estero.

Pedro Bazán, por lo tanto, pertenecía a una familia considerada ilustre en esos tiempos, por sus ancestros fundacionales. Nació en la ciudad de La Rioja donde realizó sus primeros estudios. Se graduó de ingeniero a los 21 años en la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Regresó a La Rioja y se desempeñó como docente de nivel secundario en la Escuela Normal “Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros” y en el Colegio Nacional “Joaquín V. González”. Desarrolló eficazmente su profesión de ingeniero en la repartición que más tarde se transformaría en Vialidad Nacional. El ingeniero Pedro Bazán era quien se encargaba de la construcción de obras viales y sanitarias, hasta 1910 en que fue designado en la jefatura de Catamarca. Siete años después fue ascendido al cargo de director general de la repartición, por el Superior Gobierno Federal, hasta 1924 cuando pasó a integrar el Directorio de Obras de Salubridad. En todos los cargos que desempeñó hasta jubilarse, se destacó por su responsabilidad y eficiencia.

En paralelo a su actividad profesional, Pedro Bazán fue un distinguido escritor, corresponsal de los diarios más difundidos en el país, La Prensa y La Nación. En La Prensa funcionaba el conocido Instituto Popular donde dictó numerosas conferencias; igualmente disertó en diversos centros culturales y científicos del país. Pero su tarea no acaba ahí: publicó importantes obras sobre toponimia, filología o lingüística, novelas históricas, etc., con muy buena crítica en el país y el extranjero, entre las cuales destaco: “El Fomento Económico de La Rioja”, “Pitágoras”, “El País de Con (región andina): cumbre de la argentinidad” y “Severa Villafañe. El trágico idilio de una pasión perversa de Juan Facundo Quiroga”, entre otras. Por su trascendencia voy a referirme a esta última obra, publicada en 1944 por la conocida Editorial Claridad, de Buenos Aires. Al autor le tocaba de cerca la historia de Severa Villafañe pues en ella estuvieron involucrados miembros de su familia y, por lo tanto, Bazán accedió a la narración oral, transmitida de una a otra generación.

Vale destacar un hecho que sucedió después del asesinato de Facundo Quiroga en Barranca Yaco. Cuenta Bazán que corría el año 1838 y gobernaba La Rioja el Zarco Brizuela, “digno heredero de la funesta influencia de Quiroga”, como lo expresa este autor. Don José del Moral, primo de Severa Villafañe, viajaba a Tucumán con sus dos concuñados, Jacinto Rincón y Pedro Bazán, para pedir ayuda al general Alejandro de Heredia con la finalidad de derrocar al Zarco Brizuela, pero fueron sorprendidos y asesinados a lanzazos por sicarios de Fernando Villafañe “que quería congraciarse con el nuevo caudillo”. Los asesinados dejaban, el mismo día, tres hermanas viudas. Una de ellas, María Herrera de Bazán, fue la abuela paterna del autor de este libro en el que vibran las pasiones, los enfrentamientos y el temor de los protagonistas que sufrían los daños de la violencia y la malignidad, instaladas en ese momento histórico del siglo XIX.

La obra consta de ocho capítulos: La Vida Azarosa, Bajo la férula del Caudillo, Antes de La Tablada, El Éxodo, Entre La Tablada y Oncativo, Después de Oncativo, Sangre y Lágrimas, Bajo el Amparo de la Virgen. Concluye con un Epílogo y Notas. De solo leer los títulos observamos que la historia de Severa Villafañe está ligada a la de Facundo Quiroga pues de ella es muy poco lo que se sabe a ciencia cierta. La lectura de este libro es amena y nos traslada a ese tiempo provinciano, describiendo con minuciosidad el paisaje de Cochangasta, La Quebrada, cuando aún no existía el dique de Los Sauces, y las sendas estrechas e irregulares que se abrían para atravesar las montañas y llegar a los pueblos del interior de la provincia, como Sanagasta, Huaco y Aminga, la tierra de los Villafañe, por nombrar solamente las localidades más próximas a la ciudad de La Rioja. En las escenas donde dialoga la patrona, doña Mariana Gómez del Moral, con sus humildes y leales medieros y esclavos, se muestra el lenguaje popular, mezcla de la deformación del español con algunos términos de las lenguas indígenas que aún se conservaban.

En el capítulo El Éxodo se describe el viaje que realizó la familia de Severita, a lomo de mulas, en 1829, después de la derrota que sufrieron las huestes de Facundo en La Tablada. Bazán narra con intensidad, las peripecias que vivieron las tres hermanas Villafañe: Manuela y las gemelas Máxima y Severa, con su tía materna, doña Mariana Gómez del Moral quien las crió desde pequeñas, cuando quedaron huérfanas. Huían por el temor a Facundo Quiroga quien ordenó el despoblamiento de la ciudad de La Rioja para proteger a las familias de la segura invasión del ejército del coronel unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid que avanzaba desde Tucumán.

Son numerosas las situaciones bélicas que se suceden y el temor a Facundo Quiroga que sentía gran parte de la población y particularmente la joven Severa y su familia. Al respecto, cuenta Pedro Bazán que Severita era hermosa y Facundo estaba apasionadamente atraído por su belleza. Así la describe: “Severita, la verdadera protagonista de nuestra historia era un primor. Alegre como una alondra, siempre sonreía. Se desprendía de ella algo como un perfume de los campos, una alegre y tibia irradiación de primavera. Tenía ojazos negros, de largas pestañas, y una boquita de grana que tentaba al beso. Era apetitosa como un plato de fresas maduras recién cortadas. ¡Con razón Facundo Quiroga la miraba relamiéndose, como gato que desea saciar sus hambres atrasadas con el inocente pajarillo, que ignora el peligro que lo amenaza!” Ella, según cuenta Pedro Bazán, vivía aterrada desde que Quiroga ordenó la ejecución de su tío paterno Inocencio del Moral y sus dos hijos, Juan Pablo de 24 años y Ramoncito de sólo 20 años, quien estaba enamorado ardientemente de su prima Severita, y ella correspondía ese amor.

En el desarrollo de la historia, Bazán muestra las costumbres de las familias ancestrales, sus creencias religiosas y las relaciones sociales fundadas en el respeto y la solidaridad ante las frecuentes penurias. Bazán nos traslada a La Rioja sufriente y nos hace vivir la miseria que llegó con los males de la época: epidemias, ausencia de médicos, los temores que atormentaban a todos por igual ante las acechanzas de frecuentes invasiones a la ciudad, la inestabilidad política, el escaso número de hombres en la población por haber sido convocados para la guerra y, frecuentemente, caídos en combate. Todo se conjugaba para la pobreza que sobrevino y se instaló en La Rioja.

Juan Facundo Quiroga desempeñaba el cargo de jefe de milicias y a pesar de su valioso aporte en defensa de la provincia, no aceptaba ocupar el gobierno, pero lo ejercía e imponía a los gobernadores de turno. Las familias más empoderadas debían aportar sumas considerables para las vituallas del ejército que comandaba; eludir el mandato significaba la muerte. Estas y muchas más, fueron las condiciones de vida en el acontecer de esta ciudad, en el siglo XIX.

En el capítulo Bajo la Férula del Caudillo el autor centra su historia en Facundo y así lo describe: “Quiroga era de estatura mediana, ancho de espaldas y de poderosa musculatura, capaz de sostener un muro sin doblegarse; tenía manos grandes, huesosas y velludas que, con la misma facilidad podían esgrimir una lanza o sacudir una viga como un junco (…). De ágiles, pero serenos movimientos, cuando permanecía de pie y cruzaba sus brazos sobre el pecho, semejaba un vigoroso algarrobo (…). Su rostro tostado por el sol de Los Llanos estaba circundado por una abundante cabellera negra y ensortijada que se prolongaba en barba sobre sus mejillas para formar un bigote fino y sedoso, dejando en descubierto su garganta y su mentón (…). Si a esto agregamos unos ojos negros que, sin ser grandes podían pasar por tonalidades indefinidas, hasta tomar las de un gris de acero; una nariz común, tendiendo a ser aguileña y pequeñas orejas como las de un gato montés, que resaltaban sobre sus ensortijados cabellos, tendréis el tipo completo de nuestro protagonista.” El autor habla también de su seriedad. Expresa que era lacónico con su interlocutor y cuando fijaba la vista sus ojos se transformaban en dos puñales que herían para arrancar hasta el último secreto. Generalmente se mantenía mudo y escuchaba, pero cuando se enfurecía “sus ojos se llenaban de puntos luminosos y fosforescentes, como los de un tigre en acecho (…) para petrificar de miedo a su enemigo…”. Y termina la descripción diciendo: “Tal fue el hombre cuya lascivia lo llevó a atentar contra la virtud de una púdica joven que tuvo que andarle huyendo toda la vida, para no verse pulverizada por su garra…”

A pesar de que el mismo autor resalta que la protagonista de esta historia es la joven Severa Villafañe, vemos que para hablar de ella es necesario relacionar su corta vida con la de Facundo Quiroga, el otro protagonista. Resulta sorprendente la escasa información que siempre se brindó sobre Severa, pero esto se explica si nos ubicamos en la época, donde poco o nada se hablaba sobre las mujeres y, en este caso más aún, cuando la finalidad del escritor rondaba en el desprestigio o, por el contrario, se pretendía elogiar a Facundo.

Severita Villafañe del Moral era una niña sencilla y alegre; luego una joven bella, respetuosa de las costumbres ancestrales, en una familia muy religiosa y apegada a las formalidades y tradiciones. Mucho de lo que se dijo y se repite de ella es el eco de lo que escribió Sarmiento en su “Facundo o Civilización y barbarie” (1845), diez años después del asesinato a Facundo. Pedro Bazán, escribió la historia novelada de Severa y se fundamentó en las versiones familiares que se iniciaron y corrieron de boca en boca desde que enviudó su abuela paterna, María Herrera de Bazán, una de las tres hermanas que enviudaron el mismo día por el asesinato de sus esposos, como vimos, y a quienes les tocó vivir muchos males, terror y dolorosa resignación.

En las extensas e interesantes Notas de su libro figuran las fuentes consultadas por Pedro Bazán, desde el Archivo General de Indias. Sevilla, más las obras de autores como Antonio Zinny y su Historia de los Gobernadores de Provincias Argentinas, el Bosquejo Histórico de la Provincia de La Rioja de Marcelino Reyes, obras de carácter geográfico e histórico del misionero jesuita Pedro Lozano, Memorias del General Paz, Memorias del General Lamadrid, La Miseria de La Rioja de Adolfo Pizarro y Fechas Catamarqueñas de Manuel Soria, cuya mención es una invitación para los investigadores de la historia de La Rioja. Lo es también el libro que estamos comentando “Severa Villafañe. El trágico idilio de una pasión perversa de Juan Facundo Quiroga” que rescatamos del olvido y cuya lectura nos traslada a una época trascendental de nuestra historia.

El ingeniero Pedro Bazán hoy está aquí para hacernos escuchar su voz como historiador de estos hechos del pasado, que él conoció de cerca.

LA AUTORA

Alicia Corominas nació en La Rioja. Su campo de acción abarca la educación, el arte y la investigación. Escribió artículos y documentos publicados en diarios provinciales y en la “Revista Latinoamericana de Innovaciones Educativas”. Elaboró el proyecto “La integración de las áreas disciplinares en la escuela primaria. Núcleo generador de aprendizaje el cólera. Uso del diario como recurso educativo”, seleccionado por el Ministerio de Cultura y Educación de la República Argentina y publicado en la «Revista Latinoamericana de Innovaciones Educativas”, Año IV, N° 9, de la O.E.A. (1992). Integró la comisión de elaboración, producción, diseño y evaluación de la obra “Enseñar a pensar modos de conservar produciendo”, (6 tomos) destinados a capacitación docente. Publicó los poemarios: “Como el ave”, “Lágrimas celestes”, “Tres indecisas lágrimas”, “Gota a gota” (poemas y textos breves) y “Así te nombro, mi Rioja” (poemas históricos y microrrelatos). Antologías. “El amor de los riojanos”, “voces con alas”, “Antología federal de poesía. Región noroeste”, Consejo Federal de Inversiones (CFI; “Tu” tercera antología poética del tercer concurso internacional de poesía. Madrid, España. Antologías “Los imagineros”I, II y III. Publicaciones en revistas y libro digital proyecto BCR, “100 poetas por la paz”, entre otros. Publicó las obras de investigación histórica “Técnicas artesanales. Conservación y desarrollo en La Rioja”. Investigación sobre artesanías tradicionales de la provincia. “Desandando La Rioja” (2 ediciones). Investigación interdisciplinaria sobre las culturas prehispánicas que ocuparon el actual territorio de la provincia. “Severa Villafañe. Una historia inconclusa” (dos ediciones) investigación histórica sobre una mujer riojana. “Persistente esclavitud. Formas actuales de discriminación y sometimiento”.

PEDRO BAZAN ALICIA COROMINAS HISTORIA Palabras TIEMPO
Seguí a Nueva Rioja en google news

Comentarios

Últimas noticias

Te puede interesar

Teclas de acceso